La administración estadounidense anunció una guía migratoria que obliga a los
inmigrantes a tramitar la residencia permanente desde
sus países de origen, frenando los ajustes de estatus internos. Esta medida, que otorga mayor discrecionalidad a los oficiales y enfrentará impugnaciones judiciales, se suma a
una política de tolerancia cero en un servicio que acumula más de
11 millones de expedientes y donde las esperas
para peticiones familiares ya
superan los cinco años.