El mundo del automovilismo y el ámbito religioso se cruzaron de forma inédita tras revelarse que la fiebre por el
Ferrari Luce, el primer superdeportivo 100% eléctrico de la legendaria firma, llegó hasta las manos del
Papa León XIV. Durante una audiencia privada con la alta directiva del fabricante italiano, el Sumo Pontífice rompió los esquemas tradicionales al decidir sentarse personalmente al volante del vehículo.