Aunque las cifras oficiales del Gobierno muestran una inflación a la baja, el estadounidense de a pie sigue sufriendo por los
altos costos de vivienda y seguros. El analista Luis Gómez explica por qué el
impacto positivo en el bolsillo familiar tarda en llegar y estima que será hasta el
inicio del verano cuando se perciba un aumento real en el poder adquisitivo, mientras el sector inmobiliario y los servicios de salud sigan presionando las finanzas domésticas.
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