El precio de la guerra en Irán: ahora las familias iraníes tienen dificultades para costear lo básico mientras el conflicto con EEUU continúa

A casi seis meses del inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel, la economía iraní está recibiendo un duro golpe bajo la fuerza de las sanciones y un bloqueo naval que le dificulta enormemente exportar petróleo, su producto más valioso. Se espera que, gracias a la guerra, la inflación en Irán aumente cerca de un 70% y su economía se contraiga en un 5%.

Video ¿Qué tanto puede impactar a Irán la estrategia de EEUU sobre más presiones económicas? Análisis

Las tiendas de comestibles de Teherán están bien abastecidas, pero muchas familias apenas pueden pagar los productos básicos. El desempleo se está disparando y quienes tienen trabajo laboran más horas por un dinero que vale la mitad que hace un año, lo que deja los alimentos, las medicinas y todo lo demás —a excepción de la gasolina, fuertemente subsidiada— cada vez más fuera de su alcance.

«Prácticamente hemos renunciado a muchas cosas», dijo Ahmad Karimi, de 52 años, un taxista y padre de dos hijos que ha estado trabajando jornadas de 15 horas para llegar a fin de mes. «Estamos suprimiendo la fruta, estamos suprimiendo la proteína, hemos renunciado al ocio, incluso trabajamos los fines de semana».

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A casi seis meses del inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel, la economía iraní está recibiendo un duro golpe bajo la fuerza de las sanciones y un bloqueo naval que le dificulta enormemente exportar petróleo, su producto más valioso.

Queda por ver si esta creciente presión económica se traducirá pronto en concesiones militares o políticas por parte de Irán, pero algunos expertos se muestran escépticos. Desde que comenzó la guerra, Irán ha estado atacando a países vecinos ricos en petróleo y bases estadounidenses en la región, además de perturbar la navegación en el estrecho de Ormuz, su mayor ventaja estratégica.

Irán intenta utilizar esta presión de represalia —que está elevando los precios de la energía a nivel mundial— para poner fin a la guerra en las mejores condiciones posibles. Exige el levantamiento de las sanciones y busca el control suficiente sobre el estrecho para cobrar peajes a los buques que transitan por allí transportando energía y otras mercancías.

El gobierno de Trump —atrapado en una disputa por una vía marítima en una guerra iniciada para frenar el programa nuclear iraní— promete ahora imponer sanciones aún más severas para obligar a la República Islámica a someterse. Sin embargo, los analistas señalan que el presidente estadounidense Donald Trump podría estar subestimando el tiempo que Irán puede resistir.

Irán ha estado sujeto a sanciones occidentales durante años y se ha vuelto hábil para eludirlas en parte. Ha expandido la producción nacional, utilizado redes comerciales informales a través de las fronteras, adquirido bienes restringidos mediante terceros países y empleado una flota fantasma para transportar su petróleo.

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«La capacidad de resistencia de Irán no solo evita el colapso, sino que también impide que el dolor económico se traduzca en la presión y los cambios políticos que espera EE. UU.», afirmó Hadi Kahalzadeh, especialista en la economía iraní en la Universidad de Brandeis.

Las dificultades económicas de Irán conllevan un «costo emocional»

El extenso Gran Bazar de Teherán suele estar abarrotado de compradores que esperan encontrar productos básicos más asequibles que en las tiendas de víveres del país, donde el arroz es un 60% más caro y la carne de res cuesta un 150% más que antes de la guerra.

Una madre de dos hijos del norte de Irán publicó una fotografía en X esta semana tras comprar leche, huevos, papel higiénico y algunos otros artículos, pero nada de carne. Se quejó de que le costó 89 millones de riales (alrededor de 65 dólares).

«Comprar artículos de primera necesidad se ha convertido en nuestra principal prioridad, y nuestra cesta de la compra se ha vuelto más pequeña y limitada», declaró a The Associated Press la mujer de 41 años, bajo condición de anonimato por temor a represalias.

«El desgaste emocional y la presión a la que estamos sometidos son otra historia», añadió. «Cada vez que tenemos que decirles que no a nuestros hijos, cada vez que dudamos ante una decisión —ya sea una clase a la que te encantaría que fueran o algo que realmente quieren que les compres—, resulta francamente agotador».

Para finales de año, se espera que la inflación en Irán aumente cerca de un 70%, según el Fondo Monetario Internacional, y se prevé que la economía del país —devastada por una década de sanciones antes de la guerra— se contraiga más del 5%.

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Aunque la gasolina se ha mantenido barata gracias a los subsidios gubernamentales, es posible que ni siquiera eso dure para siempre a medida que el suministro se reduce. Un asesor presidencial declaró la semana pasada a la televisión estatal iraní que el país consume actualmente más gasolina de la que produce cada día y que podría verse en la necesidad de subir los precios, una medida que en el pasado ha desatado protestas generalizadas.

Los iraníes dirigen parte de su descontento hacia los países detrás de las sanciones

Los líderes teocráticos de Irán ya afrontaban el malestar económico antes de que EEUU e Israel iniciaran la guerra el 28 de febrero. Las protestas se habían extendido por todo el país a principios de año antes de ser reprimidas violentamente, dejando miles de muertos y decenas de miles de detenidos, según estimaciones.

Muchos iraníes han dirigido ahora al menos parte de sus frustraciones económicas hacia los países responsables de las sanciones y de los ataques que han destruido fábricas e infraestructura crítica y causado la muerte de decenas de civiles, afirmó Hassan Golmoradi, economista radicado en Teherán.

«A pesar de las penurias y dificultades, han demostrado una paciencia considerable para sobrellevar las presiones económicas resultantes», señaló Golmoradi.

Los dirigentes de Irán han declarado que participar en protestas contra el gobierno constituye un delito de traición, punible con la pena de muerte.

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«Sufren, pero no consideran que al sumarse a protestas violentas vayan a lograr algo para ellos o para sus familias», apuntó Mohammad Farzanegan, profesor de economía de Oriente Medio en la Universidad de Marburgo, en Alemania.

Trump amenaza con sanciones más duras

El miércoles, Trump prometió en redes sociales desencadenar contra Irán la «operación económica más demoledora jamás adoptada contra país alguno». También amenazó con sanciones secundarias a las naciones y empresas que continúen haciendo negocios con Teherán.

Los Emiratos Árabes Unidos, que durante años facilitaron que Irán eludiera las sanciones y recibiera mercancías de otros países, anunciaron esta semana la suspensión de todo el comercio con Teherán. Trump había conversado telefónicamente con el líder de los EAU, el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan, el día previo al anuncio.

Ante las dificultades económicas, el gobierno electo del presidente iraní Masoud Pezeshkian ha manifestado su preferencia por un fin negociado de la guerra. «Lo que nos preocupa es el sustento de la población y su situación económica, y estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para abordarlo», dijo a los periodistas la semana pasada.

No obstante, la fuerza con mayor poder en Irán sigue siendo la Guardia Revolucionaria paramilitar, que se ha consolidado tras resistir los ataques aéreos de EE. UU. e Israel que acabaron con la vida de altos mandos iraníes durante los primeros compases de la guerra. La Guardia exige concesiones mayores por parte de Washington, incluido el control iraní sobre el estrecho de Ormuz e indemnizaciones económicas por la guerra.

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Con las negociaciones para poner fin al conflicto estancadas, el sector de línea dura de Irán considera que su país puede soportar las presiones económicas del conflicto por más tiempo que sus adversarios.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, designó este mes a un excomandante de la Guardia Revolucionaria al frente del influyente Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, señal de su inclinación hacia la postura de línea dura.

Un taxista afirma que algo tiene que cambiar

Las cifras oficiales del gobierno sitúan la tasa de desempleo de Irán en el 9,1%, aunque medios vinculados al Estado han señalado que la cifra real es con toda probabilidad varias veces superior. Un funcionario del Ministerio de Trabajo declaró la semana pasada que para finales de mayo, a tan solo tres meses de iniciada la guerra, se habían perdido más de un millón de empleos.

En señal de que los dirigentes iraníes prestan cierta atención a la opinión pública, el gobierno se ha abstenido de aplicar las normas sobre el uso obligatorio del hiyab con la misma rigidez del pasado, una libertad social largamente reclamada por muchos.

Sin embargo, en estos momentos la preocupación central de muchos iraníes radica en cómo sus vidas se ven limitadas por la situación económica.

Karimi, el taxista, afirmó que las autoridades iraníes tendrán que tomar medidas pronto para aliviar las presiones financieras que tanto él como otros están padeciendo.

«La gente no podrá seguir viviendo así», concluyó. «Simplemente estamos respirando, sobreviviendo y tratando de pasar un día a la vez».