A medio año del inicio de los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra distintas ciudades de Irán a través de la “ Operación Furia Épica”, el conflicto parece no tener fin y estar en una etapa de desgaste. Las más de 900 agresiones iniciales que destruyeron complejos nucleares, bases de misiles y centros de mando no lograron el colapso del régimen esperado por la administración Trump.
Líderes muertos, tensión internacional, economía en crisis y acuerdos fallidos: radiografía de los seis meses de guerra entre EEUU e Irán
A medio año de la "Operación Furia Épica", los ataques contra Irán no han logrado colapsar el régimen. Las hostilidades evolucionan hacia una guerra de desgaste con sus causas originales intactas, donde cualquier error podría ser definitivo.
Al cumplirse seis meses de hostilidades, el origen del conflicto (fracaso de las rondas de negociación en Ginebra y Viena, las persistentes alertas por el enriquecimiento de uranio y la red de milicias regionales) sigue vigente. La ofensiva militar relámpago en el Golfo Pérsico se ha transformado en una resistencia prolongada, donde cualquier error de cálculo institucional o diplomático puede ser definitivo.
Las tres fases del conflicto
Desde el primer ataque realizado por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, las agresiones han pasado por tres fases principales, donde cada gobierno ha expuesto su capacidad de ataque o incluso operativa.
Campaña de bombardeos masivos y respuesta directa (finales de febrero, marzo de 2026).
Segunda fase: Bloqueo naval y pactos provisionales (abril–junio).
Tercera fase: Guerra de desgaste financiero y control de rutas (julio-agosto de 2026).
Operación
Furia Épica, el inicio
Los ataques sorpresivos del 28 de febrero de 2026 a través de la Operation Epic Fury fueron el inicio. En los siguientes días, el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) disparó contra complejos subterráneos de enriquecimiento de uranio (principalmente en Natanz e Isfahán), sitios de almacenamiento y plataformas móviles de lanzamiento de misiles balísticos de medio y largo alcance del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). También redes de radares, centros de telecomunicaciones militares y bases navales estratégicas a lo largo de la costa iraní del Golfo Pérsico.
Las agresiones dejaron un impacto político en el conflicto y una crisis en Irán, por el asesinato del líder supremo Alí Jamenei, así como del general Mohammad Pakpour y el ministro de Defensa Aziz Nasirzadeh, entre otros mandos.
Para enfrentar la crisis, Irán declaró estado de emergencia nacional y un periodo de luto oficial de 40 días. El Consejo de Liderazgo Provisional y los nuevos mandos designados por el CGRI asumieron la defensa, endureciendo la retórica interna y prometiendo una resistencia prolongada.
La respuesta de Teherán incluyó ataques balísticos y con drones contra bases militares y logísticas de Estados Unidos en países aliados, como Baréin, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, así como contra el espacio aéreo israelí.
Una de las estrategias claves fue el minado táctico de rutas de navegación en el Estrecho de Ormuz y amedrentar a cargueros comerciales para bloquear el flujo energético global como medida de presión económica contra Occidente. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sesionó para mediar el conflicto sin éxito.
E
l acuerdo de no agresión y la reapertura de Ormuz
En el mes de abril, la Marina de los Estados Unidos y sus aliados contratacaron para abrir el Estrecho de Ormuz. Comenzaron a quitar las minas e iniciaron el abordaje y la inspección sistemática de buques tanqueros y embarcaciones comerciales sospechosas de transportar crudo iraní o suministros de doble uso. Esto permitió confiscar cargamentos valuados en miles de millones de dólares. El aislamiento financiero total impuesto por Washington y sus socios occidentales afectó la economía de Irán en dos puntos principales:
- Las exportaciones de petróleo iraní sufrieron una caída drástica, afectando una de las principales fuentes de divisas.
- La moneda se devaluó, originando escasez interna de productos básicos, medicamentos y combustibles refinados, llevando a los ciudadanos a cuestionar el nuevo liderazgo.
Las afectaciones económicas de la guerra comenzaron a resentirse en otras naciones, originando diálogos diplomáticos para terminar con el conflicto. Omán y Pakistán fueron primordiales para un primer acuerdo de cese al fuego en los primeros días de abril. Durante el pacto, las declaraciones diplomáticas de uno y otro lado no evitaron un acuerdo para reabrir el Estrecho de Ormuz el 17 de abril. Pero días después todo terminó cuando Washington y Teherán desconfiaron mutuamente, rompiendo las negociaciones a finales de ese mes.
El conflicto parecía reactivarse al comenzar mayo, pero una propuesta enviada por Irán a EEUU llevó a una nueva negociación. En el documento se planteaban distintos puntos para terminar con las agresiones y abrir Ormuz. Sin embargo, el diálogo nunca se concretó, por la desconfianza y nuevas agresiones de menor escala.
Al comenzar el mes de junio, Israel y el Líbano acordaron un alto el fuego con la intención de establecer zonas de seguridad que excluyeran a Hezbolá. En respuesta, Irán bombardeó posiciones israelíes. En medio de la nueva tensión, sorpresivamente el gobierno de Trump anunció el inicio de un acuerdo provisional con Irán, teniendo como única condición parar las agresiones contra el Líbano.
El 17 de junio, Estados Unidos e Irán firman formalmente un acuerdo interino de 60 días. El pacto exige a Teherán diluir de manera significativa sus reservas de uranio. Washington se comprometió a levantar las sanciones contra el petróleo iraní, permitiendo que el país comenzara a vender crudo libremente de nuevo y abriendo la puerta para parar las agresiones en el Estrecho de Ormuz.
Los diálogos permitieron una estabilidad momentánea que se terminó cuando Irán advirtió, al comenzar julio, a todos los petroleros que crucen por Ormuz utilizar rutas autorizadas por Teherán o atenerse a las consecuencias.
El 7 de julio, el gobierno iraní fue acusado de atacar tres buques mercantes. Inmediatamente, Estados Unidos bombardeó objetivos militares en territorio iraní y habilitó las sanciones a las ventas de petróleo iraní levantadas en junio. Un día después, Trump anunció el fin del alto al fuego, lo que llevó a sus aliados Kuwait, Qatar y Bahréin a ser atacados.
En respuesta, CENTCOM bombardeó más de 140 objetivos en Irán en represalias por una agresión a un portacontenedores que dejó un marino desaparecido. Teherán decretó el cierre total del estrecho de Ormuz hasta el restablecimiento de la calma. Del 14 al 23 de julio, CENTCOM realizó ataques nocturnos contra centros de mando, lanzadores de misiles y defensas aéreas iraníes. Teherán disparó a bases estadounidenses, causando la baja de soldados. Antes de finalizar julio, la administración Trump reconoció más de 600 militares lesionados por las hostilidades.
La guerra comercial
Al cumplirse cinco meses de conflicto, el costo de la guerra comenzó a afectar a Estados Unidos notablemente. El 21 de julio, durante una audiencia en el Senado, Pete Hegseth, secretario de Defensa, dijo que la guerra en Irán ya costó 37,500 millones de dólares. El desgaste lo comenzaron a resentir contribuyentes en el aumento de precios, como gasolina y la inflación.
En el Medio Oriente, las fuerzas armadas también comenzaron a tener algunas complicaciones. Una de ellas se exhibió el 13 de agosto cuando el Pentágono ordenó al portaaviones USS George Washington (que operaba en el mar de la China Meridional) relevar al USS Abraham Lincoln en el Medio Oriente.
Mandos de la Armada reconocieron que algunos marinos tienen afectaciones en su salud mental por el combate. Entre las medidas tomadas por EEUU, se encuentra el rediseño de la estrategia de construcción naval y reforzar los recursos militares a largo plazo en la región.
Hasta la semana pasada, registros del Departamento de Defensa incluyen a 750 elementos lesionados en el conflicto. Las bajas, de acuerdo con un conteo realizado por N+ Univisión en julio pasado, ascendían a 16. Las amenazas de ambos países han sido constantes. En el caso de Estados Unidos, las áreas de inteligencia tuvieron que ocultar al presidente Trump en un carrito de comida en el aeropuerto de Ankara, Turquía, el 8 de julio pasado ante una alerta de amenaza contra la vida del mandatario. Esta semana el Servicio Secreto confirmó que está al tanto de un video difundido por medios estatales iraníes que parece amenazar la vida de Barron Trump, el hijo menor del presidente Donald Trump.
Mientras el desgaste continúa, el pasado 17 de agosto llegó a su fin el acuerdo de 60 días en el cual se acordó el cese al fuego, el compromiso de detener las operaciones militares cruzadas, la reapertura temporal y libre de peajes del estrecho de Ormuz, la liberación parcial de fondos iraníes congelados y un plazo de negociaciones de dos meses para intentar concretar un tratado de paz definitivo sobre el programa nuclear y el levantamiento de sanciones.
Esta semana los anuncios y declaraciones no han parado. El Departamento del Tesoro anunció el 24 de agosto el "Día D económico", con el cual comenzó un bloqueo financiero total y medidas drásticas contra las redes de contrabando de petróleo iraní, advirtiendo sobre sanciones secundarias a cualquier nación o empresa que comercie con Teherán.
En respuesta, el jefe de seguridad de Irán advirtió a países vecinos de la región del Golfo Pérsico que decidan sumarse a las medidas punitivas y bloques económicos promovidos por Washington. El conflicto parece no tener fin. A seis meses del inicio de la guerra, no hay un entendimiento que permita sentar las bases de un diálogo que ponga fin.








