Chicago, Illinois.- Durante más de un siglo, los rieles que sostienen el transporte ferroviario en Chicago han sido testigos silenciosos del esfuerzo de miles de trabajadores mexicanos.
El legado mexicano en Chicago: trabajadores que construyeron los rieles de la ciudad
Durante décadas, miles de trabajadores mexicanos ayudaron a construir las vías ferroviarias de Chicago en condiciones extremas. Hoy, su historia cobra vida a través de testimonios y una exposición que rescata su legado y denuncia la falta de reconocimiento.
Un trabajo duro, muchas veces invisible, que hoy comienza a recibir reconocimiento gracias a testimonios como los de Rubén Camargo y Jaime Olivares Calderón, dos traqueros jubilados que recuerdan con detalle los sacrificios de toda una vida.
Rubén Camargo llegó a Chicago en 1966 para trabajar en la industria ferroviaria. Recuerda que sus primeros años fueron “muy difíciles”, en una labor completamente manual que exigía cargar materiales pesados, cortar piezas y trasladarlas diariamente.
“Trabajé muy duro a mano, todo hecho a mano”, relata Camargo, describiendo jornadas donde los trabajadores colocaban rieles, retiraban estructuras viejas y transportaban hierro en condiciones agotadoras.
Jaime Olivares Calderón comparte una experiencia similar. Sin experiencia previa en trabajos físicos de esa magnitud, tuvo que adaptarse rápidamente al uso de picos, palas y barras pesadas, enfrentando temperaturas extremas tanto en verano como en invierno.
“Uno viene de México, pero no estás preparado para ese tipo de trabajos”, explica, recordando las condiciones del tiempo en las vías, donde el calor podía superar los 100 grados y el frío resultaba igual de extremo.
Vida en campamentos: condiciones precarias
Más allá del trabajo, las condiciones de vida también representaban un reto. M uchos trabajadores mexicanos vivían en campamentos improvisados, algunos en vagones de tren adaptados como viviendas.
Olivares Calderón describe espacios reducidos donde varias personas compartían un mismo cuarto con cocina y comedor. Dormían en literas y los baños se encontraban afuera, incluso en invierno, a varios metros de distancia.
“Aún así, en invierno sí sufrían mucho”, recuerda.
Un legado que recorre millas
El impacto de su trabajo es incalculable. Camargo estima que contribuyó a construir extensos tramos de vías, desde la Gran Avenida hasta la calle 104, dejando una huella tangible en la infraestructura de la ciudad.
Sin embargo, más allá de la magnitud física de su labor, ambos coinciden en que su contribución no ha sido reconocida como debería.
“Yo pienso que no se le ha dado el reconocimiento a la gente que contribuyó bastante”, afirma Olivares Calderón.
“Rieles y Raíces”: una historia que cobra vida
Ese vacío histórico es precisamente lo que busca llenar la exposición “Rieles y Raíces”, presentada en el Museo Nacional de Arte Mexicano en Pilsen.
El curador de la exhibición, Ismael Cuevas, explica que la migración de trabajadores mexicanos al ferrocarril comenzó a principios del siglo XX, cuando empresas estadounidenses buscaban mano de obra barata en medio de conflictos como la Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial.
“ Es cuando se empiezan a reclutar a los mexicanos en la frontera para trabajar en el ferrocarril”, señala.
La exposición también aborda la discriminación que enfrentaron, especialmente en vivienda. Muchos eran obligados a vivir en vagones abandonados o en zonas cercanas a las vías, sin acceso a mejores condiciones en la ciudad.
Deportados en los trenes que construyeron
La muestra también destaca momentos clave como el Programa Bracero, que permitió la llegada de trabajadores mexicanos con contratos temporales durante la Segunda Guerra Mundial, ayudando a cubrir la demanda laboral.
Pero no todo fue reconocimiento. Cuevas subraya episodios como la Operación Wetback en 1954, cuando muchos mexicanos fueron deportados en trenes, los mismos que habían ayudado a construir años antes.
“Cuando nos ocupan, aquí estamos. Y cuando no, váyanse. Es una hipocresía”, reflexiona el historiador.
Orgullo, nostalgia y memoriaA pesar de las dificultades, el sentimiento que predomina entre estos trabajadores es una mezcla de orgullo y nostalgia.
Camargo reconoce que, al ver las vías que ayudó a construir, siente tristeza por el paso del tiempo, pero también satisfacción por haber cumplido con su trabajo.
Por su parte, Olivares Calderón recuerda la emoción de verse reflejado en la exposición.
“Me dio mucho gusto… me miré yo cuando tenía 20 años… te da nostalgia”, cuenta.















