Familias y compañeros de los militares caídos presionan a la cúpula del Ejército tras el mortal ataque con drones iraníes

“Si alguien cometió un error, esas personas deben rendir cuentas”, declaró Tina Marzan, la viuda de Robert Marzan, el cual murió luego de que un dron explotara

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En una mañana soleada y despejada del 1 de marzo, un día después de que el presidente Donald Trump iniciara la guerra contra Irán, el suboficial mayor de tercera clase Robert Marzan coordinaba el envío de suministros esenciales del Ejército desde el puerto de Shuaiba en Kuwait.

En un instante, un dron se estrelló contra el techo y explotó, matando a Marzan, quien había servido en el ejército durante 36 años. La explosión lanzó a los soldados por los aires, empalándolos con fragmentos de chapa y cristales. El techo de hojalata se desprendió "como si se abriera una lata de sardinas", recordó un soldado.

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Seis soldados murieron y decenas resultaron heridos en el ataque más mortífero conocido contra las tropas estadounidenses desde que comenzó la Operación Furia Épica el 28 de febrero.

Para muchos, el ataque en Port Shuaiba ha quedado en el olvido a medida que la guerra se acerca a su octavo mes. Pero para quienes estuvieron allí ese día y sus familias, demostró el alto costo de un conflicto precipitado. La planificación tuvo fallas evidentes y los comandantes no tomaron suficientemente en serio los informes de inteligencia sobre la amenaza iraní, lo que llevó a los soldados heridos a cuestionar el liderazgo del Ejército y el sistema médico militar.

Tras el ataque, muchos de los heridos —algunos con décadas de servicio y experiencia en combate— declararon a Associated Press que los comandantes habían sido advertidos de que las instalaciones, un edificio rectangular con paredes de madera situado en una zona portuaria e industrial al sur de la ciudad de Kuwait, eran especialmente vulnerables a un ataque con drones.

Según los soldados, esa advertencia no fue escuchada. Algunos también afirmaron que oficiales de mayor rango presionaron para que se diera por finalizada la alerta, pero no queda claro en sus testimonios quién tomó finalmente la decisión de evacuar a los soldados a un lugar más seguro en los búnkeres cercanos. Los heridos también declararon posteriormente que sus lesiones graves no recibieron tratamiento oportuno ni adecuado en las semanas posteriores al ataque.

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“Tenemos derecho a saber qué sucedió realmente”, declaró a la AP Tina Marzan, la viuda de Marzan. “Si alguien cometió un error, esas personas deben rendir cuentas”.

En una batalla caótica, la claridad es difícil de alcanzar

Las condiciones en el campo de batalla son inherentemente caóticas y las evaluaciones de los implicados suelen ser contradictorias. El relato de la AP sobre el ataque se basa en entrevistas con 13 soldados, principalmente oficiales, que ocupaban puestos clave de responsabilidad en la zona o que estaban familiarizados con las reuniones informativas de alto nivel previas al ataque.

Junto con varias familias Gold Star —la denominación que utilizan las fuerzas armadas para los familiares de un soldado fallecido en acto de servicio—, muchos están expresando públicamente sus preocupaciones por primera vez y pidiendo al Ejército que subsane lo que consideran fallos en la preparación.

Varios soldados hablaron públicamente, algo poco común entre los militares en servicio activo. Otros hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias. Algunos detalles del ataque ya habían sido publicados por otros medios, como The Washington Post y CBS News, pero la AP informa por primera vez sobre otros detalles.

En los primeros días de la guerra, Trump la describió como una “ pequeña excursión” que terminaría rápidamente, pero ahora no se vislumbra una salida. El saldo se puede medir en 19 militares estadounidenses muertos, más de 800 heridos y al menos 44 mil millones de dólares gastados en el conflicto.

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El Ejército declinó hacer comentarios sobre el reportaje de la AP acerca del ataque en el puerto de Shuaiba, alegando que aún no había informado a las familias de los fallecidos sobre el resultado de su investigación. El Pentágono también declinó hacer comentarios.

“Por respeto a los familiares más cercanos, quienes serán informados sobre las conclusiones oficiales de la investigación finalizada, no haremos comentarios sobre detalles específicos, testimonios individuales ni partes filtradas del informe en este momento”, dijo el Ejército en un comunicado.

El Ejército concluyó su investigación sobre el ataque en Port Shuaiba en junio, pero aún no ha publicado un informe, alegando la necesidad de censurar información sensible, según declaró un funcionario familiarizado con la investigación del Ejército, que habló bajo condición de anonimato porque el informe no se ha publicado.