Robert Mueller III fue el director del FBI que transformó la agencia para la lucha contra el terrorismo tras el 11 de septiembre de 2001, y un veterano marine que sirvió en la guerra de Vietnam. Pero, sobre todo, fue el fiscal especial que llevó adelante la investigación del llamado 'Rusiagate', sobre el papel de Rusia en la injerencia dentro de las elecciones presidenciales de 2016 para perjudicar a la candidata demócrata Hillary Clinton y beneficiar al entonces candidato Donald Trump.
Por qué la muerte de Robert Mueller alegra a Trump
Robert Mueller III fue el investigador especial sobre la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016, y el papel de la campaña de Donald Trump en ello. Esta indagatoria le valió duras y prolongadas reprimendas por parte del actual mandatario, quien incluso dijo este sábado tras la muerte de Mueller que se "alegra de que esté muerto".
La investigación, iniciada en 2017 y presentada en 2019 en un reporte de casi 500 páginas, identificó contactos sustanciales entre la campaña de Trump y Rusia, pero no alegó la existencia de una conspiración criminal. El informe detalló los grandes esfuerzos de Rusia para influir en las elecciones y documenta las actuaciones criminales de individuos trabajando para el gobierno ruso con ese fin.
"Agentes de inteligencia rusos que formaban parte del ejército ruso lanzaron un ataque coordinado contra nuestro sistema político", afirmó Mueller en una declaración tras publicarse el informe.
Principalmente, la labor rusa se dedicó a dos grandes áreas: la difusión de desinformación de carácter político a través de redes sociales para sembrar discordia y división entre los estadounidenses, y esfuerzos por hackear computadoras y obtener información y correos electrónicos de personas vinculadas a la campaña demócrata o el partido demócrata, para influir en la elección.
"Robaron información privada y luego la divulgaron a través de identidades falsas en Internet y de la organización WikiLeaks. Las divulgaciones se planificaron y programaron con el fin de interferir en nuestras elecciones y perjudicar a un candidato presidencial", dijo Mueller.
Bajo las pesquisas de Mueller también estuvo Jared Kushner, el yerno del presidente Trump que entonces formaba parte del equipo de campaña, y que tuvo encuentros con el embajador ruso.
También se conoció que Kushner se reunió en la Torre Trump en Nueva York con una abogada rusa, en un encuentro al que fue invitado por Donald Trump Jr. con la expectativa de que obtendrían información perjudicial para la entonces candidata demócrata, Hillary Clinton.
La investigación especial presentó acusaciones criminales contra oficiales rusos por el caso, pero no se determinó que la campaña de Trump, o alguien relacionado, haya conspirado o coordinado con el gobierno ruso esos esfuerzos, pese a ofertas desde Rusia para ello.
"Acusar al presidente no era una
opción"
Mueller también expuso detalles comprometedores sobre los intentos de Trump por hacerse con el control de la investigación, e incluso por cerrarla, aunque se abstuvo de determinar si Trump había infringido la ley, en parte debido a la política del departamento que prohíbe la acusación formal de un presidente en ejercicio.
En lo que quizá sea el pasaje más memorable del informe, Mueller señaló de manera contundente: "Si tras una investigación exhaustiva de los hechos tuviéramos la certeza de que el presidente claramente no cometió obstrucción de la justicia, así lo afirmaríamos. Basándonos en los hechos y en los estándares legales aplicables, no podemos llegar a esa conclusión".
Pero, según Mueller, por "una política de larga data del Departamento, no se puede acusar a un presidente de un delito federal mientras ocupa el cargo". Eso es inconstitucional. Incluso si la acusación se mantiene bajo secreto de sumario y oculta al público, eso también está prohibido".
Y añadió: "Por lo tanto, acusar al presidente de un delito no era una opción que pudiéramos considerar".
La conclusión ambigua no supuso el golpe de gracia para la administración que algunos opositores de Trump habían esperado, ni desencadenó una campaña sostenida por parte de los demócratas de la Cámara de Representantes para destituir al presidente, aunque más tarde fue juzgado y absuelto por acusaciones separadas relacionadas con Ucrania.
El resultado también dejó margen para que el entonces fiscal general William Barr expresara sus propias opiniones. Él y su equipo llegaron a la conclusión de que Trump no había obstruido la justicia, y él y Mueller mantuvieron discusiones privadas a raíz de una carta resumen de cuatro páginas redactada por Barr que, en opinión de Mueller, no reflejaba adecuadamente la conclusión perjudicial de su informe.
Mueller desanimó a los demócratas durante una audiencia del Congreso muy esperada sobre su informe, cuando ofreció respuestas concisas de una sola palabra y se mostró inseguro en su testimonio. Con frecuencia, parecía vacilar sobre los detalles de su investigación. No fue precisamente la actuación avasallante que muchos esperaban de Mueller, quien gozaba de una reputación imponente en Washington.
En los meses siguientes, Barr dejó claras sus propias discrepancias con los fundamentos de la investigación sobre Rusia, y procedió a desestimar una acusación por declaraciones falsas que Mueller había presentado contra el exasesor de seguridad nacional Michael Flynn, a pesar de que esa investigación había concluido con una declaración de culpabilidad.
La investigación de Mueller de 22 meses de duración arrojó acusaciones contra 34 personas, entre quienes se encontraban personas vinculadas a Trump, oficiales rusos de inteligencia y empresas rusas.
Tras conocerse la muerte del exdirector del FBI y exfiscal especial este sábado, el presidente Trump expresó en sus redes sociales: "Robert Mueller acaba de fallecer. Bien, me alegro de que haya muerto. ¡Ya no podrá hacer daño a gente inocente!".







