A las 3:40 de la tarde del 11 de febrero de 2026 en Bogotá, Colombia, Gustavo Andrés Aponte salió del gimnasio sin saber que, a pocos metros, un hombre vestido de traje y corbata esperaba la señal para matarlo.
Seis meses después, revelan que un empresario fue asesinado por error en Bogotá; los sicarios buscaban a otro hombre
Gustavo Andrés Aponte fue atacado al salir de un gimnasio en el norte de Bogotá; la investigación de la Fiscalía reconstruyó el operativo, identificó a varios involucrados y encontró un grupo de redes sociales creado días antes del crimen.
El empresario arrocero y ganadero caminó junto a su escolta hacia el vehículo, como lo había hecho tantas veces al terminar su rutina. Pero aquel día alguien había seguido sus movimientos, había distribuido hombres y motocicletas alrededor de la zona y esperaba identificar a su supuesto objetivo.
El disparo que acabó con la vida de Aponte abrió una investigación que, seis meses después, revelaría un giro inesperado: el hombre asesinado no era la persona que los sicarios buscaban.
El asesino, de traje y corbata, confunde el objetivo
Aponte era propietario de Arroz Sonora, una empresa con presencia agroindustrial en Tolima y Casanare. También era conocido por su actividad como triatleta y por su trabajo como líder social. De acuerdo con las primeras conclusiones de la Fiscalía General de la Nación, no había recibido amenazas que hicieran prever un ataque en su contra.
La tarde del crimen había comenzado con aparente normalidad. Después de la 1:30 p. m., Aponte llegó al gimnasio ubicado en el norte de Bogotá. Su escolta, Luis Gabriel Gutiérrez, se quedó en el exterior mientras el empresario realizaba su rutina.
La operación criminal, según la investigación, ya estaba desplegada. Una motocicleta fue ubicada sobre la calle 85 y otra cerca de la carrera Séptima. En esta última se encontraba el conductor que esperaba al hombre encargado de disparar.
El presunto sicario llevaba traje y corbata. La apariencia formal, de acuerdo con la reconstrucción presentada por las autoridades, buscaba permitirle moverse sin despertar sospechas en una zona con frecuente presencia policial.
Pasadas las 3:40 p. m., llegó la señal. Una llamada habría advertido que la persona que esperaban abandonaba el gimnasio. Aponte salió y avanzó algunos metros acompañado por Gutiérrez. Entonces el atacante se acercó y disparó.
El empresario recibió una herida mortal. Su escolta fue alcanzado por las balas al menos tres veces.
El pistolero corrió hacia la motocicleta estacionada cerca de la carrera Séptima y escapó con otro hombre rumbo al centro de Bogotá. Lo que inicialmente parecía un homicidio dirigido contra un empresario reconocido comenzó después a adquirir otra dimensión.
La investigación estableció que quienes organizaron el ataque buscaban en realidad a Olimpo Antonio Oliver Peñaranda, empresario del sector de hidrocarburos. Una semejanza física habría sido suficiente para que los responsables confundieran a Aponte con Oliver y ejecutaran el atentado contra la persona equivocada.
La operación quedó registrada en un chat
Los investigadores encontraron una pieza que permitió reconstruir parte de la preparación del ataque: un grupo de WhatsApp llamado “Gladiadores”, creado el 6 de febrero, cinco días antes del asesinato.
Según la Fiscalía, el espacio digital servía para coordinar el seguimiento del objetivo y definir aspectos logísticos de la operación. Ocho personas participaban en el grupo utilizando los alias Moncayo, JJ, Bamb, Pequeño, Junio, Zorros, Tony y Carepapa.
Durante las audiencias, la fiscal Elsa Reyes explicó el papel que habría cumplido esa comunicación en la organización del atentado y en el seguimiento de la persona que pretendían asesinar.
La reconstrucción permitió a las autoridades avanzar sobre quienes habrían participado en la vigilancia y en la fuga. Uno de ellos fue Leonel Enrique Llanos Paternina, capturado en Villavicencio. Según el reporte policial, habría realizado labores de inteligencia sobre la rutina de la víctima y conducido la motocicleta utilizada para escapar después del disparo.
Su captura fue legalizada y la Fiscalía le imputó los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de arma.
Pero la investigación también llevó a otro episodio violento ocurrido después del ataque en Bogotá.
Una segunda muerte y un expediente todavía abierto
El 30 de mayo, en Tibiritá, Cundinamarca, fue asesinado un hombre relacionado con la fuga del sicario. Se trataba de Onori José Yabier Mendoza Viña, alias “El Negro”, señalado de haber facilitado la huida del autor material del atentado.
Por ese homicidio, las autoridades judicializaron a un presunto responsable, quien permanece recluido en un centro carcelario por los delitos de homicidio y hurto calificado agravados.
Mendoza Viña también terminó vinculado a la investigación por el asesinato de Aponte. Las autoridades lo judicializaron por el crimen ocurrido meses atrás, mientras avanzaban en la identificación de los integrantes de la estructura que participó en el ataque de La Cabrera.
Seis meses después de aquella tarde, la Fiscalía sostiene que el presunto autor material del disparo ya estaría identificado, aunque todavía no ha sido capturado. Tampoco se ha cerrado la búsqueda de quienes habrían determinado y coordinado la operación.
El expediente conserva así una secuencia que comenzó con un seguimiento, pasó por un chat creado días antes del ataque y terminó con una víctima que, según la investigación, nunca había sido el blanco original.
Mientras el proceso continúa en los tribunales, las autoridades mantienen abiertas las pesquisas para completar la cadena de responsabilidades detrás de un asesinato que nació de una identificación equivocada.









