Raleigh, CAROLINA DEL NORTE.- Las publicaciones no pasaron desapercibidas. En una de ellas, el joven aparecía posando con un arma y acompañaba la imagen con mensajes que hablaban de muerte y destrucción. En otra, utilizaba etiquetas asociadas a ideologías extremistas y hacía referencia a ataques masivos. Ese rastro digital fue el punto de partida de una investigación federal que terminó con su detención antes de que se concretara un posible ataque.
FBI arresta a joven por amenazas contra hispanos y otros grupos: compró AK-47 y 1.000 balas
Amenazas en redes sociales, mensajes de odio y la compra de un AK-47 junto a 1.000 balas encendieron las alertas del FBI. Un joven de 19 años fue detenido en Carolina del Norte tras detectar riesgo de un posible ataque contra comunidades minoritarias.
El caso se centra en Eric Constantine Byrd, de 19 años, residente de Raleigh, en Carolina del Norte. De acuerdo con documentos judiciales federales presentados en marzo de 2026, el joven es acusado de transmitir amenazas en el comercio interestatal, un delito contemplado en el Título 18 del Código de Estados Unidos.
Tanto la policía local como el FBI intervinieron tras identificar un patrón de publicaciones que, según los investigadores, no solo expresaban ideología violenta, sino intención de causar daño.
La investigación comenzó cuando el Grupo de Trabajo Conjunto contra el Terrorismo del FBI detectó contenido en Instagram vinculado a perfiles que, según los documentos, eran controlados por Byrd. Las publicaciones incluían mensajes clasificados como extremismo violento con motivación racial o étnica.
En ellos, el joven expresaba intención de atacar a distintos grupos, entre ellos personas hispanas, afroamericanas y miembros de la comunidad LGBTQ.
Mensajes en redes prenden alarmas
En uno de los mensajes recuperados por los investigadores, Byrd escribió: “Me encanta la muerte y la destrucción. Espero que haya muchas más”.
En otro, afirmó que quería convertirse en “una amenaza completa y un peligro para la sociedad”. También utilizó etiquetas como #WHITEPOWER y #HH, asociadas a ideologías supremacistas, y elogió a autores de ataques masivos, entre ellos el responsable del atentado contra mezquitas en Christchurch en 2019 y el autor de un ataque en California en 2014.
Ese componente ideológico no fue el único elemento que encendió las alertas. Los documentos judiciales detallan que Byrd no solo consumía contenido violento, sino que manifestaba intención de replicarlo. En mensajes de texto enviados el 19 de enero de 2026, expresó su deseo de “ser una completa amenaza”.
En otras comunicaciones, habló de grabar sus acciones, una referencia que los investigadores vinculan con ataques documentados en los que los agresores transmitieron los hechos en tiempo real.
La investigación también reveló intentos de ubicar a posibles víctimas. En febrero, según los documentos, Byrd buscó a un excompañero de secundaria y escribió que estaba “cazando” y que quería “terminar las cosas” con un arma. Ese elemento, para los fiscales, marca un paso más allá de la retórica en redes sociales y apunta a una posible intención concreta.
Compra de un rifle AK-47 y cartuchos
Byrd compró un rifle tipo AK-471.000 cartuchos de munición calibre 9 milímetros.Durante el registro de su vivienda, los agentes encontraron un arma de fuego en su habitación, que coincidía con la que aparecía en sus publicaciones.
El 9 de marzo de 2026, las autoridades acudieron a su domicilio. Sus padres informaron que no se encontraba allí, pero reconocieron ante los agentes que su hijo “tenía problemas”, que asistía a terapia y que no tomaba la medicación recetada.
También confirmaron que estaba interesado en armas. Ese mismo día, los agentes localizaron a Byrd en su lugar de trabajo y procedieron a su detención bajo una orden de internamiento involuntario, una medida utilizada cuando se considera que una persona representa un riesgo para sí misma o para otros.
Los investigadores revisaron su teléfono y computadoras. Allí encontraron mensajes en los que el joven hablaba de actos delictivos pasados y reiteraba su interés en causar daño.
En uno de ellos, afirmó que disfrutaba ver sufrir a otras personas. En otro, admitió que, durante un altercado con sus padres ocurrido semanas antes donde habría mostrado intenciones de hacerles daño.
Ese conjunto de elementos —publicaciones, mensajes privados, adquisición de armas y declaraciones— fue clave para que los fiscales presentaran cargos federales. El caso fue radicado en la Corte de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Este de Carolina del Norte.
Byrd no solo compartía contenido, sino que construía una narrativa en torno a ataques previos. En sus publicaciones, se refería a autores de masacres como “héroes” o “santos”, y señalaba que “nadie es especial a menos que haga algo como ellos”.
Para los analistas del caso, ese tipo de lenguaje es indicativo de una identificación con ese tipo de violencia. Los fiscales avanzan por ahora con la acusación por amenazas, que se basa en la transmisión de mensajes con intención de causar daño.







