El tiempo se agota, los alimentos escasean y la desesperación de cientos de miles de personas comienza a emerger en medio de un río de escombros y concreto destrozado. Han transcurrido ya más de 70 horas desde el primer sismo en Venezuela, que ha dejado hasta el momento a 1,430 muertos, según cifras oficiales; pero para los sobrevivientes el reto es otro: tener qué comer.
"Si puedo hacer algo, lo haré": el eco de una mujer venezolana que recolecta comida desde México
Con el paso de las horas tras los terremotos que azotaron a Venezuela, el reto no solo es encontrar a los más de 50,000 desaparecidos; es también los alimentos y medicinas
Habían pasado horas de la tragedia cuando países hermanos comenzaron a mandar ayuda, desde rescatistas, binomios caninos, hasta insumos médicos. Sin embargo, entre los venezolanos en el exterior comenzaba a dominar un sentimiento de impotencia.
Mairim Méndez, nacida en Caracas, Venezuela, contó a N+ Univision que desde Naucalpan, Estado de México, al centro del país, comenzó a organizar una colecta entre sus clientes para poder llevar insumos a la Embajada de Venezuela en México.
Sin contar con ningún tipo de lujo, dedicada a la venta de postres, su solidaridad y su amor por el país que dejó apenas dos años atrás le han sido suficientes para lanzar esta iniciativa y poder apoyar en algo a la tierra a la que no le es posible regresar.
“La verdad, me ha conmovido mucho y yo sola dije: ‘Pues si puedo hacer algo, lo hago, o sea, por muy pequeño que parezca, porque soy una persona sola; si puedo hacerlo para sentirme útil ante la situación, pues lo hago'”, dijo la madre de familia con la voz entrecortada y conmovida por los momentos difíciles que sufre su país.
Contó que al amanecer, al día siguiente de la tragedia, se sintió afortunada por tener un techo y una cama en la cual despertar; fue ahí donde surgió la idea de difundir entre sus clientes, vecinos y en redes sociales que estaría recibiendo víveres, alimentos enlatados y artículos para bebé.
Siendo madre de familia, Mairim no pudo evitar pensar en los bebés y niños que hoy se encuentran en el desamparo, sin alimento, sin un techo, sin artículos con qué cubrirse de la lluvia o del clima cálido de Venezuela.
Busca reunir alimentos enlatados de fácil consumo, cosas para bebés como pañales y toallitas húmedas. Aunque sin contar con una gran infraestructura detrás, planea trasladar lo reunido en su vehículo hasta la Embajada de Venezuela en la Ciudad de México.

"Muchas personas desearíamos estar allá, y no podemos. Siempre trataremos de buscar la forma de apoyarlos y de estar de alguna manera cerca de ellos, así sea a través de una cajita de medicina, así sea a través de cualquier cosita, de 1 peso, de lo que sea, trataríamos de buscar la forma de estar cerca de ellos y apoyarlos", expresó.
Sus vecinos han mostrado una buena respuesta a su iniciativa, dando muestra de la solidaridad de los mexicanos en medio de la tragedia. Será el próximo martes 30 de junio que Mairim Méndez traslade los víveres a la Embajada, ubicada en una de las colonias más exclusivas de la Ciudad de México. Una metrópoli que conoce muy bien ese sentimiento.
Horas de incertidumbre
Mairim relató que pasó 48 horas de incertidumbre al no tener información sobre su familia, que vive a unas millas de Caracas. Fue hasta el viernes que pudo comunicarse con su familia, quienes se encuentran fuera de peligro, aunque con historias desgarradoras en su entorno.

La victoria que no llega a Venezuela
Para la madre de familia, la tragedia no es solo una cifra; tiene nombres y rostros conocidos. El sismo golpeó con fuerza los cimientos de su historia, de su infancia y de un futuro que parecía que había cambiado cuando a inicios de este año el gobierno de Estados Unidos detuvo a Nicolás Maduro.
En su voz llena de sentimiento, con los ojos conteniendo las lágrimas, Mairim muestra una herida abierta por la ironía de la vida. La comunidad venezolana experimentaba un sentimiento de victoria tras la caída de Maduro el 3 de enero de este año.
“Cuando por fin pensamos que algo iba a mejorar desde que se llevaron al presidente... pues pasa todo esto”, confiesa con una mezcla de resignación y dolor ante la creencia de que Venezuela finalmente se encaminaba hacia la recuperación.
Sin embargo, la euforia del cambio del panorama político y social en Venezuela fue sepultada por el rugido de la tierra. El terremoto no solo derribó edificios; también demolió ese sentimiento de victoria recién estrenado y que ahora busca sanar en medio de la solidaridad.
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