La inflación se moderó el mes pasado debido a la caída de los precios de la gasolina, aunque los costos siguen siendo elevados

La inflación ha sido impulsada por una serie de golpes a la economía, entre ellos los aranceles del presidente Donald Trump impuestos la primavera pasada, el encarecimiento de la gasolina derivado de la guerra con Irán y un auge de la inversión en infraestructura de inteligencia artificial que ha elevado los precios de los chips de computadora

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La inflación en Estados Unidos se desaceleró el mes pasado y una medida de las presiones subyacentes sobre los precios también se moderó, lo que sugiere que el aumento de los precios del petróleo y la gasolina por la guerra con Irán solo está teniendo un impacto limitado en los costos más amplios de la economía.

Los precios al consumidor subieron un 3,4% en julio respecto de hace un año, una leve baja frente al 3,5% de junio, informó el Departamento de Trabajo el miércoles. Pero la inflación sigue siendo más alta que antes de que estallara la guerra con Irán en febrero, cuando era del 2,4%. En términos mensuales, los precios aumentaron apenas un 0,1% de junio a julio.

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La modesta disminución podría relajar la presión sobre quienes batallan con la inflación en la Reserva Federal para elevar su tasa clave de interés y combatir el aumento de los costos. Sin embargo, los precios siguen subiendo más rápido que los salarios promedio, lo que subraya la lucha que muchos estadounidenses han tenido con comestibles, gasolina y atención médica más caros, tendencias que han cobrado gran relevancia en las elecciones intermedias que se acercan rápidamente.

Al excluir las volátiles categorías de alimentos y energía, la inflación subyacente también bajó a 2,5% en julio respecto de hace un año, frente al 2,6% de junio. La cifra de julio iguala un mínimo posterior a la pandemia alcanzado en enero y febrero, antes de la guerra con Irán.

Los precios subyacentes subieron 0,2% de junio a julio. Aumentos mensuales de alrededor de 0,2% serán lo suficientemente bajos con el tiempo como para acercar la inflación a la meta del 2% de la Reserva Federal.

Aun así, los precios del petróleo se mantienen elevados y los precios de la gasolina subieron a finales de julio y en agosto, lo que sugiere que la inflación general podría dispararse el próximo mes. El miércoles, la gasolina promedió 4,04 dólares por galón a nivel nacional, 16 centavos más que hace un mes, según el club automovilístico AAA.

Aranceles y guerra, factores de la inflación

La inflación ha sido impulsada por una serie de golpes a la economía, entre ellos los aranceles del presidente Donald Trump impuestos la primavera pasada, el encarecimiento de la gasolina derivado de la guerra con Irán y un auge de la inversión en infraestructura de inteligencia artificial que ha elevado los precios de los chips de computadora. La pregunta clave para quienes combaten la inflación en la Fed —y también para los consumidores que lidian con precios altos de la gasolina y los alimentos— es con qué rapidez se desvanecerán esos efectos puntuales o si conducirán a aumentos de precios persistentemente al alza.

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Las cifras del miércoles podrían dar argumentos a los funcionarios de la Reserva Federal que favorecen mantener sin cambios su tasa clave, en torno al 3,6%, al tiempo que la inflación desciende de manera sostenida por sí sola a medida que se diluyen esos factores temporales. Sin embargo, los funcionarios de la Reserva Federal están profundamente divididos sobre los próximos pasos a seguir, y la inflación podría repuntar en los próximos meses, especialmente si se intensifican los conflictos en Oriente Medio.

Los precios de la gasolina bajaron un 2,9% entre junio y julio, según el informe de inflación, y los precios de los alimentos también descendieron ligeramente, con una caída del 0,1%. No obstante, el costo de los alimentos sigue siendo un 2,7% más alto que hace un año.

Las tarifas hoteleras cayeron un 2,8% tan solo entre junio y julio, lo que probablemente refleje la conclusión del Mundial de fútbol. El costo de la ropa aumentó apenas un 0,1%, aunque acumula una subida del 3,9% en el último año.

Sin embargo, otros productos se están encareciendo a mayor velocidad: los precios de las computadoras aumentaron un 3,5% entre junio y julio, lo que refleja la decisión de Apple de incrementar considerablemente los precios de sus computadoras y tabletas, dado que el gasto en inteligencia artificial ha elevado el costo de los semiconductores.

Asimismo, las tarifas aéreas subieron un 2,2% entre junio y julio, reflejando el costo del combustible para aviones, que se ha disparado al alza a la par del precio del petróleo.

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Los aumentos de precios se han mantenido por encima del objetivo del 2% de la Fed durante más de cinco años, lo que sugiere que intervienen factores que van más allá de lo transitorio.

El costo de servicios como la atención médica, las comidas en restaurantes y el mantenimiento de automóviles está aumentando en promedio a más de 3% anual, y no son particularmente sensibles a los precios de la gasolina o a la inversión en IA. Sin embargo, esa cifra ha bajado respecto al 3,2% de junio.

La inflación crece, los salarios no

El aumento de los costos de los servicios a menudo refleja salarios más altos, ya que las empresas cobran más para compensar el costo de una mayor remuneración. Pero los ingresos no están creciendo lo suficientemente rápido como para sostener la inflación, señalan los economistas.

Es una situación desconcertante que ha dejado a muchos economistas —y a funcionarios de la Reserva Federal— buscando más información para determinar hacia dónde se dirige la inflación.

“Se tienen todas estas cosas que simplemente no son como solía comportarse la economía”, indicó Diane Swonk, economista jefe de KPMG.

Para muchos consumidores, años de fuertes aumentos en los precios de los comestibles los han llevado a adoptar una amplia gama de estrategias para sobrellevarlo, desde comparar precios, hasta usar cupones, hasta reducir la compra de alimentos favoritos.

Algunos minoristas, como Walmart, han respondido revirtiendo los precios de los alimentos, una tendencia que podría haber reducido las cifras de inflación de julio. Sin embargo, muchas otras empresas todavía mantienen costos más altos.

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La compañía de pinturas Sherwin-Williams está planeando un aumento de precios del 8% efectivo el 1 de septiembre para compensar mayores costos de materias primas, dijo a los analistas a finales del mes pasado la directora ejecutiva Heidi Petz. Señaló que, debido a las sólidas relaciones de la empresa con los proveedores, ha logrado retrasar los aumentos de precios hasta ahora.

“Estamos viendo el impacto de los precios más altos del petróleo y las presiones de costos relacionadas, y esperamos una volatilidad continua durante el resto del año”, subrayó.

Las tasas de interés podrían ser parte de la solución

El informe del miércoles llega en momentos en que la Reserva Federal está fuertemente dividida sobre si debería aumentar su tasa clave de interés para combatir la inflación. La Fed mantuvo su tasa sin cambios, en torno al 3,6%, en una reunión a finales del mes pasado. Pero la votación fue 9-3, con tres disidentes a favor de un aumento de tasas.

Y en una conferencia de prensa del 29 de julio en que explicó la decisión, el presidente Kevin Warsh fue impreciso sobre los próximos pasos de la Fed, en consonancia con su enfoque de frenar la disposición previa del banco central a señalar si estaba preparado para subir o bajar los costos de endeudamiento.

“Si la inflación continúa elevada... las tasas de interés bien podrían ser parte de esa solución”, dijo. “Pero no diría que sea de manera aislada”.

Las tasas de interés a largo plazo subieron después de los comentarios de Warsh, lo que sugiere que los inversionistas temían que la inflación pudiera empeorar en los próximos meses y que la Fed podría no elevar los costos de endeudamiento para combatir el aumento de los precios.

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Para complicar las cosas, el gobierno indicó la semana pasada que los empleadores habían recortado empleos en julio, una señal de posible debilidad económica. La Fed suele evitar aumentos de tasas cuando la contratación flaquea, porque mayores costos de endeudamiento podrían desacelerar aún más la economía.