Las tarjetas amarilla y roja, hoy indispensables en cualquier partido de futbol, no siempre existieron. Su creación fue obra del árbitro inglés Ken Aston, quien ideó este sistema para que jugadores, entrenadores y aficionados entendieran las decisiones arbitrales sin importar el idioma.
¿Quién inventó la tarjeta amarilla y roja en el futbol?
La idea surgió mientras Ken Aston esperaba en un semáforo: los colores amarillo y rojo le dieron la solución a un problema que confundía a jugadores de distintos idiomas
Antes de su implementación, los árbitros solo podían advertir o expulsar verbalmente a los futbolistas, lo que provocaba confusión durante los encuentros internacionales.
El partido que inspiró el cambio
La idea nació tras el llamado "Batalla de Santiago", un partido entre Chile e Italia disputado durante el Mundial de 1962.
Ken Aston fue el encargado de dirigir ese encuentro, considerado uno de los más violentos en la historia de las Copas del Mundo. Apenas transcurridos 12 segundos se cometió la primera falta y, minutos después, Aston intentó expulsar al italiano Giorgio Ferrini por una agresión.
El problema era que el árbitro no hablaba italiano y el jugador se negó a abandonar el campo. Sus propios compañeros y personal de seguridad tuvieron que sacarlo por la fuerza. Más tarde ocurrió una situación similar con otro futbolista, dejando en evidencia la necesidad de contar con una señal universal.
Tiempo después, mientras conducía de regreso a casa tras un partido en el estadio de Wembley, Aston se detuvo frente a un semáforo y tuvo una idea.
Pensó que los mismos colores utilizados en el tránsito podían servir en el fútbol:
- Amarillo para advertir al jugador.
- Rojo para indicar la expulsión inmediata.
El sistema eliminaba cualquier barrera del idioma y permitía que todos comprendieran de inmediato la decisión del árbitro.
Debutaron en el Mundial de México 1970
Las tarjetas amarilla y roja se utilizaron por primera vez durante la Copa Mundial de la FIFA México 1970.
Su implementación fue un éxito inmediato porque facilitó la comunicación entre árbitros y futbolistas, además de hacer mucho más claras las decisiones para los aficionados dentro y fuera del estadio.









