"Están danzando con Jesús": las familias se reúnen para dar el último adiós a las víctimas de la tragedia de Texas
Tras unas emotivas palabras dadas por el pastor Frank Pomeroy, quien perdió a su hija en la matanza, cientos de personas se reunieron junto a la familia de Ricardo y su esposa Teresa Rodríguez para llevar a cabo los primeros sepelios de las víctimas de la matanza de First Baptist Church.
Un semana después del tiroteo que se presentó en First Baptist Church, Texas y que dejó a 26 personas muertas, la conmoción continúa en Sutherland Springs. Desde este sábado, familiares y pobladores se han reunido para asistir a los primeros sepelios de las víctimas.
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En este pueblo, a unas 40 millas de la ciudad de San Antonio, que se ha definido así mismo como "una pequeña familia" en la que todos se conocen con todos, las carrozas fúnebres han marcado un triste panorama.
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El domingo 5 de noviembre, Devin Patrick Kelley arremetió a tiros contra la iglesia First Baptist Church dejando 26 víctimas y convirtiendo esta en la matanza más mortífera de la historia de Texas. El tiroteo dejó totalmente desmembrado este pueblo.
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Durante toda la semana se dispusieron 26 cruces para recordar a las víctimas y para que los familiares pudieran darle el último adiós a sus parientes. La familia de Ricardo y su esposa Teresa Rodríguez se reunió este sábado en sus cruces antes de que tuviera lugar el sepelio.
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Después de que sus familiares se despidieran en las cruces que se pusieron en frente de la iglesia a manera de conmemoración, los cuerpos de Ricardo y Teresa Rodriguez fueron enterrados el cementerio de Sutherland Springs.
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Aunque las ceremonias fúnebres estaban dispuestas para que ocurrieran en el centro comunitario en frente de First Baptist Church, el lugar de la masacre, la afluencia de cientos de pobladores que se desplazaron al pueblo para acompañar a las familias obligó a mover el oficio a una gran carpa dispuesta en el un campo de baseball.
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El pastor Frank Pomeroy dio un emotivo sermón sin lograr que la voz no se le quebrase: "En lugar de elegir la oscuridad como lo hizo ese joven ese día, elegimos la vida", dijo Pomeroy, cuya hija de 14 años estuvo entre los asesinados, para luego añadir: "Les garantizo que hoy todos están danzando con Jesús".
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Durante la ceremonia, las primeras tres filas fueron reservadas para los sobrevivientes del ataque y las familias de los asesinados. Veintiséis sillas quedaron vacías en honor a los que fueron asesinados.