Del distrito péndulo al escaño seguro: así fue como Carolina del Norte rediseñó su mapa

Cada vez más personas viven en zonas con votantes de ideas afines y los distritos electorales indecisos se han visto afectados desde que el presidente Donald Trump inició una inusual redistribución de distritos a mitad de década el año pasado, por eso, el impacto es evidente en un distrito de Carolina del Norte que pasó de ser competitivo a ser sólidamente republicano.

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En 2022, el demócrata Wiley Nickel se postuló como moderado y ganó por estrecho margen el 13.° Distrito Congresional de Carolina del Norte por unos 9,000 votos. Dos años después, el actual congresista, el republicano Brad Knott, se postuló como conservador y llegó a la Cámara de Representantes de EEUU con holgura y más de 70,000 votos de ventaja.

Los votantes no cambiaron de opinión. Los políticos cambiaron a sus votantes.

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La legislatura controlada por los republicanos rediseñó el mapa congressional del estado para transformar el que era uno de los últimos distritos péndulo ( swing districts) que quedaban en el Sur en un escaño seguro para el Partido Republicano. Los legisladores dividieron el distrito 13, de forma rectangular, en una figura de reloj de arena que excluyó a los votantes demócratas de Raleigh y los reemplazó con una franja de condados rurales que se extienden hasta la frontera con Virginia.

Los escaños disputados —es decir, un distrito que un candidato presidencial ganó por 5 puntos porcentuales o menos en la elección anterior— están desapareciendo del mapa nacional. Durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el número de escaños competitivos en la Cámara baja se fue erosionando lentamente a medida que Estados Unidos se volvía más polarizado, los votantes eran menos propensos a dividir su voto ( split-ticket) entre partidos y la gente se mudaba cerca de vecinos afines a su ideología, creando bastiones demócratas en áreas urbanas y republicanas en la América rural.

Esa disminución se aceleró durante el último año después de que el presidente republicano Donald Trump desencadenara una batalla partidista por la redistribución de distritos. El número de distritos péndulo cayó de 45 a 37. Había 96 escaños en la Cámara que encajaban en la definición moderna de un distrito disputado en 1964, según un recuento de la década de 1970, cuando se señaló por primera vez la reducción en el número de tales distritos.

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Esto significa que la abrumadora mayoría de los escaños de la Cámara se ganan de hecho en las elecciones primarias, con el apoyo de solo una fracción de los votantes que por lo general se encuentran en el extremo ideológico de su partido.

Nickel experimentó el impacto de primera mano durante su único mandato en Washington.

“La mayor división que encontré en el Congreso no fue demócratas contra republicanos, sino escaños seguros contra escaños competitivos”, dijo Nickel. “Cuando tu enfoque es hacer una campaña en la que hablas con cada votante, ves las cosas de manera diferente y tu objetivo es resolver problemas”.

Unite America, una organización que promueve alternativas a las primarias partidistas, calculó que el 87% de los representantes elegidos a la Cámara en 2024 fueron elegidos por el 7% de los votantes del país.

“Los votantes no tienen forma de responsabilizar al Congreso, salvo en la ventana estrecha de los distritos disputados”, señaló Nick Troiano, director ejecutivo del grupo, en una entrevista, y añadió que espera que la situación empeore en noviembre. “La elección menos competitiva de nuestras vidas conducirá al Congreso menos responsable y menos representativo de nuestras vidas”.

Un campo de batalla estrecho se expande ligeramente en un año impredecible de elecciones de mitad de mandato ( midterms) Los republicanos esperan que el menor número de escaños competitivos imponga un límite bajo a lo que los demócratas pueden ganar el 3 de noviembre.

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“Ambos bandos están luchando por un campo de batalla estrecho en la Cámara”, dijo Mike Marinella, portavoz de la Campaña Congresional Nacional Republicana. “Es una pelea de cuchillos en un callejón oscuro”.

Es posible que este año el callejón se esté ensanchando, pero sigue siendo un callejón.

Los demócratas han ampliado sus objetivos políticos, ante la impopular guerra con Irán y la frustración de los votantes por los precios altos. Ambos partidos están gastando en campañas en áreas republicanas que normalmente no serían competitivas.

Sin embargo, incluso en lo que se perfila como un entorno político difícil, los republicanos están protegidos por el número limitado de escaños en juego.

“Incluso si se produce el tipo de giro que tuvimos en 2006, no van a cambiar de manos 40 escaños. Van a cambiar 20 escaños”, afirmó Ian Shapiro, politólogo de la Universidad de Yale.

Existe un debate de larga data entre los académicos sobre cuánto de esta disminución se puede achacar a la redistribución de distritos con motivación partidista, conocida como gerrymandering, y cuánto a la creciente propensión de los estadounidenses a vivir entre personas afines que votan de la misma manera. Múltiples estudios han descubierto que, sin el gerrymandering partidista, la Cámara tendría aproximadamente el doble de escaños competitivos de los que tiene ahora.

En lo que la mayoría coincide es en que la disminución de escaños competitivos conduce a una mayor polarización, ya que los legisladores solo rinden cuentas ante los votantes de las primarias.

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“Produce más alienación porque el Congreso no hace otra cosa que investigaciones y posicionamiento político”, indicó Shapiro.

Analizar los números y tomar una decisión

Nickel decidió no postularse para la reelección tras analizar los resultados electorales desde 2016 y descubrir que ningún titular demócrata había logrado retener un escaño donde Trump obtuvo el 55% o más de los votos. Trump recibió el 58% de los votos en el nuevo distrito.

Nickel, quien había presentado un proyecto de ley para exigir a todos los estados el uso de un sistema de redistribución de distritos no partidista, declaró al principio que se postularía para el Senado de EEUU porque los escaños estatales no se pueden manipular mediante gerrymandering. Pero cuando el exgobernador Roy Cooper anunció que competirá por la nominación demócrata, Nickel cambió de planes para postularse como fiscal de distrito ( district attorney) del condado de Wake, el condado de tendencia profundamente demócrata que quedó en gran parte excluido del distrito 13.

Nickel ganó la primaria demócrata y asumirá el cargo en enero. Ningún republicano se postuló.

Esto pone de relieve cómo Carolina del Norte y el país se han segregado efectivamente por partido político.

“Si simplemente trazas grandes bloques alrededor de un estado, vas a obtener distritos no competitivos porque estamos muy polarizados”, explicó Joshua Huder, politólogo de la Universidad de Georgetown.

A una hora de distancia, un estado muy diferente

Solo el 15% de los recintos electorales ( precincts) de Carolina del Norte podrían clasificarse como políticamente competitivos, según Michael Bitzer, politólogo del Catawba College en Carolina del Norte.

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“Para el ciudadano promedio de Carolina del Norte, dependiendo de dónde viva, si conduce durante una hora en cualquier dirección, estará en un Carolina del Norte muy diferente al lugar donde vive”, apuntó.

Ese es sin duda el caso al viajar desde el antiguo distrito 13 hasta el nuevo. Desde las torres de oficinas, los cafés y los restaurantes gourmet del centro de Raleigh que formaban parte del competitivo distrito 13, hay un trayecto de unos 90 minutos en coche hacia el norte a través de las urbanizaciones y las granjas de soja y tabaco que son el corazón del nuevo distrito conservador.

Aquí, pocos hablan de la carrera congresional. Si bien muchos expresan su descontento con el rumbo del país, no ven ninguna razón para votar por alguien que no sea republicano.

“Es simplemente lo que siempre he sido”, dijo Linda Long, de 62 años, una republicana del pueblo de Roxboro que trabaja en el Walmart local.

George Scott, un ingeniero arquitectónico jubilado en Franklinton, siente una aversión visceral hacia Trump, pero también es republicano de toda la vida y espera seguir votando de esa manera.

“Es solo una persona”, comentó Scott, de 75 años, en referencia al presidente.

Los demócratas juegan sus cartas en un distrito de pocas probabilidades

A esto se enfrenta Paul Barringer.

El candidato demócrata que se enfrenta a Knott confía en dar la sorpresa en un año en el que incluso los miembros republicanos en escaños seguros como el distrito 13 están haciendo campaña con miedo. Ni la oficina de Knott ni su campaña respondieron a una solicitud de entrevista.

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Una tarde reciente, Barringer condujo su Toyota Land Cruiser 2011, con sus dos perros en la parte trasera, hasta la casa de Mary Blank, quien dirige la sección del grupo liberal Indivisible en el condado de Johnston, una zona conservadora de rápido crecimiento situada a las afueras de Raleigh.

Barringer, un exabogado del sector salud que regresó de Maryland a la granja de árboles del distrito donde creció para cuidar a su madre enferma, contó que antes era republicano pero cambió de partido para postularse, con la esperanza de atraer a votantes de todas las tendencias.

“Creo que la gente está descontenta con las cosas que están pasando”, dijo Barringer. “Quieren gente que encuentre formas de trabajar junta”.

En el porche trasero de la casa, fue recibido con entusiasmo por una autoproclamada minoría política de liberales en esa zona conservadora. En un momento dado, Barringer recordó la ardua tarea de curar el tabaco y pidió a todos los que habían pasado por ese rito de iniciación rural de Carolina del Norte que levantaran la mano. Nadie lo hizo.

“¡Todos somos de fuera!”, exclamó una mujer.

Había una emoción palpable, especialmente después de que Barringer señalara que los demócratas a nivel nacional habían incluido el escaño en una lista de lugares a seguir para una posible sorpresa. Blank, una profesora de estudios sociales jubilada de 73 años originaria de Nueva Jersey, dijo que eso le dio esperanza, pero se mostró realista sobre la dinámica local.

“He estado diciendo todo el tiempo que no creo que Paul pueda ganar”, afirmó Blank.

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Linwood Parker coincide. “Nos están vendiendo humo”, dijo Parker, el alcalde de 78 años de Four Oaks —un pueblo situado a 42 kilómetros al sur de la casa de Blank—, sobre las esperanzas de los demócratas de ganar el distrito.

Parker es un republicano de toda la vida que sabe muy bien que el gerrymandering es una tradición de décadas en Carolina del Norte. Los demócratas solían aplicarlo implacablemente para mantener el control de la legislatura y la delegación congresional hasta que perdieron el poder en la ola de 2010. Ahora son los republicanos quienes moldean los mapas para beneficiar a su partido.

Parker lo aprueba a pesar de señalar que no es fanático del gerrymandering ni de la polarización que ha carcomido la confianza bipartidista en la sociedad.

“La redistribución de distritos es solo una de las herramientas que los republicanos, cuando están en el poder, tienen que utilizar”, declaró Parker. “De lo contrario, es como decir que cuando juguemos a este partido de béisbol, nosotros tendremos tres outs y a ustedes les daremos dos”.