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El ex gobernador republicano del estado de Florida, Jeb Bush.

Mi plan tributario para un crecimiento económico del 4%

Mi plan tributario para un crecimiento económico del 4%

Jeb Bush, exgobernador de Florida y aspirante a la nominación presidencial del Partido Republicano, presentó su plan tributario.

El ex gobernador republicano del estado de Florida, Jeb Bush.
El ex gobernador republicano del estado de Florida, Jeb Bush.

Por Jeb Bush (*)

Bajo la presidencia de Obama, los estadounidenses han sufrido seis años de aumentos de impuestos, regulaciones interminables, vastos programas federales nuevos y $8 billones en deuda ($8 trillion). El Presidente nos dijo que este “estímulo” reactivaría la economía. En cambio, tenemos una economía anémica que apenas crece 2 por ciento al año. Es lo que algunos llaman “la nueva normalidad”, pero no es algo que podamos aceptar si vamos a restablecer la oportunidad de que todos los estadounidenses asciendan y logren el éxito.

Devolver el derecho a ascender en Estados Unidos requiere acelerar el crecimiento, y eso no se puede hacer sin una revisión completa del código tributario estadounidense.

En la actualidad, nuestro código tributario es un laberinto plagado de miles de ventajas fiscales para intereses particulares, subsidios y otros provechos creados para favorecer a personas privilegiadas en Washington. Solo el ejército de revisores fiscales y cabilderos podría amar sus 80 000 páginas, porque ellos lo escribieron.

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El codigo esta ajustado para favorecer a unas industrias por encima de otras. Penaliza a las personas por superarse en la escala económica. Brinda deducciones fiscales para los costos de préstamos, lo cual alienta a las empresas a asumir demasiada deuda y aumenta las preocupaciones sobre la fragilidad financiera, en vez de enfocarse en verdaderas inversiones en bienes y creación de empleo.

Bajo crecimiento, capitalismo de favoritismo y deuda fácil; en pocas palabras, esa es la agenda económica del Presidente Obama, y nuestro código tributario ha ayudado a hacerlo posible. Ya es hora de un cambio.

El miercoles 9 de septiembre revelaré el plan que, como presidente, presentaré al Congreso y convertiré en legislación como Ley de Reforma y Crecimiento de 2017. Mi plan se enfoca en lograr tres objetivos principales:

En primer lugar, quiero rebajar los impuestos y hacer que el código tributario sea sencillo, justo y transparente; fácil de entender y sencillo como para que las personas puedan llenar sus propias planillas de impuestos.

Recortaremos las tasas de impuestos individuales de siete categorías a tres: 28 por ciento, 25 por ciento y 10 por ciento. Al 28 por ciento, la categoría impositiva más alta volvería a donde estaba cuando el Presidente Ronald Reagan firmó su monumental y exitosa ley de reforma de los impuestos de 1986.

Una vez establecida la reforma, unos 15 millones de estadounidenses ya no tendrán que pagar impuesto sobre la renta. El plan casi duplicará la deducción estándar que se otorga en la actualidad a cerca de dos tercios de los contribuyentes. Vamos a eliminar el impuesto de penalización al matrimonio; ampliar el crédito tributario por ingreso laboral; poner fin al impuesto de sucesiones; retirar el ingreso alternativo mínimo gravable y acabar con la participación en los impuestos del Seguro Social para trabajadores mayores de 67 años.

En segundo lugar, quiero eliminar las enrevesadas lagunas fiscales creadas en el código por los cabilderos. Durante años, las personas más ricas han deducido más ingresos que las demás. Conservaremos la deducibilidad de las contribuciones de caridad, pero limitaremos las deducciones usadas por los millonarios y los intereses especiales en Washington, permitiéndonos reducir las tasas de impuestos de manera universal para todos. Y mientras hacemos eso, trataremos de la misma manera todos los ingresos que no provengan de inversión, así que a no ser que usted participe con capital en una inversión, no podrá reclamar una tasa fiscal sobre ganancias de capital en sus ganancias bursátiles.

En tercer lugar, creo que nuestro código tributario ya no debería ser un impedimento para nuestra competitividad con China, Europa y el resto del mundo. Los liberales le dirán que necesitamos muros y tarifas para proteger nuestros negocios de competidores internacionales. Están equivocados; lo que necesitamos es una reforma tributaria. Para evitar que las compañías estadounidenses se vayan del país, reduciré la tasa de impuestos corporativa del 35 por ciento "el más alto en el mundo industrial", a solo 20 por ciento, que es cinco puntos porcentuales por debajo de la de China.

Vamos a acabar con la tributación a los negocios internacionales de empresas estadounidenses, pues fomenta la insidiosa práctica de la “reversión”. Es decir, cuando pequeñas empresas extranjeras compran grandes empresas de Estados Unidos para que ambas puedan disfrutar de la tasa tributaria más baja posible, lo cual nos cuesta puestos de trabajo e ingresos. Y vamos a evaluar un impuesto único del 8,75 por ciento sobre los más de $2 billones de beneficios corporativos obtenidos en el extranjero antes de la aprobación de la nueva ley de impuestos.

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También vamos a permitir que las empresas deduzcan de inmediato y de manera total nuevas inversiones de capital: un paso fundamental para aumentar la productividad y los salarios de los trabajadores. Para cubrirlo, eliminaremos la mayoría de las deducciones tributarias corporativas "que es cuando los favores y el cabildeo son más comunes", y daremos por terminada la deducción por costos de endeudamiento. Dicho descuento fomenta modelos de negocio que dependen de deudas considerables.

Cuando logremos estas grandes reformas, el resultado será un código tributario mucho más sencillo, reducido y justo.

Sé que estas políticas funcionan porque lo he hecho antes. Como gobernador de la Florida, recorté impuestos todos los años hasta devolver un total de $19 mil millones a los floridanos. Nuestra economía despegó y creció a una tasa promedio de 4,4 por ciento. Los hogares vieron mayores ingresos, y los ingresos medios aumentaron un promedio de $1 300. Nuestro clima pro-crecimiento creó 1,3 millones de nuevos puestos de trabajo. Y todo lo hicimos mientras equilibramos el presupuesto durante ocho años seguidos y aumentamos nuestro fondo de emergencia hasta $8 mil millones.

Al enfocarnos en la reforma tributaria, como lo hice en la Florida, Estados Unidos también puede crecer más rápido. Pero dicha reforma, entre otras, es solo parte de lo que debemos hacer. Todavía debemos reducir las regulaciones que tanto ahogan a nuestra economía, especialmente a nuestras granjas, fábricas y centrales de energía. Tenemos que arreglar nuestro estropeado sistema de inmigración para que ayude a impulsar una economía en crecimiento. Tenemos que sacar el máximo provecho de la revolución energética en Estados Unidos. Por último, debemos transformar nuestro sistema educativo para que todos los niños estén preparados para tener éxito en la universidad y en el trabajo, y para participar plenamente en la economía que estamos tratando de construir. En conjunto, estas políticas desatarán mayor inversión, salarios más altos y un crecimiento económico del 4 por ciento sostenido, mientras reducimos el déficit.

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Para lograr estas políticas, tenemos que cambiar la manera en que funciona Washington. Y tenemos que cambiar a quien enviamos allá para liderar. Eso es lo que mi plan económico logrará, y es por eso que me estoy postulando para ser presidente.

(*) Jeb Bush fue Gobernador de la Florida desde 1999 hasta 2007 y es candidato a la nominación republicana a la presidencia.

Nota:

La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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