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Trabajadores agrícolas.-

La inconveniente realidad de subir el salario mínimo

La inconveniente realidad de subir el salario mínimo

Danuel Garza, director ejecutivo de Iniciativa LIBRE, comenta sobre los inconvenientes de subir el salario mìnimo.

Trabajadores agrícolas.-
Trabajadores agrícolas.-

Daniel Garza, Director Ejecutivo de Iniciativa LIBRE, @Danielggarza

La gran mayoría de los candidatos de la izquierda, los populistas, tienen como uno de sus eslóganes favoritos “Vota por mí y yo aumentaré el salario mínimo para que puedas vivir cómodamente”. En esa generalización está el peligro. Si las cosas fueran así de fácil, todos los candidatos tomarían la misma postura. La realidad es que el aumento del salario mínimo, como herramienta económica, es mucho más complejo que un eslogan y es necesario reflexionar sobre lo que está en juego.

Al igual que en otros temas políticos, existen muchos mitos y confusiones en torno a este tema. El principal es que el lado conservador repudia todo esfuerzo por aumentar el sueldo para los trabajadores porque obra por proteger a los más ricos. En realidad, es todo a lo contrario; cualquier resistencia sobre el tema tiene que ver con las consecuencias que desatan tales políticas sobre los más vulnerables.

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¿Por qué no simplemente aumentar el ingreso mínimo de 7.25 dólares unos cuantos dólares más para que un millón y medio de personas que actualmente reciben este salario mejoren su bienestar a través de su labor?

La respuesta corta es que cuando sube el costo laboral, especialmente en tiempos de crisis económica, el resultado es menos demanda por parte del trabajador. Sin duda, toda persona que preservara su trabajo después del cambio de ley recibiría más dinero. Pero, las proyecciones también señalan que aquellos que serán despedidos por el aumento de sueldo pagarán caro, ya que los que sufren el golpe suelen ser los pobres. Los que pierden sus trabajos, son los pobres. Las áreas en las cuales cierran las puertas los negocios son los vecindades pobres. A quienes se les cierran las oportunidades de nuevo empleo es a nuestros jóvenes de hogares pobres.

Si esto suena como exageración es imperativo prestar atención a quienes tienen mayor conocimiento en la materia. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) pronosticó una pérdida de aproximadamente 500,000 trabajos. Cuando el Congreso aumentó el salario mínimo un 10.6 por ciento en el 2009, más de 600,000 jóvenes perdieron sus trabajos. Actualmente, el salario mínimo contribuye significativamente al desastre fiscal por el que atraviesa Puerto Rico, donde la ley ha contribuido a un alto nivel de desempleo según el Washington Post.

Antes de continuar, es importante llamar la atención de que aproximadamente un tercio de los trabajadores que reciben salario mínimo tienen entre 16 y  19 años de edad, según la oficina de estadísticas laborales (Bureau of Labor Statistics). Incluso, la Fundación Heritage señaló que el 62% de quienes trabajan por el salario mínimo y tienen menos de 25 años están matriculados en alguna institución académica. La verdad es que la gran mayoría no tienen ninguna intención de hacer de su trabajo actual una carrera profesional.

La intención principal de obtener un primer trabajo es recibir aprendizaje y adiestramiento -y los empleos que pagan el salario mínimo rinden esa capacitación necesaria, especialmente a nuestra juventud-. En palabras más simples de entender, para lograr un trabajo bien pago un joven necesita mostrar experiencia y para tener experiencia requiere haber trabajado.

Otras consideraciones incluyen un número alarmantes de previsiones: ¿qué decirles a quienes perderán su empleo de tiempo completo y serán convertidos a tiempo parcial?; ¿qué hacer con quienes ganan ya la nueva cifra?; ¿qué pasará con el dueño de un negocio que pierde su margen de ganancias por el aumento del salario?; ¿qué hacer con los negocios que tienen que cerrar al no poder sostener el cambio?; y ¿qué le decimos a los clientes y consumidores que tendrán que sufrir el costo en precios más altos y menos crecimiento de trabajos en sus comunidades?

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Un aumento en salario para unos, a fuerza de ley, no aliviará las consecuencias desatadas para muchos otros "los cientos de miles que pagarán más altos costos, serán despedidos de sus puestos, o tendrán que cerrar las puertas de sus pequeños negocios por no poder solventar el aumento del costo laboral". En últimas, las ramificaciones serán fatales para los más vulnerables "que son muchos y que apenas están sobreviviendo en una economía actualmente estancada".

Hay una mejor manera de hacer las cosas. El camino recorrido nos ha mostrado que la mejor herramienta para aumentar las oportunidades para todos es una economía creciente. Después de todo, es un mercado libre y vibrante --un mercado dinámico-- el que obliga a los dueños de negocios a competir por trabajadores y aumentar los sueldos de sus mejores empleados. Hay que tener fe en el sistema económico que nos ha convertido en el país más próspero del mundo. Las evidencias señalan que en el 2014 el mercado pagó más allá del salario mínimo al 96% de los empleados por horas.

Otra herramienta para aliviar la pobreza es el Crédito de Ingresos Ganados (o Earned Income Tax Credit, EIC). Esta exención tributaria devuelve a individuos calificados, a esos que trabajan, una porción de los impuestos que pagan. Lo notable aquí es que induce a las personas a trabajar y, muy distinto al sueldo mínimo, nadie cree que reduce los espacios de empleo.

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En fin, quien haya tenido que hablar a favor o en contra de un aumento en el sueldo mínimo, sea al nivel estatal o federal, aceptará, por lo menos, que existen incógnitas y dudas que merecen nuestra reflexión y deliberación. Apelar al gobierno para que realice cambios en la ley que sirvan para mejorar la circunstancia de la ciudadanía es un derecho instituido en la primer enmienda de nuestra Constitución. Para la comunidad Latina, este derecho debe ser intransferible. Lo menciono porque existen aquellos que tratan de cerrar la discusión y demonizar a los que resisten "nadie debe menospreciar las preocupaciones expresadas por voces como la de nosotro " ya que cederle más y más control a nuestro gobierno federal no es cosa trivial.

Entiendo que el tema del sueldo mínimo suele provocar emociones fuertes --es natural--, cada lado siente en su corazón estar argumentando a favor de los más vulnerables en nuestra sociedad. En muchos casos, al percibir alguna oposición a la postura propia en relación a este tema, la persona equivocadamente asume que el lado opuesto opera en contra de los más pobres. Hay que ser más sensatos en este aspecto y dar por hecho que los dos lados buscan mejorar la condición de los más pobres en nuestra sociedad.

Al reconocer este importante contexto, solo nos queda resaltar la urgencia de dialogar de la manera más constructiva. Es lo menos que podemos hacer.

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