Para Carolina Mitchell Molina, la rutina matutina de trabajo suele estar guiada por el cruce entre la psicología, el derecho migratorio y las recomendaciones de un algoritmo. Como consejera profesional licenciada (LPC) en el estado de Virginia, Carolina Molina se dedica a realizar evaluaciones psicológicas para inmigrantes que atraviesan complejos procesos legales en Estados Unidos.
Un agente de ICE apunta con su arma a una ciudadana estadounidense que pregunta sobre un operativo
Carolina Mitchell Molina visita abogados para ofrecer sus servicios como terapeuta; una ruta que le indicó su GPS la puso frente al arma de una agente federal.
Su misión del día es normalmente recorrer las calles del norte de Virginia para repartir tarjetas de presentación e ir tejiendo redes con abogados de migración locales.
En busca de optimizar su ruta, Carolina recurrió a ChatGPT. Le indicó su ubicación de origen y le pidió una lista de bufetes jurídicos en el área. La herramienta le arrojó 10 opciones. Con esa hoja de ruta digital, subió a su auto deportivo azul y tomó las arterias de Leesburg Pike y Columbia Pike, rumbo a la ciudad de Falls Church.
Al llegar a un centro comercial sobre Columbia Pike, visitó a dos abogados. Sin embargo, al salir a la calle, se percató de que en la lista se le había pasado una tercera oficina. Para no dejar el trabajo a medias, giró a la derecha en Columbia Pike y, pocos metros adelante, la escena cotidiana se transformó abruptamente.
A través de su ventana, Carolina presenció cómo agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) arrestaban a dos hombres hispanos. Aunque la tentación de pasar de frente y continuar su camino era grande, la situación la conmovió.
Carolina hizo una maniobra de retorno en U, cruzó el semáforo, giró nuevamente y se adentró en el complejo de edificios donde se concentraba el operativo, en una zona de alto tráfico y llena de comercios locales. La cámara del tablero ( dashcam) de su vehículo comenzó a registrar cada movimiento.
Al pasar cerca de un automóvil donde caminaba uno de los agentes de ICE, Carolina, amparada en su condición de ciudadana estadounidense, bajó la ventanilla y preguntó al oficial sobre el procedimiento en curso. La reacción del agente fue inmediata y hostil.
Sin previo aviso, varios vehículos sin insignias y con cristales polarizados cercaron el pequeño automóvil azul de Carolina. Un carro le bloqueó el paso de frente mientras otros tres o cuatro se encajonaban por detrás, dejándola sin vía de escape.
El mismo agente al que había preguntado descendió del auto frontal, desenfundó su arma de fuego y apuntó directamente a la cabeza de Carolina.
"En ese instante no sentí miedo, estaba en shock", recuerda Carolina. "Solo pensaba: '¿De verdad estás haciendo esto? ¿Por qué nos están persiguiendo?".
Con el arma encañonándola, la atmósfera se volvió densa. Mientras Carolina sacaba su teléfono móvil para registrar el incidente, percibió que los agentes comenzaban a coordinar una narrativa entre ellos para justificar la detención táctica: aseguraban que ella había intentado atropellarlos.
"Ella intentó atropellarnos, nos trató de arrollar", comenzaron a repetirse los agentes unos a otros. La acusación no era menor; recordaba trágicos antecedentes nacionales donde acusaciones similares concluyeron en desenlaces fatales, como el caso de Renee Good.
Yo nunca intenté atropellar a nadie; yo tengo un carro que me encanta, jamás le haría daño ni soy ese tipo de persona.Carolina Molina
Con la voz firme, Carolina Molina confrontó la narrativa de los oficiales señalando el dispositivo pegado a su parabrisas: "Tengo una dashcam. Todo está grabado en mi dashcam", afirmó a los agentes.
La mención de la cámara de video cambió el rumbo de la confrontación. Ante la evidencia digital inminente, los agentes desistieron de la detención, desbloquearon el paso y la dejaron marchar.
Aunque aún le quedaban varios despachos jurídicos por visitar, el impacto del encuentro obligó a Carolina a dar por terminada la jornada y regresar a casa. "Me acaban de apuntar con una pistola en la cara; el día se terminó aquí", pensó.
El impacto emocional no la alcanzó en el lugar de los hechos, sino horas más tarde, al procesar la fragilidad de la situación y la vulnerabilidad a la que se enfrentan a diario miles de personas en las comunidades hispanas.
"Me sentí profundamente agradecida con Dios de estar sana y salva con mi familia, porque sé cuánta gente ha muerto en situaciones con ICE y el miedo constante con el que vive nuestra comunidad. No hay justicia", reflexiona Carolina Molina a través de una llamada con N+ Univision en la que compartió todos los detalles de ese encuentro con los agentes federales.
A pesar del miedo y la amenaza directa a su vida, la consejera reafirma el propósito que la llevó a recorrer las calles de Falls Church esa mañana: seguir trabajando al lado de la comunidad hispana y ofrecerles el apoyo profesional y humano que necesitan para resistir; hoy ella misma se siente más cercana a una realidad que parece va a empeorar antes de mejorar.