'La frontera mata': activistas protestan por la construcción del 'muro inteligente' proyectado por Trump
Activistas de la localidad fronteriza de Lochiel (Arizona) han organizado una sentada pacífica porque como consecuencia del 'muro inteligente' de Trump critican que están exterminando los ecosistemas. Denuncian que han talado varios álamos centenarios que aseguran, deberían ser especies protegidas.
Activistas del medio ambiente llevan semanas defendiendo el último de cuatro álamos que ha quedado en pie en la ciudad fronteriza de Lochiel (Arizona). Los están talando para construir el 'muro inteligente' proyectado por Donald Trump.
Rebecca Noble/REUTERS
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El álamo es el último de cuatro árboles de una especie que se cree que ha permanecido junto a la frontera entre Estados Unidos y México entre 100 y 200 años. Los contratistas del Departamento de Seguridad Nacional talaron los tres primeros árboles el pasado 27 de julio .
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Los conservacionistas de la zona se han unido para defender el árbol que aún queda, criticando duramente al Departamento de Seguridad Nacional por no haber elegido una ruta alternativa que no implique la tala de los árboles.
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Los álamos han proporcionado a los locales un lugar de reunión sombreado durante varios siglos, según los conservacionistas. Y para la fauna local, estos árboles son esenciales para las diversas y raras especies de la zona, incluyendo a los escasos jaguares que se adentran en Estados Unidos. Colgaron en uno de ellos un cartel en el que se podía leer: 'la frontera mata'.
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Trabajadores de la empresa contratada por el DHS para la construcción del muro, llevaban pegatinas en sus cascos que decían "SIN LLORAR" cuando talaron los tres primeros álamos. Además, reforzaron con alambre de púas las cercas dañadas mientras continúa la construcción de la valla fronteriza. Los locales denuncian que, a consecuencia de la tala, la caída de ramas dañó el cercado de una propiedad privada.
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"Estos magníficos álamos sobrevivieron siglos, alimentando la vida silvestre durante inundaciones y sequías, solo para ser arrasados por las excavadoras en la construcción del desastroso muro fronterizo de la administración Trump", denunció Russ McSpadden, defensor de la conservación en el Centro para la Diversidad Biológica.
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Los activistas treparon al árbol para escenificar la protesta. Defienden que los álamos son imprescindibles para el ecosistema y los describieron como "una cinta verde que atraviesa el desierto".
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Kate Scott, cofundadora del centro de vida salvaje Madrean Archipelago, señaló que los árboles atraen el agua a la superficie, lo que permite a los jaguares y ocelotes cruzar la frontera en su camino de caza hacia las montañas de Arizona. En cuanto a las aves, describió los álamos como "edificios de apartamentos", proporcionando un hábitat para todo tipo de aves, desde búhos hasta el tirano de Cassin, especie protegida por ley que anidaba en uno de los álamos destruidos.
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Funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional han declarado que era necesario talar los árboles para construir el muro fronterizo prometido por Trump. Aunque no han respondido a las preguntas sobre si consideraron rutas alternativas que no implicaran la tala de los árboles, que pueden alcanzar unos 30 metros de altura y 15 metros de ancho.
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En una carta dirigida al secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, los activistas le advirtieron que "los antiguos álamos de Lochiel no pueden ser reemplazados una vez destruidos".
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Carteles de "NO AL MURO" conviven con otros que advierten de que no se acerquen a los álamos. Al menos una persona fue arrestada por allanamiento de morada en relación con una protesta anterior para impedir que los contratistas talaran los demás árboles.
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Los activistas llegaron a acampar bajo el álamo centenario en su estrategia de protesta pacífica para defenderlos y lograr que no sean talados por la construcción del polémico 'muro inteligente' proyectado por Trump.