NUEVA YORK.- Para muchos jóvenes latinos en Estados Unidos, decidir si tener hijos ya no depende únicamente del momento personal, sino de una realidad económica cada vez más complicada. Entre el aumento del costo de vida, la amenaza de una recesión, y un panorama político complejo, la crianza de un hijo se ha vuelto una decisión financiera difícil.
La razón por la que muchos latinos posponen tener hijos: el trabajo
Horarios inflexibles y pocas opciones de trabajo remoto están empujando a muchos padres a replantearse si pueden tener hijos.

A esto le sumamos un mercado laboral que exige mayor productividad y disponibilidad, mientras ofrece menos estabilidad, menos beneficios y poca flexibilidad para quienes crían o planean criar una familia.
Además, como bien hemos sido testigos muchos de nosotros, los salarios no han crecido al mismo ritmo que los precios. El costo de vida sigue subiendo (¡qué caro es ir hoy en día al mercado o pagar los servicios!), incluyendo la renta y la comida hasta el cuidado infantil, mientras que los ingresos se mantienen prácticamente igual, razones por las que muchos latinos optan por posponer formar una familia... Como cantararía Panteón Rococó en su famoso hit de "La Carencia" del 2002: "Y la carencia, arriba... y los salarios, abajo".
“Muchas personas no están renunciando a la idea de tener hijos, están posponiéndola porque el sistema laboral no está diseñado para apoyarlas”, explica Daphnee Pierre-Irby, directora financiera de la firma de abogados, Mesidor PLLC.
Según la experta, l a falta de flexibilidad laboral es uno de los mayores obstáculos, ya que con horarios estrictos y la falta de opciones híbridas o remotas, es casi imposible el balance entre el trabajo y las responsabilidades de cuidado.
Desafortunadamente, cada vez hay menos opciones de trabajo remoto y seguimos viviendo en una cultura laboral que prioriza la presencia constante en una oficina, incluso cuando muchas tareas pueden realizarse a distancia. Esto hace casi imposible acomodar citas médicas, emergencias escolares o simplemente esos días en los que el apoyo para el cuidado de los hijos falla.
Es por eso que muchos trabajadores, especialmente padres primerizos ven el empleo como algo que no se adapta a la vida, y cada imprevisto se vuelve estresante, provoca culpa o incluso riesgo de perder el trabajo.
Por otro lado, Andrea Ippolito, fundadora y CEO de SimpliFed, señala que la ansiedad comienza incluso antes de que nazca el bebé. La falta de información clara sobre licencias, seguros médicos, cobertura de lactancia y beneficios disponibles genera incertidumbre que influye directamente en las decisiones familiares.
“Cuando los empleados no saben a qué apoyos tendrán acceso, planear una familia se vuelve mucho más estresante”, explica.
Para muchas madres, además, el desafío continúa cuando se regresa a la oficina, sobre todo con la ausencia de espacios para lactancia y la falta de apoyo postparto hacen que conciliar el rol de madre y trabajadora sea agotador.
A esto se le suma otro factor menos hablado, pero extremadamente importante y es el estancamiento profesional. Pierre-Irby señala que padres y, en particular, madres, suelen ser excluidos de ascensos o proyectos de alto perfil basándose en suposiciones sobre su “disponibilidad”, y no en su desempeño real, reforzando la percepción de que tener hijos puede frenar una carrera.
Desde una perspectiva legal y empresarial, la abogada laboral Nicole Brenecki dice que este modelo no solo afecta a las familias, sino al mercado laboral en su conjunto.
“Cuando las empresas no apoyan a los padres, pierden talento, aumentan la rotación y profundizan el desgaste emocional de sus equipos”, afirma.
Esta nota se realizó en colaboración con TMX.
Notas Relacionadas

