NUEVA YORK.- De ser una persona con la que se cuentan todo y con quien se viven experiencias increíbles, a convertirse en una amistad que duele. Si alguna vez te ha pasado, tal vez te has preguntado cómo una relación tan especial terminó volviéndose pesada o incluso tóxica.
Cuando una buena amistad se vuelve tóxica sin que lo notes: Señales de que está afectando tu bienestar
Si después de ver a un amigo te sientes agotado o incómodo, puede haber una razón. A veces cuesta aceptar que una amistad ya no se siente como antes; estos consejos pueden ayudarte a entender qué está pasando.

La realidad es que no todas las amistades dañinas comienzan con malas intenciones, muchas surgen de inseguridades, heridas emocionales no resueltas o de la falta de límites claros.
La terapeuta de relaciones Argie Allen-Wilson y autora del libro “ A Pathway to Reset Your Mind” explica a UNIVISION que una amistad puede volverse tóxica casi sin que nadie lo note. Pero ¿cómo podemos detectarlo y salir de ahí?
“ No toda amistad tóxica es explosiva; muchas veces es sutil y se manifiesta como negatividad constante, dependencia emocional o comentarios pasivo-agresivos que poco a poco dañan la confianza”, señala Allen-Wilson.
Quizá comiences a notar algunas de estas actitudes y no les des tanta importancia, pero existen algunas señales que pueden revelarlo: cuando la competencia reemplaza la celebración de los logros del otro, cuando las críticas se disfrazan de “honestidad” o cuando una persona comienza a centrar todas las conversaciones en sí misma. También puede aparecer cuando un amigo hace sentir culpa por crecer o cambiar, o incluso cuando usa información personal en momentos de conflicto.
Y quizá no nos demos cuenta, ya que muchas veces no vemos las señales en el momento en el que ocurre, sino en cómo te hace sentir la persona, casi como un tipo de “resaca” moral que llega después.
Por ejemplo, una de las señales más claras es notar el impacto emocional luego de convivir: “Si después de ver a alguien te sientes drenado, ansioso o más pequeño de lo que eres, eso es información importante. Tu sistema nervioso a menudo reconoce la toxicidad antes que tu mente", explica la especialista con 25 años de experiencia en relaciones.
También pueden aparecer señales de alerta como la violación constante de límites, chismes, celos disfrazados de bromas o la falta de responsabilidad emocional, con frases como “así soy yo”.
Si crees que estás en una situación así, hazte estas preguntas honestas:
- ¿Me siento agotado, ansioso o pequeño después de pasar tiempo con esta persona?
- ¿Siento que tengo que esconderme, filtrarme o actuar para mantener la paz?
- ¿Hay reciprocidad o siempre soy yo quien se cuida emocionalmente?
Con el tiempo, este tipo de dinámicas pueden afectar seriamente la salud mental y emocional: una amistad tóxica puede generar ansiedad, agotamiento emocional y dudas constantes sobre uno mismo.
“Las relaciones están para regularnos emocionalmente; si una amistad constantemente te desregula, eso también dice algo”, dice la terapeuta Argie Allen-Wilson.
Muchas personas normalizan o permanecen en amistades tóxicas por varias razones, la historia que hemos escuchado tantas veces de “hemos sido amigos por 20 años", el miedo a la soledad, traumas o lealtad, círculos sociales y la esperanza de que la persona cambie.
"A veces confundimos longevidad con salud. El hecho de que algo haya durado mucho tiempo no significa que siga siendo beneficioso", explica la terapeuta. "Otras personas nunca aprendieron que está bien superar las relaciones que ya no nos sirven, y cuando hablamos de amistad eso es algo que suele suceder continuamente", agrega.
Nos decimos a nosotros mismos, “¿cómo voy a dejar a hablarle esa persona si hemos pasado tantas cosas juntas?”, o tenemos la falsa creencia de que las amistades duran para toda la vida, pero debemos aprender a normalizar que, así como las relaciones amorosas, las amistades también terminan.
¿Se puede reparar una amistad dañada o es mejor terminarla?
Cuando una amistad comienza a volverse dañina, establecer límites puede ser un primer paso importante. Esto implica identificar qué comportamientos son hirientes, decidir qué ya no se está dispuesto a tolerar y comunicarlo de forma clara.
- Identifica qué específicamente se siente dañino.
- Decide qué comportamiento ya no tolerarás.
- Comunícate con calma y directamente usando declaraciones con "yo".
Si la situación no cambia, puede ser necesario tomar distancia, compartir menos información personal o reducir el tiempo juntos y comenzar a entender que “los límites no son castigos, son protección”.
La reparación es posible si ambas partes están dispuestas a reflexionar, asumir una responsabilidad genuina, cambiar su comportamiento de forma constante con el tiempo y mantener el respeto mutuo.
Sin embargo, si solo una persona está haciendo el trabajo emocional, la dinámica difícilmente va a transformarse. Y en este caso hay que reflexionar algo: “La pregunta no es ‘¿Se puede salvar esta amistad?’, la verdadera pregunta es: ‘¿Esta relación es segura y recíproca?’”.
Terminar una amistad larga tampoco es fácil, y muchas personas sienten culpa al hacerlo. Sin embargo, esa culpa no siempre significa que la decisión sea equivocada.
"A veces la culpa aparece cuando rompemos patrones, no cuando hacemos algo malo”, señala Allen-Wilson. Recordar buenos momentos, las risas, el apoyo e incluso la complicidad, no impide que puedas reconocer que esa relación ya no te aporta cosas positivas.
"Puedes honrar la historia de una amistad y aún así reconocer que ya no sirve para tu bienestar. Tienes permitido elegir la paz. Tienes permitido elegir el crecimiento. Tienes permitido elegirte a ti mismo".
Esta nota se realizó en colaboración con TMX.
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