La Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos anunció este miércoles 18 de marzo de 2026 nuevas medidas que obligan a los controladores a utilizar radar y no solo la observación visual para mantener la separación entre helicópteros y aviones en aeropuertos con alto tráfico.
EEUU exige uso de radar para separar helicópteros y aviones tras choque mortal
A los controladores ya no les bastará solo la observación visual para mantener la separación entre las aeronaves; la medida se aplicará en más de 150 de los aeropuertos más transitados del país.
La decisión surge tras la colisión aérea ocurrida en 2025 cerca de Washington D.C. y responde a la necesidad de reforzar la seguridad en las operaciones aéreas.
De acuerdo con la agencia, los lineamientos anteriores que se basaban en que los pilotos mantuvieran distancia visual entre aeronaves han demostrado ser insuficientes, especialmente ante incidentes recientes que estuvieron cerca de convertirse en tragedias.
Con las nuevas disposiciones aéreas, los controladores deberán garantizar separaciones específicas —ya sea laterales o verticales— mediante el uso de radar.
La medida aplicará en más de 150 de los aeropuertos más transitados del país y amplía una restricción que ya se implementaba en el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan.
El administrador de la FAA, Bryan Bedford, señaló que el objetivo es reducir riesgos antes de que impacten a los viajeros, tras identificar una dependencia excesiva del esquema de "ver y evitar", de acuerdo con información de AP.
Como ejemplo, las autoridades citaron incidentes recientes: el 27 de febrero, un helicóptero policial tuvo que desviarse para evitar un vuelo de American Airlines, en San Antonio, y el 2 de marzo ocurrió una situación similar, en Burbank.
¿Cuál fue la tragedia aérea que llevó a implementar los radares?
El accidente que llevó a la FAA a implementar el uso de radares ocurrió la noche del 29 de enero de 2025, cuando un avión regional operado por American Airlines, en aproximación final a pista, colisionó en el aire con un helicóptero militar Black Hawk del Ejército de Estados Unidos sobre el río Potomac, cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan.
En este accidente, en total, murieron las 67 personas a bordo de ambas aeronaves (64 en el avión y tres en el helicóptero), lo que convirtió el siniestro aéreo en el más mortífero en territorio estadounidense desde 2001.
Las investigaciones posteriores determinaron que uno de los factores clave fue la dependencia del sistema de "separación visual", es decir, que los pilotos mantuvieran distancia al ver otras aeronaves.
En este caso, el helicóptero solicitó ese tipo de separación y los controladores la autorizaron, pero existen indicios de que la tripulación no tenía una referencia clara del avión o, incluso, pudo haber identificado la aeronave equivocada.
Además, registros sugieren que algunas comunicaciones clave no fueron recibidas correctamente, lo que complicó la coordinación en los segundos previos al impacto.
Otros elementos también influyeron en la tragedia: la cercanía de rutas de helicópteros con las trayectorias de aterrizaje, la alta carga de trabajo en la torre de control y fallas en la supervisión del espacio aéreo.
Simulaciones y análisis posteriores indicaron que, en condiciones nocturnas, el helicóptero era difícil de distinguir visualmente, lo que refuerza la hipótesis de que los pilotos no lograron ver el avión a tiempo para evitar la colisión.