WASHINGTON, D.C.- Durante 15 semanas un grupo de monjes budistas emprendió una ‘Caminata por la Paz’, travesía que comenzó en Texas y culminó en la capital del país, la cual no estuvo exenta de pérdidas y enfermedades.
Monjes budistas llegan a DC con su ‘Caminata por la Paz’ tras pérdidas y enfermedades
Durante 108 días realizaron una travesía con un solo propósito: llevar su mensaje de paz. Su llegada al Distrito de Columbia marca el fin del largo viaje a pie por el sur del país.
Tras caminar casi 3,700 kilómetros, la mañana del martes 10 de febrero de 2026 el recorrido llegó a su fin. Junto con su perro rescatado, Aloka, los monjes captaron la atención nacional y tuvieron un amplio seguimiento en redes sociales.
Vestidos con túnicas color azafrán y caminando en fila india, los monjes cruzaron poco después de las 8 a.m. el Puente Chain, sobre el río Potomac, para ingresar al Distrito de Columbia. La noche previa la pasaron en la Universidad Marymount, en Arlington, Virginia.
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Un mensaje simple que resuena en todo el país
“Caminamos por la paz”. Ese mensaje breve ha encontrado eco en comunidades de todo Estados Unidos, en un contexto marcado por tensiones políticas y sociales. Desde finales de octubre, miles de personas se reunieron a lo largo de carreteras del sur del país —en ocasiones bajo temperaturas inusualmente frías— para observar en silencio el paso de los monjes.
Durante su estancia de dos días en la capital, se espera que grandes multitudes los acompañen. El Departamento de Policía Metropolitana informó que implementará cierres móviles de calles a lo largo de la ruta para garantizar la seguridad de los monjes y del público.
“Mi esperanza es que, cuando termine esta caminata, las personas que conocimos continúen practicando la atención plena y encuentren la paz”, dijo a The Associated Press el venerable Bhikkhu Pannakara, líder del grupo, quien ha ofrecido enseñanzas sobre mindfulness en paradas a lo largo del recorrido.
Silencio y respeto
La llegada de los monjes fue recibida con un silencio poco habitual para un evento multitudinario. Cerca de 3,500 personas llenaron el Bender Arena de la Universidad Americana para su primera actividad pública en Washington, donde el público ingresó en silencio como gesto de respeto.
Pannakara entró acompañado por Aloka, un perro rescatado que se ha convertido en una figura emblemática de la caminata. El animal descansó sobre una manta colocada en la cancha de baloncesto por los organizadores.
Una travesía marcada por riesgos
La caminata no estuvo exenta de peligros. En noviembre, cerca de Houston, un camión impactó el vehículo de escolta de los monjes mientras caminaban por el acotamiento de una carretera. Dos resultaron heridos; a uno de ellos, el venerable Maha Dam Phommasan, le amputaron una pierna.
Phommasan, abad de un templo en Snellville, Georgia, se reunió con el grupo en Washington y asistió al evento en la Universidad Americana en una silla de ruedas.
Además, durante el viaje, Aloka, su fiel acompañante perruno, enfermó, aunque logró superar la crisis de salud.
Actos en lugares emblemáticos de la capital
Los monjes tienen previstas apariciones al aire libre el martes en la Catedral Nacional de Washington y el miércoles en el Monumento a Lincoln.
“Su largo viaje y su testimonio sereno nos invitan a profundizar nuestro compromiso con la compasión y el trabajo por la paz en nuestras comunidades”, dijo Mariann Budde, obispa episcopal de Washington, quien ayudará a organizar una recepción interreligiosa en la catedral.
Un recorrido que trasciende ideologías
Diecinueve monjes iniciaron el recorrido el 26 de octubre de 2025 en el Centro Huong Dao Vipassana Bhavana, en Fort Worth, Texas. Provenían de monasterios budistas Theravada de distintas partes del mundo y fueron liderados por Pannakara, vicepresidente del templo.
A lo largo del trayecto, el grupo se sorprendió por la diversidad de personas que se acercaron a saludarlos. Millones siguieron la caminata en línea, mientras multitudes los recibieron en lugares tan diversos como una iglesia en Opelika, Alabama, o el ayuntamiento de Richmond, Virginia.
Mark Duykers, ingeniero mecánico jubilado y practicante de mindfulness, dijo que él y su esposa viajaron 885 kilómetros desde Ann Arbor, Michigan, para ver a los monjes.
“En tiempos tan polarizados, vimos pueblos enteros del Cinturón Bíblico salir a recibirlos, sin conocer el budismo, pero profundamente conmovidos”, dijo. “Eso es inspirador”.
Una ofrenda espiritual, no un movimiento político
Durante su estancia en Washington, los monjes planean presentar una solicitud a legisladores para declarar Vesak, el nacimiento de Buda, como feriado nacional. Sin embargo, han subrayado que esa no es la finalidad principal de la caminata.
Long Si Dong, portavoz del templo, afirmó que la iniciativa no tiene carácter político ni busca impulsar legislación.
“Es una ofrenda espiritual, una invitación a vivir la paz a través de acciones cotidianas, pasos conscientes y corazones abiertos”, dijo. “Creemos que la paz cultivada internamente se proyecta de manera natural hacia la sociedad”.
Tradición, simbolismo y regreso a casa
Algunos monjes, incluido Pannakara, caminaron descalzos o solo con calcetines durante gran parte del trayecto para mantener una conexión directa con el suelo. En condiciones de nieve y frío, utilizaron botas de invierno.
Las caminatas por la paz forman parte de una tradición valorada en el budismo Theravada. Pannakara conoció a Aloka durante un viaje de 112 días por la India en 2022. El nombre del perro significa “luz divina” en sánscrito.
El grupo practica y enseña la meditación Vipassana, una técnica ancestral enfocada en la observación de la respiración y las sensaciones físicas para comprender la impermanencia y el sufrimiento.
El martes se cumplen 108 días de caminata, una cifra sagrada en el budismo, el hinduismo y el jainismo, asociada con la plenitud espiritual y el orden cósmico.
Tras una aparición en el Capitolio de Maryland, los monjes regresarán en autobús a Texas. Esperan llegar al centro de Fort Worth a primera hora del sábado, desde donde caminarán juntos los últimos 9,6 kilómetros hasta el templo donde comenzó la travesía.
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