LOS ÁNGELES, California.- Cuando Arabelia Martínez recuerda a la joven que llegó a Estados Unidos, ve a una mujer muy distinta de la que hoy tiene 62 años.
Arabelia Martínez: casi 30 años en las calles de Los Ángeles y una agresión que le cambió la vida
Arabelia Martínez llegó a Los Ángeles cuando tenía apenas 19 años con la esperanza de construir una vida diferente. Encontró en la venta ambulante una manera de salir adelante, criar a sus hijos y formar una familia junto a otros trabajadores. Hoy, después de ser atacada mientras trabajaba, lucha contra el miedo y la ansiedad, pero asegura que quiere volver al lugar al que le debe buena parte de su vida: las calles y la comunidad de Los Ángeles.
Tenía 19 años cuando dejó México y llegó a Los Ángeles con la ilusión de cambiar su vida. Una amiga, Graciela, le escribía cartas y le hablaba de las oportunidades que podía encontrar al emigrar.
“Me vine para Los Ángeles porque quería hacer un cambio en la vida. Tenía 19 años”, recuerda.
Puedes ver la entrevista completa aquí: Le exigieron dinero, la golpearon brutalmente, pero no lograron vencerla
Al principio trabajó durante tres años en una panadería de Huntington Park. Fue ahí donde volvió a encontrarse con Graciela, la amiga que años atrás le hablaba de comenzar una nueva vida en Estados Unidos.
Graciela le ofreció vender fruta. Pero el primer día no vendió ni una sola.
“Era la primera vez que vendía. Ahí empecé como vendedora ambulante”. Sin saberlo, aquel día estaba comenzando una historia que duraría décadas.
Una vida construida sobre una banqueta
Para Arabelia, vender en la calle nunca fue simplemente una manera de ganar dinero, también confiesa que fue el trabajo que le permitió sacar adelante a sus hijos.
Fue también el lugar donde encontró amistades que terminaron convirtiéndose en familia.
“Ser vendedor ambulante es muy lindo”, dice. “Aunque hay gente que nos discrimina y dice que venimos solo a hacer dinero, pero no es cierto”.
Durante años, ella y su esposo hicieron lo posible para que sus hijos tuvieran oportunidades que ellos no tuvieron.
Los días comenzaban de madrugada: “Los levantábamos a las cinco de la mañana y los dejábamos donde doña Lidia, pero a veces ellos no querían quedarse”.
Cuando eso pasaba Arabelia cuenta que "tomaba a Tino en brazos, a José de la mano, junto a Jorge y Yanet"; ellos son sus cuatro hijos.
“Fuimos humildes, pero felices”
“No teníamos muchas cosas. No hubo un pastel, una piñata... Fue mucha la pobreza que crecimos”, cuenta.
Pero sus hijos, dice, nunca midieron su infancia únicamente por lo que les faltó: “ Ellos dicen: ‘Nosotros somos felices’. Y somos felices. Míranos, no tenemos vicios. Y eso me enorgullece”.
Arabelia habla con especial orgullo de sus hijos. A pesar de las dificultades, todos estudiaron".
Y mientras ellos crecían, también lo hacía la familia que Arabelia había construido entre vendedores ambulantes.
Dice que muchas de sus amistades comenzaron junto a ella en 1989. Compartieron años difíciles, jornadas largas y momentos que quedaron marcados para siempre.
También compartió esa vida con su esposo, quien murió hace aproximadamente un año y medio. Él, recuerda, tenía una manera muy sencilla de mantenerlos unidos.
“Nos decía que nos tomáramos de la mano y fuéramos unidos”, recuerda y ahora Arabelia lleva consigo esa enseñanza.
“Fuimos humildes, pero felices. Les enseñé respeto a todos, a quien sea”.
El 15 de junio: el día que todo cambió
Durante 11 años había trabajado en el mismo lugar, cerca de la zona de la Figueroa. Nunca había vivido algo parecido.
El ataque ocurrió el pasado 15 de junio cerca de las calles Seventh y Figueroa, y Arabelia recuerda que una joven se acercó y le pidió dinero. Ella se negó.
“Le dije: ‘Mija, no te puedo dar dinero. Tengo 60 años y acá estoy trabajando. Sal y trabaja’”, cuenta.
Lo que ocurrió después, dice, sucedió en cuestión de segundos: La joven tomó chamoy y se abalanzó sobre ella. Arabelia reaccionó intentando defenderse y corrió.
Arabelia fue alcanzada, cayó al suelo. En medio de la agresión, recordó algo que alguna vez le habían dicho unos policías: si alguien la atacaba, debía protegerse la cabeza y el rostro.
“Me acordé del policía que me dijo eso cuando estaba tirada en el piso”, dijo.
“Yo pensaba en mis hijos. Decía: ‘Señor mío, en tus manos dejo a mis hijos’”, dijo entre lágrimas la mujer visiblemente afectada por el recuerdo de ese día.
Y una idea todavía la acompaña: “Si ella hubiese querido, me hubiese acabado con la vida”.
“Yo la perdono”
A pesar de lo ocurrido, Arabelia dice que no guarda odio hacia la joven acusada de atacarla: “Yo no le hice nada. Yo la perdono”.
La Policía de Los Ángeles (LAPD) arrestó el jueves 25 de junio a Harmunie Heaven Church, una mujer de 19 años residente en la ciudad, como sospechosa del ataque contra ella.
Para ella, quizá la agresora estaba atravesando un mal momento ese día de la agresión: “Yo digo que fue un mal día para ella y sacó su coraje conmigo”.
Pero perdonar no significa que las heridas hayan desaparecido. El ataque dejó consecuencias que van más allá de las lesiones físicas, como cuenta Arabelia.
“Me da mucha ansiedad, no me siento segura”, confiesa.
La mujer que durante décadas enfrentó largas jornadas de trabajo ahora tiene miedo de regresar al mismo lugar donde construyó su vida. Y aun así quiere volver.
“Extraño a mis clientes”
Arabelia dice que extraña a sus clientes. Extraña las conversaciones, los rostros conocidos y esa comunidad que durante años la acompañó.
Por eso, el apoyo que recibió después del ataque tiene un significado que va mucho más allá del dinero.
La solidaridad de quienes conocieron su historia le recordó que no está sola: “Yo le doy gracias a toda la comunidad que me ha apoyado”.
Su deseo es regresar, pero sabe que primero necesita recuperar la tranquilidad.
“Dios me da fuerza y sé que me dará fuerza para estar acá porque me la dio cuando murió mi esposo. Pero me da miedo aún, y tengo que estar mejor mentalmente”.
Tras abrirse una campaña de recaudación en la plataforma GoFundMe para ayudarla con sus gastos médicos y la reposición de su equipo, la solidaridad escaló de manera histórica: en poco tiempo recaudó más de $145,000 dólares.
“Le debo a la calle todo”
Si pudiera hablar con la Arabelia de 19 años, quizá le daría un consejo diferente: “Yo le diría a Arabelia de joven que llegara a este país y que estudiara. Quizá habría hecho mejores cosas”, confiesa.
“Me siento feliz, muy orgullosa de lo que he hecho” confiesa Arabelia quien dice que en aquellas calles no solo encontró un trabajo, encontró una familia y clientes que se convirtieron en amigos.
Pero también encontró la manera de sacar adelante a sus hijos: “Le debo a la calle todo, porque gracias a la calle y la comunidad crecí a mis hijos”.
“Le debo mucho. Todo el resto de mi vida jamás podré pagarle a esa comunidad lo que ha hecho por mí”. dijo conmovida.
Un sueño que todavía guarda en el corazón
Ahora, después de tantos años en Los Ángeles, Arabelia tiene un sueño que no tiene que ver con dinero ni con trabajo: regresar a México.
“Quiero ir a ver a mi mamá y a mi papá. Porque de ellos no me despedí. Y tengo ese dolor en mi corazón”, dijo.
También recuerda a su hermana, quien murió de cáncer y de quien tampoco pudo despedirse.
Avances en la investigación
La sospechosa, identificada como Harmunie Heaven Church, de 19 años, ya enfrenta cargos graves por agresión, lesiones y vandalismo, mientras la fiscalía evalúa si los insultos raciales denunciados inicialmente por la familia permitirán elevar el caso a un crimen de odio.
A pesar de las versiones encontradas que han surgido en plataformas como TikTok, donde la acusada intentó justificar el altercado, la realidad en las calles de Los Ángeles es otra: la historia de Arabelia ha unificado a una comunidad decidida a proteger la dignidad de sus trabajadores más vulnerables.








