Cada cuatro años, la Copa del Mundo deja imágenes que perduran al finalizar el certamen. Las alegrías e historias que se tejen en los estadios o en los lugares de concentraciones se quedan para siempre a través de crónicas deportivas.
El ritual del silbatazo final: el intercambio de playeras donde la rivalidad se transforma en respeto
¿Por qué los futbolistas se cambian la playera tras el partido? Descubre la historia, el origen y el verdadero significado de este ritual mundialista
Pero al culminar cada juego, un ritual marca el deportivismo y respeto entre los seleccionados: el intercambio de playeras.

Este gesto surgió en 1931 cuando la selección de Francia solicitó a los jugadores de Inglaterra intercambiar las casacas tras el encuentro en Colombes, durante un partido amistoso.
La cortesía entre los jugadores tardó en ser aplicada en los siguientes mundiales, porque los presupuestos y los uniformes eran mínimos, lo que llevó a la prohibición del intercambio.

Entre las anécdotas de esa época se encuentra la del entrenador de la selección de Inglaterra, Alf Ramsey en 1966.

Durante el encuentro contra Argentina el 23 de julio de 1966 en Wembley, Londres, el directivo prohibió a sus jugadores el gesto, porque el argentino Antonio Rattín se sentó en la alfombra de la reina al ser expulsado.

Por ese motivo, Ramsey le prohibió al seleccionador inglés George Cohen cambiar su uniforme con Oscar Mas.
El intercambio entre Pelé y el inglés Bobby Moore
El incidente en la Copa Mundial de Inglaterra de 1966 no evitó que la cordialidad se diera entre los jugadores. En el certamen de 1970 en México, Edson Arantes do Nascimento, Pelé y el inglés Bobby Moore marcaron el precedente de este tradicional gesto que se ha extendido en distintos juegos de futbol de liga amateur o profesionales.
El 7 de junio de 1970 en el Estadio Jalisco en Guadalajara, ambas selecciones jugaron; Brasil ganó 1-0 con un gol de Jairzinho. Al finalizar, Pelé fue considerado el mejor delantero del mundo y Moore el mejor defensa e intercambiaron sus playeras (y su maestría).
Significados del gesto
• Reconocimiento entre adversarios como práctica de cortesía deportiva.
• Conservación del recuerdo material del encuentro para jugadores y cuerpo técnico.
• Transformación en objeto de colección con potencial valor histórico y comercial.
• Manifestación simbólica en partidos con carga emocional, en la que a veces se observa solidaridad o reconciliación.
De Cruyff a Maradona
En los siguientes años, los intercambios de las playeras fueron cada vez más constantes al finalizar los juegos y el marcador final. Uno de los casos simbólicos de la década de 1970 fue el del holandés Johan Cruyff y el alemán Paul Breitner.
En la final de 1974, el 7 de julio, Alemania Occidental derrotó 2-1 a la " Naranja Mecánica". Después del silbatazo del árbitro, Cruyff intercambió su playera número 14 con Breitne. En una subasta en 2002, la camiseta del astro holandés fue vendida en 693,000 dólares.

Durante el torneo realizado por segunda vez en México en 1986, se registraron dos intercambios históricos. En ambos participó Diego Armando Maradona. El primero de ellos fue con el inglés Steve Hodge, el 22 de junio de 1986 tras el histórico partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, el partido de "La Mano de Dios" y el "Gol del Siglo". La playera fue subastada en 2003 por 9.3 millones de dólares.
En ese mismo torneo, Maradona intercambió su playera de la final con el alemán Lothar Matthäus. La casaca fue donada al pueblo alemán en 2022. Cuatro años después, en la final de Italia 1990, el gesto se repitió entre ambos jugadores durante la final que en esa ocasión ganó Alemania.
Las últimas copas mundiales: Messi y Neymar Jr
La lista de gestos entre los futbolistas de cambiar playeras al finalizar los encuentros incluye al croata Luka Modrić y Neymar Jr. en Qatar 2022. En ese mismo torneo el marroquí Achraf Hakimi y el francés Kylian Mbappé también hicieron el mismo protocolo. El certamen también registró el intercambio entre el argentino Leonel Messi y el australiano Cameron Devlin.








