
La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
Como la de este vuelo. Aquí tiene, marajá, su cafecito.
Valentina: nada de cafecito. Hay estudios que dicen a los marajás.
Mejor le recomiendo un té de órgano. Lorenza: se dice orégano.
Valentina: ay, orégano, como se diga. Premenstruales.
Lorenza: no le interesa, no lo quiere. Mire, marajá.
Aquí tiene efectivamente una almohadita para su cuello. Valentina: él no quiere él quiere una cobijita.
Lorenza: él no quiere una cobijita, fíjate. Él quiere su turbante de vuelo, ¿eh?
Valentina: no, te dijo que no quiere una almohadita. Lorenza: ¿ah, sí?
Bueno y tampoco quiere una cobijita. Valentina: y tampoco quiere este tonto turbante.
Lorenza: ¿ves? Eres una metiche.
El cuello como le hiciste? Valentina: ¿cómo te atreves a llamarme metiche?
Lorenza: ay, te llamo metiche y te digo sinónimos. Te digo fisgona.
Te digo entrometidona. Te digo hurona.
Valentina: mira quién habla, la master de preocupacionisimo. La diosa del caprichosismo.
La reina del clasicismo. Lorenza: fíjate que esas palabras no exisisisten.
Valentina: mira quién habla, la que inventó la palabra marajá: ¡por el amor de allá! Ya dejen de tratar de atenderme.
Yo no necesito cobijitas, yo no necesito almohaditas, ni mucho menos tecitos para los cólicos. Pero mis perritos sí.
Lorenza: ay. A ver, ¿qué por atenderlo.
Pero ¿sabe qué? Si no quiere, a mí no me importa.
Y aquí tiene su mantita. Valentina: y la almohadita.
Lorenza: ¿y sabe qué? Odio que me echen los perros en el trabajo.
Marajá: ¡basta! ¡ya no puedo seguir viajando en este vuelo!
¡capitán, capitán! ¡vuelta en u!
¡quiero irme a mi casa!