¿Es el fin de Milo Yiannopoulos, el niño dorado de la «alt-right» estadounidense?

Milo Yiannopoulos se ha convertido en una de las figuras más salientes de la «alt-right» o derecha alternativa estadounidense, ese movimiento con nombre eufemístico que originalmente no era más que una etiqueta ideada por el neonazi Richard Spencer para maquillar como novedosas sus posturas de nacionalismo extremo y supremacismo blanco, pero que de la mano de un crecimiento en internet y en redes sociales, se expandió hasta convertirse en la corriente ideológica que concentraría la militancia pro-Trump, sumando posturas antifeministas, islamofóbicas y homofóbicas, entre otras.

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Todas estas son las banderas que ha erigido con su discurso y con su fuerte presencia en internet Milo Yiannopoulos, un británico de 32 años que se ha desempeñado como escritor y editor en sitios web pero que principalmente cobró fama por sus polémicas declaraciones y posturas políticas, su radical defensa de la libertad de expresión y su consiguiente oposición a la llamada corrección política, y en general por su espíritu de provocador de derecha que ha causado revuelo en el ámbito progresista y de izquierda estadounidense.

¿El fin de Yiannopoulos?

Pese a múltiples controversias protagonizadas por Yiannopoulos, un último incidente ocurrido este lunes parece haber marcado la línea de hasta dónde podía llegar.

En un audio salido a la luz esta semana, de una entrevista de 2016, Yiannopoulos hizo terribles declaraciones sobre la pedofilia.

Dijo que las relaciones sexuales con jóvenes de 13 años perfectamente podían ser consensuadas porque a esta edad los jóvenes ya son lo suficientemente maduros, y que la pedofilia no es la atracción hacia alguien de 13 años, sino la atracción hacia niños que no han alcanzado la pubertad. Si ya alcanzó la pubertad está bien, así tenga 13 años.

Estas declaraciones le valieron el repudio de todo el mundo, y no solamente de los que ya estaban acostumbrados a horrorizarse por sus dichos o sus ideas.

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La Conferencia de Acción Política Conservadora, organizada por la Unión Conservadora Estadounidense, canceló una charla que Yiannopoulos iba a dar en su evento anual.

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Alex Marlow, editor en jefe de Breitbart News, donde trabajaba hasta este martes, dijo que sus dichos eran “absolutamente indefendibles, abominables y muy decepcionantes”, aunque luego lo justificó diciendo que era un hombre gay que había sido abusado de niño y que el escándalo alrededor de todo esto era orquestado por la izquierda.

Sus dichos fueron tan repudiados que hasta sus colegas de Breitbart News consideraron que podía afectar la reputación del sitio (la reputación de la misma compañía asociada a Steve Bannon y Donald Trump) y amenazaron con irse.

Por este motivo, este martes Yiannopoulos anunció su renuncia a Breitbart News, aunque dijo también que comenzaría otro sitio independiente similar, de comentarios y noticias políticas por su propia cuenta.

En un post de Facebook Yiannopoulos intentó justificarse diciendo que había sido víctima de su “sarcasmo británico, su espíritu provocador y su humor negro”.

La última consecuencia de estas declaraciones, fue la cancelación de su autobiografía, que iba a ser publicada en junio, bajo el título de Dangerous — “Peligroso”—.

Todavía no se sabe si otra editorial asumirá el riesgo de cerrar un nuevo acuerdo para publicarla.

Simon & Schuster le había pagado $250.000 dólares por adelantado para que escribiera su autobiografía, un anuncio que causó una enorme controversia. Muchos consideraron que la editorial estaba legitimando el discurso de odio e intolerancia de Yiannopoulos, al publicar su autobiografía.

La prestigiosa publicación The Chicago Review of Books aseguró que no reseñaría más libros de la editorial Simon & Schuster a causa de ésto.

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Ahora, se podría decir que Simon & Schuster aprovechó la ocasión para librarse de un problema.

¿Cómo llegó hasta aquí?

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Milo Yiannopoulos omenzó a cobrar notoriedad como editor de tecnología del sitio político Breitbart News, al que su director Steve Bannon, hoy uno de los principales asesores del gobierno de Donald Trump, definió como “la plataforma de la alt-right”.

Un poco antes de esto, Yiannopoulos también fue una de las voces más destacadas en el llamado #GamerGate, un sonado conflicto online originado cuando algunas mujeres protestaron por el sexismo en el ámbito gamer, y sufrieron una brutal campaña de acoso, insultos, intimidación y amenazas por parte de miles de gamers anónimos, ofendidos y enojados por perder su derecho a denigrar al sexo femenino.

Para Yiannopoulos, este reclamo de algunas mujeres vinculadas a los videojuegos o a la industria gamer de recibir un trato digno y decente, se trató de una "horrible politización de la cultura de los videojuegos" perpetrada por “un ejército de sociópatas feministas”.

Del otro ejército anónimo de las redes sociales, el que publicó información privada de las mujeres involucradas y amenazó con violarlas o matarlas, no dijo nada.

Los más grandes hits de Yiannopoulos en su deliberada carrera a la fama mediante el escándalo y la provocación, se dieron en Twitter, una plataforma que probó ser muy adecuada para su comportamiento de troll y la posibilidad de amplificarlo con sus seguidores.

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Twitter suspendió su cuenta temporalmente en dos oportunidades: una de ellas por modificar su cuenta para hacerse pasar por “editor de justicia social” de Buzzfeed (lo que tiene su gracia, hay que admitirlo), y la otra por comentarios islamofóbicos tras el tiroteo en el club gay de Orlando.

Muchos de sus defensores consideraron esto una violación de la libertad de expresión y una persecución de Twitter por sus posturas conservadoras, un argumento no tiene ningún sustento cuando se leen las reglas de Twitter en contra del abuso, la discriminación y la incitación al odio.

Pero después vino el incidente en torno a Ghostbusters, la nueva versión de la clásica comedia que ya llegaba con una gran resistencia por parte de algunos círculos online por incluir un elenco femenino.

Milo Yiannopoulos escribió una reseña descuidadamente misógina de la película, y comenzó una discusión en Twitter con una de sus protagonistas, Leslie Jones, a la que acusó de hacerse la víctima para que la película tuviera más éxito.

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Hizo esto sabiendo que sus seguidores no tardarían en sumarse a la contienda.

Básicamente, roció la gasolina de la polémica y les dio a sus seguidores el fósforo encendido. Estos convirtieron el intercambio, ya avivado por Yiannopoulos con acusaciones de ignorante y de poco talentosa hacia Jones, en una brutal andanada de los peores insultos misóginos y racistas que se puedan imaginar contra la actriz.

Por haber incitado este acoso, Twitter suspendió su cuenta permanentemente.

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Pero su nombre ya había cobrado notoriedad mundial. El troll había cumplido su cometido.

Un gay homofóbico

Yiannopoulos es abiertamente homosexual, pero también profundamente homofóbico (son dos posturas que contrariamente a lo que indica el sentido común, no son incompatibles).

En un artículo en Breitbart News, escribió que el movimiento por los derechos de los homosexuales solamente ha hecho "más estúpida" a la humanidad y que es hora de que los gays vuelvan al closet.

Su extraño razonamiento es que los hombres gay son más inteligentes que el resto, y por lo tanto deben volver a tener que reprimir sus verdaderos deseos y llevar una vida tradicional y heterosexual, para procrear y generar descendencia de sus genes inteligentes.

En esa misma nota celebra que en Rusia se persigan a los homosexuales y “entiendan la importancia de la familia”.

La ironía es que en Rusia tal vez Milo no tendría la posibilidad de vociferar todas sus ideas siendo un homosexual públicamente asumido.

Yiannopoulos organizó una serie de charlas en universidades, a las que llamó la “Gira de un marica peligroso”, pero que en realidad nada tenían que ver con su homosexualidad y eran simplemente exclusas para vociferar sus incendiarias ideas.

No es sorpresa que casi todas sus presentaciones, en el ámbito universitario progresista y políticamente correcto, hayan sido objeto de protestas y manifestaciones.

Pero en Berkeley, California, todo llegó a un extremo desagradable.

Reportes indicaron que más de 1500 personas se reunieron para protestar fuera del edificio, pero un grupo de alrededor de 150 estudiantes, con sus rostros tapados, lideraron una manifestación radical y violenta que incluyó vandalismo, incendios y ataques contra otros estudiantes y contra la policía.

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Finalmente, lograron su cometido: la charla de Yiannopoulos fue cancelada y la universidad quedó a salvo del odio y la violencia. Al menos de una parte de ellos. 

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Después de este incidente, que ocurrió a comienzos de febrero de 2017, su autobiografía anunciada para junio se convirtió, aún sin ser publicada, en el número uno de la lista de bestsellers de Amazon.

Sobra decir que los métodos y la efectividad de estas protestas en Berkeley no parecen ser las más propicias para luchar en contra de las ideas y lo que representa Yiannopoulos.

De hecho, este puede difundir sus ideas libremente a través de Breitbart o cualquier otro sitio, donde están expuestas para ser repetidas o admiradas por sus seguidores, pero también ridiculizadas y impugnadas por otros.

Censurar su discurso no lo hará desaparecer, sino todo lo contrario, como ha quedado demostrado. Y mucho menos censurarlo quemando cosas y golpeando estudiantes que están de acuerdo con él.

Ahora, finalmente la figura de Milo Yiannopoulos, sin el respaldo de Breitbart y muchos conservadores, y sin su autobiografía, parece haber llegado a su fin o por lo menos haber perdido su fuerza, sucumbiendo con tiro por la culata de la misma arma que le valió su fama y notoriedad.

Pero sus ideas y los que las celebraron, siguen por ahí, tal vez escondidos por miedo a la censura, pero como un ejército silencioso que se manifiesta en oscuros rincones de internet y que, no lo olvidemos, ejerce su derecho al voto.