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No te tatúes la cara: te pueden confundir con un violador

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14 Sep 2016 – 12:54 PM EDT

Luis Lorenzo Vargas fue condenado a 55 años de prisión por algo que no hizo, y por lo que alcanzó a pagar 16 años antes de ser liberado.


Datos rápidos

Nombre: Luis Lorenzo Vargas
Edad: 47 años.
Edad en el momento de la condena: 30 años.
Cargos: Secuestro, violación y sodomía por la fuerza.
Condena: 55 años de prisión.
Fecha y lugar de los hechos: Los Ángeles, 1998.


La historia

Empecemos por la moraleja: nunca te hagas un tatuaje de una lágrima en la mejilla, ni siquiera si tu vida depende de ello. Verás, al pobre Luis Lorenzo Vargas le pasó que lo confundieron con un violador y lo echaron preso 16 años.

El pequeño Guicho, natural de Tijuana, llevaba una vida normal con su prole de cuatro y su esposa, en Los Ángeles, cuando a finales de 1997 lo arrestaron creyendo que era un tipejo identificado como «el violador de la lágrima».

Durante su juicio, tres chicas lo señalaron a él de haberlas sabroseado a la fuerza, pues creyeron que la lagrimita que se había grabado en la mejilla en sus épocas de joven y no tan bello pandillero era lo único que podían recordar del psicópata que las atacó.

Luchito alegó inocencia de principio a fin, aunque fue condenado a 55 años de cana por varios crímenes de violación que sucedieron en Los Ángeles a finales de los años noventa.

Le tocó pagar sentencia en una prisión llena de criminalísimos en el sur de California, y de naaaaaaada sirvieron los testimonios de gente que sabía que el buen Lawrence estaba trabajando cuando ocurrieron los ataques.


El personaje

El pobre Luis Lorenzo fue confundido con un gato conocido como «el violador de la lágrima» ( teardrop rapist), un personajillo que anda libre aún y que ha hecho de las suyas entre 1996 y 2012. No se sabe mucho más del verdadero culpable, salvo que tiene un «poético» tatuaje en forma de lágrima en la mejilla izquierda.

Vargas fue deportado de EE. UU. en 1994 tras pasar dos años en la cárcel por cargos de violación a su entonces novia, lo que significó perder su residencia permanente. Así que a primer vistazo el fiscal no estaba tan equivocado.

Después de esa deportación, Vargas volvió a cruzar la frontera, esta vez como ilegal, en busca de oportunidades. En ese retorno mágico se regeneró y construyó una linda familia con cuatro retoñetes y una esposa.

El pobre Guicho se sintió como si el universo conspirara contra él cuando lo volvieron a apresar, esta vez por algo que no hizo. Por eso se puso a la tarea de demostrar su inocencia y cambió su conducta: pasó sus 16 años de cárcel estudiando y trabajando.


¿Y en qué terminó?

Luisito tuvo que pagar 7000 dólares de fianza cuando fue exonerado a finales de 2015. La prueba de que el hombre era inocente fue el resultado de las pruebas de ADN que pidieron el Proyecto Inocencia de California y la Escuela de Leyes de la Universidad Western en San Diego para los tres casos que lo hallaron culpable.

«¿Por qué no le hicieron esas pruebas desde el principio?», te preguntarás. Pues porque entonces eran costosas y lentas, y no se las aplicaban a cualquiera.

Además, los ataques del «violador de la lágrima» ocurrieron más veces hasta que dejaron de reportarse en 2012. El vato quizá siga libre. O muerto. Ni idea.

Y como no hay felicidad completa, la libertad de Luchito también significó que entró en proceso de deportación. ¿Recuerdan que el hombre entró de regreso por las bandas cuando lo deportaron en 1994? Pues ese fantasma volvió a morderle las nachas.

Por lo menos el Gobierno le dio la opción de pelear por quedarse como un ciudadano ejemplar, en libertad, acompañado por su familia.

Fuente: EFE, Univision.


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