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Los padres de Rubí antes de Rubí: la historia de amor que nadie te ha contado

Así recuerdan don Crescencio Ibarra y doña Ana Elda -los padres de la quinceañera más famosa de México- el inicio de su relación, la que este próximo 6 de enero llegará a 24 años de historia.
27 Dic 2017 – 10:49 PM EST

Hace 23 años, el hijo de Norberto Ibarra y Estafana Compeán coqueteaba con una joven de la comarca de Rancho Alegre. Ella tenía 19 años y había sido educada en el seno de una familia tradicional donde se conservan las costumbres machistas arraigadas como raíces de árbol en el México rural: la mujer debe servir al hombre. Fidencio García y Antonia Galván eran sus padres y no estaban muy de acuerdo con que su hija saliera con un joven como Crescencio Ibarra.

Las salidas comenzaron a hacerse frecuentes entre Crescencio Ibarra y Ana Elda García. Su citas eran sencillas, propias de un pueblo pequeño y dedicado al campo: quedaban de verse en el estanque de Laguna Seca, un gran bebedero para animales donde podían pasar la tarde remojando los pies bajo el sol intenso del altiplano potosino.

Hasta ella se sorprende del cambio: mira a Rubí Ibarra antes y después de la fama

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La sociedad mexicana, católica en su mayoría como lo es, conserva usos, costumbres y manías más bien ancladas en el pasado, en las que el machismo es retorcida normalidad. Que una joven de 19 años se enamorara de un hombre de 22 años no es extraño. Y que dos jóvenes salieran corriendo de su seno familiar para perseguir el amor, tampoco.

Don Crescencio y doña Ana Elda no son la excepción. Aprovechando uno de los viajes a Estados Unidos que él hacía como parte de su negocio de venta de ganado menor, contrajeron matrimonio en la ciudad texana de Dallas. Desde entonces, hasta que lograron consagrar su matrimonio en una iglesia de cuatro metros cuadrados pintada de un chillante color azul, pasaron más de 20 años. De esta unión nacieron 4 hijos: Giovanni de 22 años, Beverly de 21, Alen de 19 y Rubí de 16 años.

En exclusiva para Univision Entretenimiento Crescencio Ibarra explica: “Comenzamos a salir de jovencitos, nos enamoramos y el amor se dio en nosotros. Ahora, honestamente puedo decir que la quiero más que antes, hemos pasado grandes cosas y algunos problemas. Ella es la mujer de mi vida”.


Ana Elda, por su parte, defiende esas rancias ideas atadas al olvidado campo mexicano: asegura que las relaciones no funcionan hoy en día porque las mujeres quieren ser iguales a los hombres "y eso no se puede". Para ella, las mujeres tienen que dedicarse a su familia: "A mí me educaron a la antigüita, ahora muchas relaciones no dan porque ellas quieren ser más que los hombres y así no es, uno está para su esposo, y así debe ser".

"Gracias a Dios, mi esposo, en los errores que ha cometido, siempre ha puesto encima a mis hijos", explica con una extraña tranquilidad al recordar algunos malos momentos que tuvo con el padre de sus hijos y no teme presumir, con seguridad, que ella siempre será la esposa, alineada con la tradición cultural de esa zona de la República Mexicana que tuvo un papel fundamental en la 'Guerra Cristera' de principios del Siglo XX y que enfrentó a conservadores católicos con reformistas republicanos. San Luis Potosí, el estado mexicano donde se encuentra La Joya y donde creció el amor de los padres de Rubí, pertenecía al primer bando .


La madre de la quinceañera más famosa de México, confiesa que don Crescencio no es tan cariñoso, pero que ahora con la carga de la fama de su hija menor (lo que les cambió sus hábitos y rutinas) él se ha vuelto más cortés: la llama por teléfono, se preocupa a la distancia y está al pendiente de ella. El propio padre de la quinceañera lo acepta así: “Ahora soy más cariñoso con ella”.

Antes de que la surrealista fiesta de su hija la catapultara a la fama, doña Ana Elda solía iniciar el día temprano en su casa de dos plantas de la huasteca potosina, cocinaba el desayuno a su marido y despedía a su hija Rubí para que fuera a la secundaria y entonces poder dedicarse a organizar su hogar, a sus otros hijos y a preparar alguno de los guisados favoritos de su marido para la hora de la comida.

A partir de la inesperada popularidad que tiene la familia, la señora viajó a establecerse en la Ciudad de México, donde al despertar cada mañamna lo primero que hace es llamar a don Crescencio, le cuenta por seguridad como estará su día y acompaña a su hija Rubí todo el día, si tiene que ir al estudio de grabación o hacer promoción, doña Ana Elda está con su hija de manera permanente.

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