La saga de películas sobre apostadores que, en el marco del lujo decadente de un casino, arriesgan fortunas en negocios oscuros, es extensa y variada. Es por eso que, en un género dominado por producciones norteamericanas, El Jugador sorprende con un abordaje «criollo» a este formato, donde el juego, los excesos y las traiciones están a la orden del día.
Fuimos a ver El Jugador y te contamos TODO sobre el estreno argentino de la semana
Basada en la novela de Fiódor Dostoievski, la opera prima de Dan Gueller transcurre en una Mar del Plata muy alejada de la versión turística y familiar que tanto conocemos. El sol y playas populosas le dejan lugar a los interiores del Hotel Provincial, donde toma lugar la mayor parte de la historia.
Allí, Sergio Palma ( Pablo Rago) llega a la ciudad para hospedarse en el hotel junto a su novia Belén ( Guadalupe Docampo), su hermana Paulina ( Lali Gonzalez) y su amigo Dany ( Esteban Bigliardi).
¿El motivo de su visita? La intención por parte del grupo de meterse en el negocio de las drogas, usando un dinero proveniente de la empresa familiar, comandada por su abuelo ( Oscar Allegre, recientemente fallecido).
Sin embargo, para que esto transcurra deberán evitar a Alejandro ( Alejandro Awada), mano derecha del abuelo, quien viaja a la ciudad con el dinero creyendo que será destinado a la compra de unos fondos de comercio.
Lo que en principio parece una operación sencilla, se complica cuando, producto de la indolencia de Sergio y su entorno, el botín desaparece. Allí comenzará un juego de alianzas y traiciones en el que se romperán todos los códigos con tal de recuperar lo perdido.
La hecatombe que se desata a continuación toma por momentos un tinte de comedia, con algunas escenas de enredos que, valiéndose de lo absurdo, intentan romper con la intriga y suspenso planteados en el primer acto.
El abuso de los planos cerrados y algunas tomas dignas de un corto institucional atentan contra la estética del film, cuyo ritmo narrativo –más bien convencional– encuentra en el tercer acto algunas dificultades en sostener la dinámica de la historia.

No obstante, con sus aciertos y desaciertos, El Jugador consigue ser un thriller más que correcto. Un clásico de la literatura rusa, adaptado a un género propio del cine norteamericano, traído a nuestras tierras con una impronta local bien definida.


