Chismes

Salma Hayek: 'Mi marido no me mantiene'

La estrella de Hollywood insiste en que el trabajo le ayuda a evolucionar en todos los sentidos y, sobre todo, a garantizar su bienestar económico.
14 Jun 2016 – 9:37 AM EDT

La actriz mexicana Salma Hayek lleva más de dos décadas siendo uno de los rostros más reconocibles de Hollywood, de lo que se desprende un intenso ritmo de trabajo que, además de llevarle ahora a protagonizar uno de los estrenos del año, la cinta 'Tale of Tales', le resulta muy necesario para poder mantener el control de sus finanzas, ya que la actriz asegura que su marido, el empresario francés François-Henri Pinault, y ella mantienen sus respectivos patrimonios por separado.

"No tengo un 'sugar daddy' que me mantenga y financie mi carrera profesional. Eso para mí sería lo más humillante del mundo. Algunas de mis últimas películas serán mejores o peores, quizá funcionen o igual acaban siendo auténticos fracasos. Pero lo importante es la experiencia que te dejan, si te has divertido, si has aprendido algo de ellas. Si me han dejado tiempo para estar con mi familia", reveló la intérprete al diario The Telegraph.

Ahora que se acerca irremediablemente a la década de los cincuenta, la estrella de Hollywood no duda en echar la vista atrás para reflexionar sobre los obstáculos que tuvo que superar a la hora de cimentar su carrera interpretativa, siendo uno de los más importantes los muchos estereotipos que imperaban en la meca del cine a la hora de representar a la comunidad mexicana.

"En todos estos años, me han llegado a decir cosas que no te creerías. Una vez, un directivo de alguna productora me dijo que me costaría hacerme con ciertos papeles porque en cuanto abría la boca, todo el mundo acababa pensando en la asistenta o la niñera de la casa. Me tenían en cuenta para encarnar a una prostituta, pero nunca a la prostituta principal", bromea.


Salma Hayek y su familia recibió la bendición del Papa

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Con el paso del tiempo, Salma fue capaz de superar todas estas barreras asociadas a los prejuicios y demostrar al mundo que podía ser una actriz más versátil de lo que todos esperaban. Con su nominación al Óscar en 2003, tras su aclamado papel de Frida Khalo en la película homónima, la artista no solo se ganó el favor de la crítica y el público, sino también el de sus propios familiares, quienes en principio no veían con buenos ojos que decidiera dedicarse al mundo del espectáculo.

"Cuando empecé a hacer telenovelas en México, mis padres [Diana, cantante de ópera y Sami, director de una importante petrolera en el estado de Veracruz] no estaban muy contentos con mi trabajo, ya que lo consideraban algo típico de las clases bajas, de los sirvientes. Mi abuela fue la única que me apoyó en esto, era una mujer culta e inteligente, pero también le gustaba una buena telenovela de vez en cuando", recordó.

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