UFC

Las locuras de McGregor, el showman del octágono

El peleador irlandés ha sabido combinar su talento en la jaula con una extrovertida personalidad para forjar el personaje que le ha dado los reflectores del mundo deportivo.
5 Oct 2018 – 9:42 PM EDT

Conor McGregor encarna el concepto del showman mejor que nadie en la actualidad. El peleador irlandés sabe vender sus peleas, por más descabelladas que parezcan, pues sabe que la mejor forma de atraer la atención del público es por medio del morbo, forma infalible del entretenimiento.

A lo largo de su carrera, McGregor ha sabido combinar los resultados en el octágono con una personalidad fabricada, ruidosa e irreverente que no deja indiferente a nadie; se le ama por la capacidad para escupir insultos y sostenerlos al momento de repatir leña o se le odia por su exagerado despliegue de cinismo.

Sus locuras son parte inherente del espectáculo del apodado 'The Notorious', ya sea en conferencias de prensa, durante el entrenamiento, en la ceremonia de pesaje o en la pelea misma; el factor sorpresa, tanto fuera como dentro de la jaula, es su mejor virtud.

El más reciente de sus shows se dio a principios de año, cuando atacó el camión de UFC que transportaba a Khabib Nurmagomedov y a otros peleadores tras la rueda de prensa del evento UFC 223. McGregor, escoltado por al menos cinco personas más, lanzó toda clase objetos contra las ventanas, provocando que los vidrios lesionaran a un par de peleadores, pero no a quien en un día enfrentará en Las Vegas.

Tras el incidente, el irlandés obtuvo su cometido: atrajo la atención de los medios y, posteriormente, concretó su regreso al octágono ante Nurmagomedov, con todo y su marca de whiskey como patrocinador principal de UFC y un nuevo contrato de seis peleas.


Previo al ataque, McGregor ya había logrado colocarse como uno de los personajes más mediáticos gracias a su extraño debut como boxeador en la (infame) pelea con Floyd Mayweather Jr. 'The Notorious' aplicó la misma fórmula: provocaciones vía Twitter (el nuevo medio oficial para hacer declaraciones "formales") y dejó que el público y las televisoras hicieran el resto.

¿Por qué es tan exitoso McGregor para vendernos "ficciones"? Quizás se debe a la libertad que el irlandés se toma para jugar con los límites de los buenos modales en el deporte. Si partimos del supuesto que los atletas son, o deberían ser, ejemplos a seguir, McGregor engloba todo lo contrario al deportista bienechor. Es, digamos, una especie de antiatleta.

Su habilidad con las palabras es equivalente a su velocidad con las manos. Patada al ego seguida del recto de derecha que conecta en las inseguridades de sus rivales. Así los mina, incluso antes de subirse a la jaula.

¿Será Nurmagomedov un número más en el historial de McGregor tras UFC 229? ¿Podrá el ruso complacer a aquellos que quieren ver al irlandés caer por segunda vez en UFC? Por el momento, la batalla psicológica se inclinó a favor de McGregor. Falta una show más, el de la báscula.

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