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Obama y Santos en la Casa Blanca en abril de 2011

Obama: "Colombia será un modelo de paz con justicia"

Obama: "Colombia será un modelo de paz con justicia"

El presidente de EEUU afirmó, en conversación con el periodista Julio Sánchez Cristo

Obama y Santos en la Casa Blanca en abril de 2011
Obama y Santos en la Casa Blanca en abril de 2011

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, confía en que Colombia se convertirá en un modelo de paz con justicia, una vez que el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC logren un acuerdo final en La Habana para poner fin a más de cincuenta años de conflicto.

Al cumplirse 15 años del lanzamiento del Plan Colombia y en conversación con el periodista colombiano Julio Sánchez Cristo, Obama hace un repaso del vuelco que ha dado este país en materia de seguridad, tráfico de drogas, derechos humanos y desarrollo económico.

La entrevista, que se reproduce a continuación, forma parte del libro El país que se hizo posible (Planeta, 2016), donde Sánchez Cristo reunió los testimonios de 30 personajes clave en esta política antidrogas desarrollada el apoyo militar y financiero de Washington, y en la historia reciente de Colombia.


Julio Sánchez Cristo: En la Cumbre de las Américas de 2012 en Cartagena usted dijo que Washington ya no veía a Colombia como un problema. ¿Qué análisis hizo su administración para hacer esta afirmación?

Barack Obama: El mundo entero es testigo del extraordinario progreso que ha hecho Colombia. Para mí fue un honor visitar Cartagena hace tres años, cuando Colombia fue el país anfitrión de la Cumbre de las Américas. Cartagena es una ciudad hermosa, y me impresionó gratamente la hospitalidad del presidente Santos y la gente de Colombia. Como lo dije en aquella ocasión, el hecho de que Cartagena haya sido escogida como sede de la Cumbre fue un reflejo de la notable transformación de Colombia. El mérito por dicha transformación recae principalmente en los líderes, las fuerzas de seguridad y el pueblo de Colombia, quienes han demostrado gran coraje y han hecho increíbles sacrificios en su empeño por lograr un futuro más seguro y próspero. Colombia ha fortalecido su democracia. La seguridad ha mejorado, con una reducción dramática en la tasa de secuestros y homicidios. La economía colombiana muestra un repunte impresionante, lo cual ha ayudado a la población más deprimida a salir de la pobreza y pasar a integrar una creciente clase media así como a crear más oportunidades de mercado que beneficien a nuestros dos países. A medida que progresa la situación interna del país, Colombia se ha ido convirtiendo en un líder cada vez más importante en la región. A propósito de ello, estamos agradecidos con Colombia por compartir su experiencia y experticia con nuestros socios de Centroamérica que han debido enfrentar la violencia y los carteles de droga en sus territorios. A lo largo de varias administraciones, incluyendo la mía, Estados Unidos se ha enorgullecido de ser socio de Colombia. Ello incluye nuestra cercana cooperación en el Plan Colombia, que ha ayudado al país a hacer importantes progresos en seguridad, desarrollo y en el restablecimiento del Estado de derecho. Me entusiasma la idea de recibir al presidente Santos y a otros líderes de Colombia en la Casa Blanca en febrero de 2016 para celebrar nuestra alianza representada en el Plan Colombia y hablar acerca del prometedor futuro de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos.

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JSC: ¿Qué opinión le merece el desarrollo de la negociación en La Habana, que ya cumple tres años?

BO: En primer lugar, quiero hacer un reconocimiento al presidente Santos por su valiente decisión de sentarse a negociar. Creo que nadie pensó que sería una tarea fácil. Es más difícil terminar las guerras que comenzarlas. Ello requiere compromiso; implica tomar riesgos. El presidente Santos y su equipo han demostrado una indoblegable determinación de alcanzar la paz. A fin de apoyar sus esfuerzos designé a nuestro enviado especial, Bernie Aronson, para colaborar en lo que esté a nuestro alcance. Agradezco al gobierno de Cuba por acoger las negociaciones de paz, las cuales se han adelantado durante el restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Tuve la oportunidad de hablar con el presidente Santos al margen de la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Manila. Le dije que el reciente progreso en las negociaciones me parece muy alentador, incluyendo el nuevo plazo para un acuerdo final. Seguimos pensando que cualquier acuerdo que contemple la responsabilidad de las partes por las atrocidades cometidas durante la guerra ayudará a Colombia a ponerse al día con sus obligaciones legales, a nivel doméstico e internacional. Con base en dichos parámetros, corresponde al pueblo de Colombia y a las partes en la mesa de negociaciones el formular mecanismos de justicia transicional. El presidente Santos merece un enorme crédito por poner a las víctimas en el centro de la negociación y estamos convencidos de que, cuando se llegue a un acuerdo final, Colombia será un modelo de cómo alcanzar la paz con justicia. Pero la verdadera paz no es simplemente la ausencia de guerra. Cualquier acuerdo de paz deberá ser implementado. Y la paz verdadera requiere seguridad, oportunidades y que se respeten los derechos humanos de todas las personas, incluyendo quienes habitan en áreas rurales. Así como hemos acompañado a Colombia en su lucha contra las Farc, también la apoyaremos en su esfuerzo de consolidar una paz duradera. El progreso económico del país en años recientes demuestra el increíble potencial del pueblo colombiano. Un acuerdo de paz puede ser la base de un mayor crecimiento económico y de una cooperación más cercana entre nuestros dos países en las décadas por venir.

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JSC: El presidente Santos ha dicho que, más que una guerra contra las drogas, lo que se necesita es un cambio de estrategia que produzca mejores resultados que los obtenidos hasta ahora. ¿Eso es así? ¿Qué hay que cambiarle a la manera como se enfrenta el narcotráfico?

BO: He acogido favorablemente el debate y diálogo en profundidad sobre cómo enfrentar el reto de las drogas ilegales y los narcotraficantes, incluso en la Cumbre de las Américas. He discutido el tema con el presidente Santos y otros líderes de la región. Creo que con un debate honesto y abierto podremos entender mejor las ventajas y desventajas de los distintos enfoques y centrar nuestra atención en cómo lograr un mayor impacto trabajando juntos. Ya hemos comenzado con un cambio en la estrategia en los Estados Unidos. Como presidente, he reconocido que mi país comparte la responsabilidad frente a este problema. Esto incluye asumir el reto de reducir la demanda de drogas ilegales en los Estados Unidos. Al tiempo que continuamos con nuestros esfuerzos para incautar sustancias ilegales y evitar su ingreso al país, hemos abrazado un enfoque de salud pública que busca reducir la demanda. De hecho, actualmente destinamos más dinero al tratamiento y la prevención que a la aplicación de leyes relativas a las drogas y la detención de narcotraficantes. Paralelamente, hemos destinado recursos sin precedentes para combatir el flujo de armas y dinero desde los Estados Unidos hacia México y otros países de la región. Estados Unidos y Colombia son socios extremadamente cercanos en la lucha contra la droga y los carteles de narcotraficantes. Colombia ha desarrollado una nueva estrategia antinarcóticos y estamos comprometidos a trabajar con el gobierno de Colombia para que dicha estrategia sea exitosa. Ello implicará mayor cooperación en erradicación manual, incautación y seguimiento a organizaciones criminales y operaciones complejas de lavado de dinero. Además, el tráfico de droga y la insurgencia de las Farc están conectados entre sí, lo que constituye un incentivo añadido para un acuerdo de paz. La implementación efectiva de un acuerdo de paz con las Farc permitirá al gobierno de Colombia expandir las oportunidades económicas y promover el Estado de derecho en zonas que antes eran controladas por dicho grupo insurgente.

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JSC: Recientemente, Human Rights Watchs presentó un duro informe sobre violaciones a los derechos humanos en el país. ¿Cómo interpreta usted ese análisis? ¿Se trata de daños atribuibles al Plan Colombia y su enfoque militar?

BO: El apoyo a los derechos humanos es un elemento esencial de la política exterior de los Estados Unidos, tan importante como lo es el trabajo sostenido en defensa de los valores universales en nuestro propio territorio. De manera que cuando surgen denuncias de violaciones a los derechos humanos, en cualquier lugar del mundo, las tomamos con mucha seriedad. El respeto a los derechos humanos en Colombia ha progresado, en parte, gracias a la importante inversión conjunta entre nuestros dos países. Por ejemplo, a través del Plan Colombia Estados Unidos ayudó a crear un programa que beneficia a los periodistas colombianos y las organizaciones de derechos humanos que han sacado a la luz abusos relacionados con el conflicto armado. Hemos aportado cerca de cien millones de dólares a la oficina del fiscal general, que trabaja para que los violadores de los derechos humanos paguen por sus acciones. Y Estados Unidos apoya la implementación de la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras en Colombia. Habiendo dicho esto, quedan serios retos por delante. El asesinato de civiles inocentes por parte de miembros de las Fuerzas Militares —los llamados ‘falsos positivos’— representa uno de los capítulos más oscuros del conflicto colombiano. Seguimos insistiendo ante el gobierno de Colombia sobre la necesidad de responsabilizar a quienes ordenaron y ejecutaron dichos crímenes. El presidente Santos y yo hemos discutido con frecuencia el tema de los derechos humanos y Estados Unidos seguirá colaborando con el pueblo de Colombia, incluyendo los grupos de la sociedad civil, para fortalecer el Estado de derecho y las instituciones que defienden los derechos humanos. Creo que a medida que avanza hacia un futuro de paz, Colombia se convertirá, cada vez más, en un ejemplo positivo de democracia para las Américas y el resto del mundo.

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JSC: Todo indica que en apariencia la relación EE. UU.-Colombia se ha desnarcotizado parcialmente y las dos naciones hablan ahora de tecnología, educación, comercio y medio ambiente, entre otros temas. ¿Esto es resultado de que Colombia ya está en capacidad de manejar y administrar el conflicto interno?

BO: Factores como la dramática mejora en seguridad y la creciente economía de Colombia han favorecido la relación entre nuestros dos países. El hecho de que los colombianos gocen de mayor seguridad naturalmente abre la puerta a un mayor desarrollo económico y una agenda más amplia. Nuestro acuerdo de libre comercio está vigente —con medidas que buscan proteger a los trabajadores y el medio ambiente— y ha ayudado a acercar nuestras economías aún más. Apoyamos fuertemente la candidatura de Colombia para pertenecer a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). Contamos con Colombia como un decidido defensor de instituciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Estamos agradecidos por el liderazgo que Colombia ha ejercido en el cambio climático como el primer país de Suramérica en fijarse una meta de reducción de emisiones con anterioridad a las exitosas charlas sobre cambio climático en París. Todos nuestros esfuerzos están unidos por un propósito común: entregar un mejor futuro, más justo y equitativo, para nuestra gente. De hecho, uno de los momentos más memorables que viví en Colombia fue un evento en el que el presidente Santos otorgó títulos de tierras a dos comunidades afrocolombianas. Los ancestros de estas familias llegaron encadenados a este hemisferio. Para mí, como afroamericano cuya esposa e hijas son descendientes de esclavos y de dueños de esclavos, este fue un evento poderoso. Fue un recordatorio de que incluso frente a tremendos obstáculos, el cambio para bien es posible. El pueblo de Colombia ha recorrido un camino difícil. Pero Colombia está haciendo un verdadero progreso. Quiero que todos los colombianos sepan que seguirán teniendo un amigo y socio firme en los Estados Unidos de América.

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