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Daniela de Ávila, de 4 años, padecía cardiomiopatía.

El segundo corazón de la pequeña Daniela: un trasplante con final feliz

El segundo corazón de la pequeña Daniela: un trasplante con final feliz

Lo primero que le dijeron a los padres de la pequeña Daniela fue que los problemas de respiración que sufría su hija se debían a una infección, luego al asma.

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Daniela de Ávila, de 4 años, padecía cardiomiopatía.

LOS ÁNGELES, California.- Un día después de cumplir los 4 años, Daniela empezó a sentir un dolor en el vientre, lo que preocupó a su madre que de inmediato la llevó al Centro Médico White Memorial de Los Ángeles.

En ese hospital, el mismo donde el 9 de agosto de 2011 había nacido la niña, los médicos le dijeron que se trataba de una infección urinaria, pero el estado de ánimo de esa niña inquieta había decaído y había perdido su buen apetito.

Los doctores insistieron que el problema no era grave y que su malestar podría estar relacionado con el asma que le habían diagnosticado dos años antes.

“Siempre noté que la respiración de mi hija era más acelerada, cuando tenía 2 años me dijeron que tenía principios de asma, pero yo sabía que algo no estaba bien y se me ocurrió que le hicieran un ultrasonido”, comentó Carolina de Ávila a Univision 34 Los Ángeles.

El 13 de agosto, habían pasado cuatro días de la fiesta de cumpleaños, la mamá decidió llevarla al Children's Hospiltal Los Ángeles para una observación interna y determinar por qué Daniela estaba así de achicopalada, sin energía.

La mamá se quedó en shock cuando escuchó lo que le dijeron los médicos al terminar el ultrasonido: “Su hija requiere de un trasplante de corazón”.

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La larga lista de espera

El ultrasonido revelaba un mal oculto en el corazón de Daniela, una enfermedad conocida como cardiomiopatía restrictiva, la cual impide que el corazón se estire adecuadamente y limita la cantidad de sangre que se bombea.

Daniela, se va a casa con su nuevo corazón Univision

Ese mismo 13 de agosto la niña fue internada y la conectaron a un aparato que ayudara a las funciones del órgano. Los próximos ocho meses su mamá viviría prácticamente en el hospital a la espera de un corazón para Daniela.

Durante ese tiempo, cuenta la señora De Ávila, acudió a múltiples reuniones médicas donde le informaban sobre la enfermedad, los riesgos, las dificultades para recibir un órgano y de las condiciones que se tienen que cumplir para poder trasplantarlo.

“Me dijeron que en par de ocasiones llegaron corazones que podían ser para mi hija, pero como el órgano no estaba sano al 100% o porque a ella le había dado neumonía, no se pudo hacer el trasplante”, recordó.

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La Red Nacional para el Reparto de Órganos (UNOS) precisa en 121,017 los pacientes que integran la lista de espera para el trasplante de cualquier tipo de órgano, de los cuales 4,186 requieren el corazón.

“Me decían que el corazón llegaría el día que menos lo esperara”, dijo la mamá de Daniela. “Durante 8 meses estuve esperando un milagro”.

La noche del pasado 10 de abril, el piso 2 de cardiología del Children's Hospital Los Ángeles estaba en silencio. El doctor Jondavid Menteer que atendía a Daniela llamó de urgencia a la mamá para que se presentara en su oficina.

Lo que el médico le dijo la estremeció: “Tenemos el corazón para Daniela”.

Lo que siente otro corazón

La noticia que la señora De Ávila estuvo esperando había llegado gracias a la familia de un niño de la misma edad que donó el órgano, un corazón en perfecto estado y compatible para Daniela, quien ya había sido trasladada del piso 2 de cardiología al quirófano.

Daniela de Ávila, de 4 años, regresó a casa tras recibir un corazón nuevo.
Daniela de Ávila, de 4 años, regresó a casa tras recibir un corazón nuevo.

Después de siete horas de operación, Daniela salió del quirófano a las 4:00 de la madrugada con un corazón nuevo que le devolvió el color a sus regordetes cachetes y la esperanza de muchos años de vida.

El 2 de mayo Carolina de Ávila regresó a su hogar de la mano de su hija después de nueve meses, el mismo tiempo que tuvo a Daniela en su vientre. “Cuando la estuve esperando para que naciera era con la ilusión de verla, esta vez era el temor de perderla, emocionalmente estos nueve meses fueron más dolorosos que cualquier parto”, mencionó De Ávila, quien también es madre de niños gemelos.

El trasplante de corazón le ha sentado bien, dice la madre, aunque el suministro de medicamentos tendrá que ser de por vida. Actualmente la niña toma 15 píldoras que irán dismuyendo conforme el órgano se adapte.

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Durante todo ese tiempo la señora De Ávila tuvo una duda le daba vergüenza mencionar, ¿le cambiarían los sentimientos a su hija con un nuevo corazón? Ya ha podido comprobar que sigue siendo la misma.

"Vamos a jugar al parque y vamos a ir a misa", dijo la pequeña Daniela a Univision 34 minutos antes de dejar el hospital con su perro de peluche y su karaoke portátil bajo el brazo, con la ilusión de llegar a casa para cocinar pozoles con su madre. En un futuro, aseguró, le gustaría poder ser doctora.

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