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El presidente Trump durante la reunión con miembros de su gabinete el 1 de noviembre de 2017.

Después de la masacre de Las Vegas Trump no quiso hablar de armas, pero intenta usar Nueva York para endurecer políticas de inmigración

Después de la masacre de Las Vegas Trump no quiso hablar de armas, pero intenta usar Nueva York para endurecer políticas de inmigración

El atropello en Manhattan que dejó ocho muertos lleva al presidente a plantear un debate sobre política migratoria, en alto contraste con la negativa de la Casa Blanca de hablar de control de armas tras el tiroteo en Las Vegas, aduciendo que no era el momento.

En video: Trump pide al Congreso eliminar la lotería de visas Univision

No pasaron más de 24 horas desde el ataque que dejó ocho personas muertas en una ciclovía de Nueva York y el presidente Donald Trump ya tenía una idea de quién era el culpable de fondo: el líder de la minoría demócrata en el Senado Chuck Schumer, a quien señala, equivocadamente, como el principal responsable de la llamada Lotería de Visas que permitió al sospechoso obtener la residencia de EEUU.

En una sorpresiva politización de una tragedia causada por un acto descrito como “un acto de terror” por las autoridades, el presidente dejó de lado los tradicionales mensajes de solidaridad con las víctimas, llamados a la unidad nacional y promesas de garantizar la seguridad ciudadana para promover su agenda migratoria explotando los miedos y las desconfianzas de buena parte de la población.

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Empezó el miércoles temprano desde su cuenta Twitter Trump fustigado al senador Schumer por “la belleza” del llamado Programa de Visas para la Diversidad de Inmigrantes, popularmente conocido como la Lotería de Visas mediante la cual unos 50,000 ciudadanos de países con baja inmigración obtienen residencia permanente en el país.

Ese programa fue aprobado en 1990, cuando Schumer era un congresista por Nueva York y se sumó a la treintena de legisladores que copatrocinaron la versión en la Cámara de Representantes, entre ellos siete republicanos. Finalmente la ley fue firmada por el presidente George W. H. Bush.

Más allá de la inexactitud del cometario presidencial, destaca cómo el mandatario aprovecha lo que suele ser un momento de duelo y reflexión nacional para promover su agenda migratoria radical, que se emparenta con su fijación por denunciar el radicalismo musulmán y las etiquetas de la corrección política que piensa que complican la defensa del país ante la amenaza extremista.

La Casa Blanca, por supuesto, no cree que el mandatario esté politizando el debate, sino que está tratando de promover un debate para redefinir políticas cruciales para la seguridad nacional.

"Esto no es una nueva conversación, el presidente ha estado hablando de verificación extrema (de inmigrantes) desde que era candidato, antes de que llegara a la presidencia", argumentó este miércoles la secretaria de prensa de la Casa Blanca Sarah Huckabee Sanders.

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Del otro lado, Schumer incluido, otros piensan que las palabras del presidente no son útiles y que pierde la oportunidad de ejercer el liderazgo que necesita la nación en momentos difíciles.

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Inmigración sí, armas no

En alto contraste con el debate suscitado este martes por el presidente sobre la necesidad de reformar partes del sistema de inmigración, hace exactamente un mes, cuando 59 personas murieron en Las Vegas en el tiroteo más mortífero de la historia del país, la Casa Blanca y sectores conservadores rechazaron abrir un debate sobre control de armas alegando que se trataba de un momento de convocar a la unidad nacional y no de fomentar divisiones políticas.

Por regla general, los grupos conservadores y otros que promueven el derecho a tener armas recurren al argumento del duelo y la unidad nacional para evitar que las frecuentes masacres realizadas con armas de fuego lleven al Congreso a establecer controles a su porte y adquisición, algo que está consagrado en la Segunda Enmienda de la Constitución.

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El 2 de octubre, al día siguiente de la masacre en Las Vegas, Sarah Huckabee Sanders, apeló a ese recurso para no responder las preguntas de los periodistas sobre cualquier esfuerzo legislativo para evitar eventos como esos asegurando que “hay un tiempo y lugar para el debate política, pero ahora es el momento para unirnos como país”.

“Actualmente hay una investigación policial en curso, el motivo todavía debe ser determinado y sería prematuro para nosotros discutir políticas cuando no sabemos completamente todos los hechos sobre lo que pasó anoche”, dijo la portavoz.

En aquel momento la secretaria de prensa explicó que había una diferencia entre ser candidato y ser presidente cuando se le recordó que Trump no había esperado para politizar tragedias nacionales, como ocurrió tras la matanza de San Bernardino, en diciembre de 2015 en la que murieron 14 personas, o en la de Orlando en junio de 2016, donde murieron 49.

En esos casos, y en algunos ocurridos en el extranjero, Trump ha sido veloz para cuestionar las políticas de seguridad o migratorias de EEUU o de los países aliados y para cuestionar el "islamismo radical" de los atacantes, incluso antes de que las autoriadades presenten sus teorías sobre esas acciones.

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Que el presidente apunte a la lotería de visas como un programa potencialmente vulnerable que habría sido aprovechado por el supuesto atacante de Nueva York para ingresar al país, ayuda a fomentar la desconfianza al otro que está afectando a gran parte de la población y que se ha profundizado en los últimos años, con expresiones cada vez más frecuentes del llamado supremacismo o nacionalismo blanco.

El acusado del ataque en Nueva York es natural de Uzbekistán, un país que no está en la lista que la Casa Blanca identificó en enero cuando emitió el bloqueado decreto para restringir la inmigración de países de mayoría musulmana. Además, las fuentes policiales indican a los medios que su proceso de radicalización se produjo una vez llegó a EEUU.

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Pero la estrategia oficial alimenta la desconfianza hacia el mundo musulmán, del que suelen provenir los grupos radicalizados que atentan en EEUU, Europa, Asia y parte de África. Antes de Trump, el presidente demócrata Barack Obama o el republicano George W. Bush se cuidaron de no proyectar hostilidad hacia la religión dentro de la llamada "guerra contra el terrorismo" que lazó el último despúes de los atentados del 11 de septiembre de 2011.

Sin embargo, un esfuerzo personal del presidente desde sus tiempos de candidato ha sido barrer contra la corrección política, que considera que dificulta adoptar políticas efectivas para combatir el terrorismo. Los republicanos permanentemente criticaron que Obama nunca se refiriera al "islamismo radical" a la hora de identificar a los grupos hostiles.

“La última cosa que deberíamos hacer es arrojar acusaciones sobre razas completas o sobre religiones enteras o sobre naciones enteras. Eso solo empeora la situación”, dijo el alcalde de Nueva York Bill de Blasio cuando se le preguntó su reacción a las palabras del presidente.

Pero se trata de un presidente que sigue comportándose como candidato. Este miércoles Trump aseguró que el sistema de justicia estadounidense, uno de los orgullosos pilares de la institucionalidad nacional, era el "hazmerreir" del mundo por la manera cómo maneja los casos de terrorismo. Además sugirió una justicia más dura y expedita, aunque no aclaró qué propone para lograr eso.

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En este caso, lo que parece ser la intención del mandatario es seguir alimentando a su base de apoyo más conservadora, esa misma que ve con desconfianza a la inmigración musulmana y de otros orígenes.

Las fotos del atropello múltiple en el bajo Manhattan
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