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Un seguidor de Donald Trump en Nueva York

Carlos Chirinos: La explotación del miedo en la campaña electoral

Carlos Chirinos: La explotación del miedo en la campaña electoral

Luego de la masacre cometida por ISIS en París, un jugoso pero peligroso filón electoral está siendo explotado irresponsablemente por quienes aspiran llegar a la Casa Blanca

Un seguidor de Donald Trump en Nueva York
Un seguidor de Donald Trump en Nueva York

Por Carlos Chirinos (@carl_chirinos), editor político principal de UnivisionNoticias.com

La crisis mundial que generó la masacre perpetrada por el autodenominado Estados Islámico en París la vieron muchos en Estados Unidos como el momento de las definiciones para una campaña primaria que hasta ahora ha desafiado las convenciones.

Llegó el momento de los políticos de raza, dijo más de uno con alivio, sobre todo en el campo de los republicanos.

Tenían la esperanza de que las opciones punteras del magnate Donald Trump o del neurocirujano Ben Carson perdieran fuelle ante un tema, el de política exterior, para el que no parecen estar bien preparados.

Los asesores de Carson han reconocido públicamente lo difícil que es que el candidato pueda entender el mundo y sus complicaciones, mientras que Trump, viendo amenazas chinas por todas partes, ha llegado a meter a Pekín como actor en el conflicto en Siria.

Sin embargo, la postura de Trump de solucionar la amenaza que representa EI –o ISIS, como también se le conoce– a “bombazos”, sin dar más especificaciones, parece resonar entre muchos estadounidenses.

Las primeras encuestas realizadas tras la masacre de París ponen la opción del empresario muy por delante de sus competidores en Iowa o New Hampshire, donde en febrero arrancarán las primarias de los partidos.

Adiós a la esperanza de los moderados republicanos de que ISIS se encargara de desinflar la burbuja de Trump.

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Exabruptos

Esta semana el candidato-celebridad-empresario ha destacado en el coro de republicanos que han expresado más de un exabrupto sobre cómo manejar el desafío que plantea ISIS en Siria y los miles de refugiados que salen de aquel país.

Todos los precandidatos republicanos han dicho lo suyo para los anales de la intolerancia, empeñados en denunciar la “hipercorrección política” de quienes no quieren pronunciar la frase “terrorismo islámico”.

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Desde dejar de recibir a personas necesitadas que huyen de un peligro inminente, pedir dejar pasar solo a “pacíficos” cristianos, hasta comparar a los musulmanes con perros rabiosos o con barriles de manzanas dañadas.

Pero Trump ha ido más lejos ofreciendo cerrar mezquitas o establecer registros de musulmanes. Y sin embargo, sus palabras ofensivas no hacen mella en su popularidad.

Cierto que sus niveles de rechazo son los más altos de cualquiera de los aspirantes a la nominación de los dos grandes partidos, pero la pasión que despierta entre sus acólitos luce a prueba de exabruptos.

El manejo del miedo al extranjero, ese recurso tan viejo en la política mundial, está surtiendo efecto.

El senador Lindsey Graham ha sido el candidato más duro frente a ISIS
El senador Lindsey Graham ha sido el candidato más duro frente a ISIS


Si no hubiera allí un filón electoralmente explotable no habría surgido esa rebelión de gobernadores empeñados en demostrar a sus ciudadanos lo mucho que se preocupan por su seguridad.

O no habría el Congreso sacado tiempo de tantas otras cosas que tiene pendientes para aprobar un proyecto forzando al Ejecutivo a hacer lo que ya hace a la hora de aceptar refugiados: verificar que sean confiables.

Todo sirve para demostrar que el actual gobierno demócrata de Barack Obama, y por transitividad su exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, han sido inocentes cuando no “irresponsables” en el manejo de la política exterior y de seguridad.

Riesgo xenofóbico

Lo peligroso es que esa explotación del miedo puede conducir a males mayores, la xenofobia queda a la vuelta de la esquina.

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Una encuesta publicada por Bloomberg esta semana indica que el 63% de los consultados favorece detener o moderar de alguna manera el ingreso de refugiados sirios, una quinta parte de ellos pide que se acepten solo cristianos.

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Por otro lado, sirve para demostrar que las categorías de análisis político no están sirviendo para estudiar lo que pasa en esta campaña.

Si París dejara al desnudo las deficiencias de algunos aspirantes para manejar la crisis global que plantea el extremismo, las encuestas habrían mostrado un súbito reacomodo.

Por ejemplo, el mayor beneficiario de los ataques en París sería el senador Lindsey Graham, uno de los mayores halcones que hay en Washington.

Desde que empezó la llamada Primavera Árabe, con el caos en Libia y Siria, Graham ha abogado por una política dura de intervención militar para estabilizar la región y erradicar a los grupos extremistas para los que Washington es “el enemigo”.

Pero no son los planes, sino las palabras altisonantes las que están dando resultados en la ruta electoral.

La pregunta es hasta cuándo y si serán suficientes para llegar a la Casa Blanca.  

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