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Al menos cinco choferes de autobús fueron asesinados durante la última semana de julio por pandilleros de Barrio 18, con el objetivo de boicotear el servicio de transporte público.

Agosto, el mes más sangriento de la década en El Salvador

Agosto, el mes más sangriento de la década en El Salvador

911 personas fueron asesinadas en el país durante el último mes; en promedio, 29 por día. La justicia procesa a los pandilleros como "terroristas".   

Al menos cinco choferes de autobús fueron asesinados durante la última s...
Al menos cinco choferes de autobús fueron asesinados durante la última semana de julio por pandilleros de Barrio 18, con el objetivo de boicotear el servicio de transporte público.

Por Efren Lemus @efrenlemus desde San Salvador

Cuando Raúl Martínez llegó al Redondel Nicaragua, al norte de la capital salvadoreña, más de 800 cruces de madera estaban clavadas sobre el césped, alrededor de una estatua de César Augusto Sandino, el revolucionario nicaragüense.

Entre las cruces de madera, estaban dos pancartas con un mensaje para las autoridades de seguridad pública: "Somos los 895 muertos de agosto. ¿Cuántos más debemos ser para que hagan algo?".

Quienes colocaron las cruces y las pancartas de protesta por el incremento de los homicidios en El Salvador estaban equivocados. No eran 895 las víctimas de la violencia. Según el último informe del Instituto de Medicina Legal, fueron 911 los salvadoreños asesinados durante agosto, cifra que coloca a este mes con un récord de muertes violentas en lo que va del siglo. En promedio, 29 homicidios cada día. Un asesinato ocurrió cada hora.

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Las estadísticas -y las noticias- sobre la violencia en El Salvador son tan fuertes y sofocantes que muchas comunidades y muchos salvadoreños han hecho del silencio un escudo ante el miedo.

Raúl es uno de ellos. Él es empleado de la alcaldía de San Salvador y su trabajo cotidiano consiste en cortar el césped, podar árboles y sembrar flores en lugares públicos de la capital. La mañana del martes primero de septiembre, empero, la misión que se le encomendó a él y otros trabajadores fue la de retirar las cruces de madera y las pancartas verdes, con letras blancas.

-¿Les demoró quitar las cruces?

-No, rápido se quitaron.

-¿Y quién las colocó aquí?

-No lo sé y aunque lo supiera no se lo diría. Eso le he dicho a los compañeros, así como está la situación es mejor no hablar… Es mejor evitar problemas.

Lo que Raúl llama “la situación” es, en realidad, una cadena de hechos que convirtió a agosto en el mes más violento en lo que va del siglo.

De pandilleros a terroristas

En los cuatro días previos al inicio del mes, Manuel Sales, Mauricio Renderos, Juan Cruz, Elías Meléndez y otra persona no identificada fueron asesinados. Todos trabajaban como motoristas de buses o microbuses y, según la Fiscalía, los crímenes fueron ordenados por la facción Revolucionaria del Barrio 18, una de las tres principales pandillas del país, para boicotear el servicio del transporte público.

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La pandilla logró su objetivo. Entre el 27 de julio y el primero de agosto varias rutas del transporte público se declararon en paro por las amenazas de muerte en contra de los motoristas.

Mientras los buses estaban guardados en predios de las cooperativas de transporte, las aceras de las calles capitalinas estaban abarrotadas de estudiantes, vendedores y empleados que necesitaban transportarse hacia sus casas o lugares de trabajo.

La amenaza al boicot del transporte público siguió latente para la segunda semana de agosto, después de las vacaciones por las fiestas capitalinas.

La Fiscalía, entonces, se anticipó y ordenó la captura de 308 pandilleros a los que acusó del delito de “organizaciones terroristas agravadas”. Días después, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia confirmó la legalidad de la Ley Antiterrorista y consideró que las pandillas son organizaciones a las que se les puede aplicar esa ley porque controlan territorios y tienen prácticas que infunden terror entre la población.

Sin embargo, ni la captura de 308 pandilleros ni el discurso estatal de aplicar leyes severas contra las pandillas evitó el aumento de los homicidios durante agosto.

El primer aviso de la escalada de la violencia llegó el 16 de agosto cuando la policía reportó un enfrentamiento con pandilleros en un cantón de Panchimalco, al sur de la capital. Tras la balacera, los cadáveres de cinco jóvenes fueron encontrados dentro de una pequeña vivienda con paredes de lámina.

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Ese día terminó con 40 homicidios y muchos salvadoreños creyeron que sería el más violento del año, pero se equivocaron.

El lunes 17 de agosto, la policía reportó 42 asesinatos y algunos periódicos publicaron en sus portadas que ese sí era “el día más violento del siglo”, pero tampoco acertaron.

Según el informe de Medicina Legal, el 23 de agosto fue el peor día: ese miércoles ocurrieron 52 homicidios, cada media hora un asesinato.

La vorágine tras la tregua de pandillas

¿Cuándo comenzó esa vorágine que elevó el promedio diario de homicidios de 14 a más de 40?

Luis Enrique Amaya, consultor internacional e investigador en temas de seguridad ciudadana, opina que su origen se debe a que " se manejó muy mal el inicio y, sobre todo, el cierre de la tregua de pandillas. La forma en que se cerró la tregua pudo haber provocado, en buena medida, condiciones para tener lo que tenemos ahora”.

La tregua fue una negociación entre las pandillas y el gobierno del expresidente Mauricio Funes que se llevó a cabo en marzo de 2012. En este proceso, las pandillas se comprometieron a una reducción de los homicidios a cambio que 30 de sus líderes fueran trasladados del penal de máxima seguridad hacia otras cárceles con controles menos rígidos.

El efecto inmediato de la tregua fue un desplome de los homicidios: de un promedio diario de 11.9 bajó a 6.8.

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Amaya es coautor del estudio “La tregua entre pandillas como una forma de intervención sobre la violencia”, donde analiza datos desde enero de 2010 hasta julio de 2014 y estima que la tregua evitó 5,501 asesinatos.

“Es probablemente la tregua más exitosa en todo el hemisferio occidental, no hay registro de una tregua tan exitosa para bajar homicidios ni tan prolongada en su duración”, dice Amaya.

La drástica reducción de los homicidios, según el estudio, es resultado de la negociación entre las pandillas y el gobierno porque otras variables que pueden incidir en más o menos criminalidad (marginalidad, pobreza y desempleo) se mantuvieron estables.

Al comparar procesos de treguas entre pandillas que han sucedido en otros países como Estados Unidos, Jamaica, Honduras y Trinidad y Tobago, Amaya dice que luego de la reducción de los homicidios se produce “un efecto boomerang” que provoca que las cifras de homicidios regresen a los indicadores originales y, en algunos casos, que se eleven.

“Lo que estábamos pronosticando con datos hasta junio de 2014 es lo que creo que ahora estamos viendo”, dice Amaya.

El gobierno de Mauricio Funes nunca reconoció la negociación con las pandillas, aunque sí se atribuyó la reducción de los homicidios. Luego, con el cambio de gobierno, también llegó un cambio en las políticas de seguridad pública.

En febrero del 2015, el gabinete que dirige el presidente Salvador Sánchez Cerén rechazó el diálogo con las pandillas como una forma para resolver el problema de los homicidios, ordenó el traslado de sus líderes a las cárceles y anunció que le apostaba a programas como la Policía Comunitaria para recuperar territorios que controlan las bandas criminales.

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Para Amaya, uno de los errores de las autoridades fue cerrar abruptamente el canal de comunicación con las pandillas. “ A las pandillas se les ha ayudado a generar un odio más focalizado contra el Estado. El Estado, con la forma en que rompió la tregua, pudo haber contribuido a generar un malestar tal que termina de algún modo facilitando entendido entre las pandillas contra el Estado”.

Así se explica, por ejemplo, el aumento del asesinato de policías, militares y custodios penitenciarios.

¿Existe alguna forma para no repetir el promedio de casi 30 homicidios diarios durante el mes de agosto? Amaya cree que una posible solución sería recuperar el diálogo, pero no de una manera tan abierta por el tema de la legitimidad del gobierno.

La fuerza de las pandillas se basa en los reductos comunitarios que tienen. Me resulta paradójico que los que antes fueron guerrilleros (algunos de ellos ahora en el Gobierno) no entiendan eso”.

Esa posibilidad, sin embargo, parece remota. El discurso oficial es que la mayor parte de los 911 salvadoreños asesinados durante agosto eran pandilleros y, por tanto, terroristas.

“Yo diría que más del 85 por ciento que estamos observando, creemos que son miembros de estructuras pandilleriles”, dijo el ministro de Defensa, David Munguía Payés, el artífice de la tregua de las pandillas en el 2012.

“Si el porcentaje de muertos en el mes de agosto en su mayoría son terroristas es beneficio para el país”, escribió en su cuenta de Twitter Guillermo Gallegos, vicepresidente de la Asamblea Legislativa.

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