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El freno judicial a la Acción Ejecutiva migratoria de Obama aumenta el miedo a las deportaciones en Estados Unidos.

Desmintiendo el mito: los inmigrantes no cometen más delitos que los nacidos en EEUU

Desmintiendo el mito: los inmigrantes no cometen más delitos que los nacidos en EEUU

A pesar de tener el tema como punto central de su campaña, el republicano Donald Trump no ha dicho la verdad. Todos los estudios señalan que los inmigrantes no aumentan el crimen en Estados Unidos.

El freno judicial a la Acción Ejecutiva migratoria de Obama aumenta el m...
El freno judicial a la Acción Ejecutiva migratoria de Obama aumenta el miedo a las deportaciones en Estados Unidos.

La acusación representó el punto de partida de la candidatura de Donald Trump en junio de 2015: “Cuando México manda a su gente no están mandando a los mejores (…) ellos traen drogas, ellos traen crimen, son violadores”.

Más de un año después, ya como nominado republicano y relanzando su propuesta migratoria, Trump pintó un muy oscuro panorama sobre la inmigración: “Arreglemos este horrible, horrible problema. Se puede arreglar rápido. Vamos a asegurar nuestra frontera. Detengamos la entrada de drogas y crimen a nuestro país”.

La idea que vende Trump es que la inmigración, especialmente la ilegal y la proveniente de México y América Latina, es violenta, aumenta el crimen y los problemas en Estados Unidos.

Múltiples y muy diversos estudios, sin embargo, indican lo contrario. “Dadas las abundantes investigaciones científicas disponibles, es altamente probable que los extranjeros cometan menos crímenes que las personas nacidas en Estados Unidos”, asegura al Detector de Mentiras Bianca Bersani, profesora de Sociología y Directora del Programa de Justicia Criminal de la Universidad de Massachusetts, Boston.

Un siglo de percepciones erradas

El temor hacia la migración no es algo nuevo. La llegada de cientos de miles de europeos entre el siglo XIX e inicios del siglo XX llevó a muchos a denunciar a los inmigrantes por el aumento del crimen. Entre 1907 y 1911 una comisión bipartidista del Congreso estudió los hechos, y a pesar de proponer duras políticas migratorias, no halló “evidencias satisfactorias” de que los extranjeros cometieran más crímenes que los estadounidenses. Algo similar ocurrió con la llamada “Comisión Wickersham”, establecida por el presidente Herbert Hoovert en 1929 para estudiar el crimen y la aplicación de la justicia.

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Debido al notable aumento de inmigrantes desde 1970, en gran parte provenientes de América Latina, los profesores universitarios y expertos en criminología Ramiro Martinez Jr. y Matthew Lee publicaron un estudio en el año 2000 titulado 'Sobre Inmigración y Crimen', revisando diversas estadísticas e investigaciones de las últimas décadas.

Su conclusión fue: “contrario a la opinión popular, [los inmigrantes] casi siempre exhiben tasas de criminalidad más bajas que los grupos nativos”.

El estudio admite que “hay razones importantes para creer que los inmigrantes deberían estar involucrados en crímenes en un mayor grado que los nativos estadounidenses”, por ejemplo, la dificultad de asimilación, la residencia en vecindarios donde suele haber altos índices de violencia y pobreza. Pero los datos demuestran que en todo el siglo XX “los inmigrantes están típicamente infrarrepresentados en las estadísticas criminales”.

Un estudio publicado en 2007 por las investigadoras Kristin F. Butcher y Anne Morrison Piehl, con datos de los censos de 1980, 1990 y 2000, reveló que los hombres inmigrantes de entre 18 y 40 años tenían índices de encarcelamiento inferiores a los de sus pares nacidos en Estados Unidos.

Los investigadores Walter Ewing, Daniel E. Martinez y Ruben G. Rumbaut, del American Immigration Council, extendieron el estudio hasta 2010, afirmando que los hombres pobres estadounidenses de entre 18 y 39 años tenían un índice de encarcelamiento de 10.7%, frente a 2.8% de los nacidos en México y 1.7% de los nacidos en El Salvador y Guatemala, en el mismo rango de edad y nivel socioeconómico.

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Kristin Butcher, directora del Departamento de Economía de Wellesley College, explicó al Detector de Mentiras que “muy pocas investigaciones académicas encuentran alguna relación causal entre inmigración y crimen”, y dijo que si existe alguna es que “la inmigración reduce el crimen, particularmente el crimen violento”.

Ruben Rumbaut, profesor de Sociología en la Universidad de California, Irvine y también experto en el tema, fue más contundente: "que los inmigrantes cometen delitos a tasas significativamente menores que los nativos es una realidad que ha sido observada desde los días de la colonia, ha sido consistentemente documentada por comisiones gubernamentales por más de un siglo, y por básicamente todas las investigaciones disponibles".

¿Problemas con la muestra?

Diversos analistas y organizaciones han criticado la forma en la que muchos estudios llegan a sus conclusiones. Señalan que los inmigrantes pueden esconder sus identidades por miedo a una deportación, o pueden esconder antecedentes criminales, más que un ciudadano nacido en el país. También hay dificultades para saber datos oficiales.

Bianca Bersani, en un reciente artículo publicado en Los Angeles Times, rechazó la idea de que los inmigrantes cometen más delitos. En un estudio para ver si estos escondían sus antecedentes criminales, halló que 87% de los extranjeros reportó con precisión sus arrestos en un período de siete años, frente a 86% de reportes de los nacidos en Estados Unidos.

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Sobre este tema se han realizado múltiples investigaciones. Aparte de medir la población carcelaria, Ewing, Martinez y Rumbaut resaltan datos más globales: entre 1990 y 2013 la población nacida en el exterior pasó de representar 7.9% a 13.1% del total de residentes en Estados Unidos. En ese mismo período el crimen violento cayó 48% en todo el país.

Graham Ousey y Charis Kubrin analizaron datos en 159 grandes ciudades de Estados Unidos entre 1980 y 2000, y hallaron que “las ciudades que experimentaron incrementos en migración de 1980 a 2000 experimentaron una caída en índices de crímenes violentos. Jacob Stowell, Steven Messner, Kelly McGeever y Laurence Raffalovich, investigadores de las Universidad de Massachusetts–Lowell y la Universidad de Albany–Universidad Estatal de Nueva York estudiaron 103 áreas metropolitanas del país entre 1994 y 2004.

“La evidencia sugiere que la inmigración no está asociada con niveles superiores de crimen”, encontraron en su estudio. Al contrario, “los índices de crímenes violentos tendieron a caer mientras las áreas metropolitanas ganaban concentración de inmigrantes”.

Datos similares hallaron estudios de Garth Davies y Jeffrey Fagan en Nueva York, y Robert Sampson en Chicago: las tasas de criminalidad no eran superiores en vecindarios con mayor cantidad de inmigrantes, y en el caso de Chicago los índices de violencia de hispanos eran inferiores a los de blancos o afroamericanos nacidos en el país.

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Los 'buenos' inmigrantes

La explicación a por qué los inmigrantes, a pesar de sus dificultades, cometen delitos en niveles similares o inferiores a los ciudadanos nacidos y criados en Estados Unidos parece estar, según Butcher y Piehl, en exactamente lo opuesto a lo dicho por Trump en el lanzamiento de su candidatura presidencial.

“El proceso migratorio selecciona individuos que, o tienen menor propensión criminal o responden más a los efectos disuasorios que el nativo promedio”, escriben en su investigación publicada en 2007.

En otras palabras, quienes deciden migrar a Estados Unidos lo hacen precisamente escapando de ambientes de crimen, son respetuosos con la ley y temen ser castigados.

Butcher cita el concepto del “modelo económico del crimen” de Gary Becker –según el cual, quien tiene pocas oportunidades laborales legales piensa dos veces antes de asumir el riesgo de cometer crímenes para subsistir– y dice que este no aplica para la mayoría de inmigrantes a Estados Unidos pues “aun si sus oportunidades son relativamente pobres comparadas con los residentes, probablemente sean mucho más valiosas en relación con las oportunidades en sus países de origen”.

Bersani, en su estudio publicado en 2012, indica que las tradiciones culturales de buena parte de los inmigrantes reflejan “fuertes lazos de familia, estructuras de autoridad paternal y fuerte ética del trabajo”, lo que sirve para disminuir influencias criminales.

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Primera, segunda generación y los indocumentados

Así como los inmigrantes suelen tener mayores dificultades para adaptarse a la vida en Estados Unidos, sus hijos y nietos logran adecuarse mejor al sistema. Irónicamente, eso conlleva también a que sus índices delincuenciales se asemejen a los del resto de ciudadanos nacidos en el país.

La investigación de Bersani muestra un importante salto en los índices de crímenes entre la primera y la segunda generación de inmigrantes, que alcanzan niveles “sorprendentemente similares” a los de blancos no hispanos nacidos en el país, de acuerdo al Pew Research Center.

La experta, sin embargo, es cautelosa. “El aumento del crimen entre la primera y la segunda generación no implica que la segunda generación sea particularmente violenta… Mi investigación muestra que ellos se comportan de forma similar a sus pares también nacidos en Estados Unidos. Así que, aunque están involucrados en crímenes en un nivel superior que sus pares nacidos en el exterior, no son diferentes al resto de la población nacida en el país”.

Butcher y Piehl incluso señalan que un extranjero que llegó al país con un año o meses de nacido, tiene muchas menos probabilidades de ser encarcelado que quienes nacieron en Estados Unidos.

Sobre si hay diferencias en el comportamiento entre inmigrantes indocumentados y aquellos que están legalmente en el país, Bersani resalta que la mayor parte de la información disponible no distingue el estatus migratorio de la persona. Sin embargo, algunos estudios han comparado a quienes califican como 'deportables' con los 'no deportables', y no se hallaron entre los primeros mayores índices de violencia.

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El lado oscuro de la inmigración

Claro que no todo es color de rosa. En un país donde los inmigrantes siempre han sido una parte representativa de la población, es evidente que muchos han cometido delitos. Tal como señaló Trump en su reciente discurso sobre migración en Arizona, un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO en inglés) indicó que entre 2009 y 2010 se estimaba que unos 350,000 inmigrantes se encontraban en las prisiones de Estados Unidos.

También es verdad que desde 1955 se han producido arrestos de más de 25,000 inmigrantes conectados con casos de homicidios, y casi 70,000 por agresiones sexuales. Un reportaje del Boston Globe señaló que 30% de los inmigrantes que completaron sus penas y salieron en libertad dentro de Estados Unidos, volvieron a cometer delitos violentos.

El problema con estos señalamientos es la falta de contexto: ninguna de estas cifras demuestra que la conducta de los inmigrantes ha sido proporcionalmente peor que la de los estadounidenses. Por ejemplo, en 2005 un informe del Departamento de Justicia señaló que 68% de 405,000 prisioneros puestos en libertad en 30 estados del país cometieron nuevos delitos en los siguientes cinco años.

Incluso el Centro para Estudios de Inmigración, una organización conservadora que promueve una reducción de la inmigración en Estados Unidos, concluye en un informe que “sería un error asumir que los inmigrantes como grupo son más propensos al crimen que otros grupos, o que deberían ser vistos con más sospechas que otros”.

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¿Por qué persiste el mito del ‘inmigrante criminal’?

“Pareciera que cuando aumenta el índice de inmigrantes, también aumentan los miedos y ansiedades sobre las consecuencias de la migración”, dijo Bersani al Detector de Mentiras. “Otros han argumentado que el vínculo entre inmigrantes y crimen es el resultado de ver desproporcionadamente imágenes en los medios mostrando a los inmigrantes como criminales”, añade la experta en sociología y criminología de la Universidad de Massachusetts, Boston.

Para Rumbaut se trata de una "idea zombie, que se niega a morir a pesar de la abrumadora evidencia de lo contrario".

Quizás el estudio reciente que ha mostrado los datos más negativos sobre el efecto de inmigrantes fue realizado por Jörg Spenkuch, de la Universidad de Northewestern. Según su investigación, un incremento de 10% de los inmigrantes en diversos condados de Estados Unidos lleva a un ligero incremento en delitos de propiedad, aunque no hay impacto sobre los crímenes violentos, según reseña el Instituto Cato.

La opinión pública, sin embargo, no perdona. En 2015 tan sólo 45% de los consultados por el Pew Research Center dijeron que los inmigrantes, a largo plazo, hacen mejor a la sociedad estadounidense, por 37% que consideran que la hace peor. En esa misma encuesta, 71% de los republicanos y 50% de los independientes dijeron que los inmigrantes empeoran la situación del crimen en el país. Incluso 34% de los demócratas tienen esa visión, por apenas 10% que dijeron que mejoran la situación de crimen.

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La firma de encuestas Gallup ha mostrado cifras más optimistas. En 2016, 72% de los consultados dijeron que la inmigración es algo bueno para el país, por 25% que dijeron que era algo malo. Sin embargo, en 2007, último año que hicieron esa pregunta, 58% de los encuestados dijeron que los inmigrantes empeoraban la situación del crimen en Estados Unidos.

Veredicto

Estudios, investigaciones y datos indican que Donald Trump miente. Los inmigrantes no cometen más delitos que la población nacida en Estados Unidos, y en todo caso parecen tener un efecto positivo, reduciendo el crimen con su llegada al país.

Butcher no descarta que la dureza de las leyes tenga algo que ver en eso. “Personas que se mudan para vivir y trabajar en otro lugar pueden ser particularmente sensibles a la disuasión. Hallamos evidencia de reducción en la actividad criminal, tanto de inmigrantes como de nativos que se mudan de su estado natal durante los años 90, cuando los castigos [contra la delincuencia] en general estaban aumentando”.

La experta añade que los extranjeros tienen un mayor incentivo en evitar actividades riesgosas que pudieran llevarlos a ser deportados. Sin embargo, Rumbaut refuta esta noción, asegurando que las leyes migratorias y de seguridad, en lugar de reducir las ya bajas cifras de criminalidad entre los extranjeros "han hecho lo contrario: han expandido notablemente las categorías de violaciones de reglas consideradas como 'crímenes deportables' y han criminalizado la propia migración".

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