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Las situaciones físicas, sociales y mentales durante la niñez afectaron los niveles de proteínas de inflamación en la edad adulta de los jóvenes.

El ambiente donde crece un niño puede alterar su ADN e influir en cuánto se enferma de adulto

El ambiente donde crece un niño puede alterar su ADN e influir en cuánto se enferma de adulto

El estatus socioeconómico, la ausencia prolongada de los padres, la duración de la lactancia y la exposición a los microbios durante la infancia tienen un impacto sobre la salud, concluyó un estudio reciente.

Las situaciones físicas, sociales y mentales durante la niñez afectaron...
Las situaciones físicas, sociales y mentales durante la niñez afectaron los niveles de proteínas de inflamación en la edad adulta de los jóvenes.

El ADN es el material genético que recibimos de nuestros padres. Determina nuestras características físicas e influye en nuestra personalidad. Existen muchas enfermedades que tienen componentes hereditarios, como el Alzheimer, la enfermedad de Huntington, los cánceres y la diabetes, entre otras. Pero investigadores de la Universidad de Northwestern determinaron en un estudio reciente que el ADN puede ser modificado durante la niñez por el medio ambiente que nos rodea e influir en el desarrollo de enfermedades durante la edad adulta.

La investigación, publicada en la revista PNAS, indica que las situaciones de vida en la infancia, como el estatus socioeconómico, la ausencia prolongada de los padres, la duración de la lactancia y la exposición a los microbios pueden causar cambios en algunos genes relacionados a la inflamación, lo cual afecta qué tan propensos somos a ciertas enfermedades. ¿Pero qué significa esto?

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El ADN es esencialmente un texto muy largo con un alfabeto de cuatro letras que codifica miles de proteínas. El orden de las letras (la secuencia del ADN) es lo que determina qué genes tiene una persona y es el mismo que tiene en cada una de sus células. Pero aunque el ADN es el mismo en todo el cuerpo, solo ciertos genes (oraciones en el texto del ADN) son necesarios para cada célula (si no, no tendríamos tejidos definidos y seríamos simplemente una masa de células idénticas).

Lo que determina qué genes se activan o se expresan en cada célula son las marcas epigenéticas: señales puestas sobre el ADN. Si los genes son las oraciones del ADN, estas señales son como los resaltadores que se utilizan para indicar algo en un texto. De estas marcas la más importante es la metilación, que fomenta o inhibe la producción de una proteína, dependiendo del lugar sobre el gen en dónde se ubique.

“Podemos tener genes en nuestro cuerpo que pueden provocar problemas de salud, pero si esos genes permanecen silenciosos por la metilación, no nos afectarán”, explica a Univision Noticias el Thom McDade, profesor de antropología en la Universidad de Northwestern y autor principal de la investigación.

La inflamación tiene un componente importante en muchas enfermedades, co...
La inflamación tiene un componente importante en muchas enfermedades, como las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes. Los cambios en el ADN durante la niñez pueden afectar los niveles de inflamación en la adultez.

Una vez que los genes son metilados, las marcas permanecen allí de manera permanente. Aunque no está claro cómo el medio ambiente en la niñez causa que se metilen ciertos genes, sí se puede investigar su efecto.

Un buen lugar para indagar sobre este concepto es en la inflamación por su importancia en la salud. La inflamación es parte de la reacción que tiene el cuerpo a las infecciones o heridas y juega un papel central en muchas de las enfermedades mortales relacionadas a la vejez, como las cardiovasculares, la diabetes y la demencia senil.

Además, poco a poco hay más información que dice que los niveles de inflamación durante el embarazo pueden afectar el peso del bebé, o si nacen prematuros o no.

El cuerpo debe poder activar la inflamación a un nivel adecuado para poder responder a amenazas de intensidad variable. “La inflamación es como los bomberos: si hay un incendio pequeño y hay muy pocos intentando apagarlo, se puede salir de control. Pero si hay demasiados, pueden generarse otros daños”, explica McDade.

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Para averiguar si el ambiente en la niñez modifica el ADN y si a la vez estos cambios afectan los niveles de inflamación, los investigadores reclutaron en 1983 a casi 500 mujeres embarazadas de diferentes situaciones de vida en Filipinas (acceso a agua potable, ubicación urbana o rural, estatus socioeconómico) y siguieron a sus hijos a lo largo de sus vidas.

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Cuando éstos cumplieron 21 años midieron los niveles de metilación en sus genes (modificaciones a su ADN) y los niveles de proteínas relacionadas con la inflamación a través de una muestra de sangre. De esta manera, los investigadores pudieron monitorear el ambiente en el que se criaron los jóvenes desde que eran pequeños, además del efecto que tuvo éste sobre su material genético.

Así determinaron que el medio ambiente afectó su salud de adultos ya que causó modificaciones en su ADN durante su niñez.

McDade indicó a Univision Noticias que las situaciones físicas, sociales y mentales durante la niñez afectaron los niveles de proteínas de inflamación en la edad adulta de los jóvenes y que esto sucedió probablemente a través de la metilación del ADN. La irregularidad en los niveles de estas proteínas puede hacer que un niño sea más propenso a ciertas enfermedades de adulto.

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En cuanto a las situaciones ambientales específicas, la inflamación fue mejor regulada tras la lactancia prolongada, la exposición a los microbios y la abundancia de bienes. Por el contrario, la ausencia prolongada de los padres, la falta de exposición a los microbios (necesaria para fortalecer el sistema inmune) y la falta de bienes predijeron una mayor desregularización de la inflamación.

No es la primera vez que las investigaciones indican que el ambiente o las situaciones en la infancia (como el divorcio de los padres) afectan la salud de las personas, lo cual refuerza el concepto que la niñez es de suma importancia por su capacidad de ser formativa mental y físicamente. Pero sí es de las primeras y de las más completas investigaciones en humanos en las que se demuestra que los cambios epigenéticos provocados por el medio ambiente tienen efectos duraderos en la salud.

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