El costo de la vivienda representa un reto crítico para millones de familias en Estados Unidos, alcanzando
hasta el 60% de los ingresos en ciudades
como Nueva York. Aunque algunos propietarios implementan facilidades de pago o ayudan con el mantenimiento, los
incrementos continuos en servicios básicos y el
estancamiento salarial mantienen la presión sobre el presupuesto de los inquilinos, al verse
reducido su poder adquisitivo.