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Como Sanders (no) está dividiendo el partido Demócrata
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Bernie Sanders (D-VT), habla en un mitin en abril 22, 2016 en Gettysburg, Pennsylvania.

Para algunos demócratas, Sanders no está dividiendo el partido, sino todo lo contrario

Para algunos demócratas, Sanders no está dividiendo el partido, sino todo lo contrario

Clinton y los demócratas no ven en el senador una amenaza a la unidad a pesar de su permanencia en la carrera tras su victoria este martes en West Virginia.

Bernie Sanders (D-VT), habla en un mitin en abril 22, 2016 en Gettysburg...
Bernie Sanders (D-VT), habla en un mitin en abril 22, 2016 en Gettysburg, Pennsylvania.

Después de su sólida victoria en West Virginia, Bernie Sanders pidió reconsiderar el choque electoral que casi todos dan por hecho.

Sanders no oculta que quiere reemplazar a Hillary Clinton en la batalla por la presidencia contra el virtual nominado republicano.

“Bernie Sanders derrota a Donald Trump con números muy altos … más altos que los de la secretaria Clinton”, recordó a su audiencia en un mitin en Salem, Oregon. Los gritos y chiflidos eran ensordecedores.

La victoria de este martes en West Virginia podría ser la primera de un mayo negro para Clinton ya que su rival demócrata es visto como favorito en Oregon y Kentucky, los otros dos estados que votan este mes.

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Pero las probabilidades de ganar la nominación siguen siendo minúsculas para Sanders, y hay seguidores de Clinton que ven a Sanders como una molestia innecesaria.

¿Y si estos ataques hacia la exsenadora alejan tanto a los votantes de Sanders que una vez ella sea la nominada no querrán votar por ella? ¿Y si son tantos los desilusionados con todo el proceso, con el partido Demócrata mismo, que se abstienen de votar, dejándole el camino libre a los votantes de Trump para elegir al próximo presidente?

A pesar de estas dudas no ha cundido el pánico. En parte eso se debe a que las encuestas nacionales dan a la probable nominada demócrata una clara ventaja sobre Donald Trump.

Además, los sondeos muestran que la división entre los demócratas es mucho menor que entre los republicanos.

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Solo un 10% de los votantes de Sanders en las primarias apoyaría a Trump en caso de que éste se enfrente a Clinton en la elección general, según una encuesta de la semana pasada de CNN/ORC.

Una excepción sorprendente la aportó este martes West Virginia, donde un 34% de demócratas votaría por Trump en noviembre si Clinton es la nominada, según los sondeos a boca de urna. La explicación de una deserción tan alta se debe probablemente a las características peculiares de ese estado donde los demócratas son conocidos por ser muy conservadores.

Animosidad

Por supuesto no hay garantía de que los millones de entusiastas votantes de Sanders apoyen a Clinton en noviembre, pero parece que la animosidad de la carrera demócrata no ha erosionado por completo la imagen de la exsecretaria de Estado.

Los dos demócratas compitiendo por la nominación del partido han intercambiado ofensas desde el comienzo de la campaña. Se han peleado por quién es “el más descalificado”. Sanders, ha sugerido que Clinton es “corrupta”, que acepta dinero de Wall Street, que tiene un criterio pobre cuando se trata de tomar decisiones como apoyar la guerra de Irak.

Pero nada de lo que ha ocurrido hasta ahora ha estado fuera de lo normal, ya que esta etapa se trata precisamente de marcar contrastes, le dijo a Univision Noticias Julian Zelizer, profesor de historia y políticas públicas de la Universidad de Princeton.

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“Lo que durante el calor de las primarias pareciera que no se puede superar, sí se puede superar”, afirmó Zelizer.

La tensión en este punto de la contienda era incluso mayor en 2008 cuando el entonces senador Barack Obama se enfrentó a Clinton para la nominación demócrata. En ese entonces 40% de los votantes de Clinton juraba no votar por Obama si él ganase la nominación. Esto sin embargo no fue obstáculo para que él ganara la presidencia.

Barack Obama y Hillary Clinton durante un debate demócrata en enero 15,...
Barack Obama y Hillary Clinton durante un debate demócrata en enero 15, 2008, Las Vegas, Nevada.


La única instancia para los demócratas en que dos precandidatos se dividieron el voto y le entregaron la presidencia al rival republicano fue en 1968, dijo Zelizer. Ese año la batalla por la nominación fue entre el candidato en contra de la guerra de Vietnam Eugene McCarthy y Hubert Humphrey, quien ganó la nominación.

McCarthy tenía de su lado a los votantes más jóvenes. Una vez que salió de la contienda se demoró demasiado en darle su apoyo oficial a Humphrey, y cuando lo hizo, fue demasiado tibio. El voto de izquierda se dividió, y Richard Nixon ganó la presidencia.

“Eso es algo de lo que se tienen que cuidar los demócratas”, advirtió Zelizer. “Sanders le ha hecho daño a ella en algunos aspectos. Sus ataques cobran un nuevo sentido porque vienen de un demócrata. Si vinieran de un republicano sonarían muy distinto”.

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Aun así, 2016 está muy lejos de 1968, cuando Nixon se perfilaba como la alternativa republicana sólida, seria, conservadora frente a unos demócratas desordenados, volátiles y erráticos.

Richard Nixon, centro, en la Casa Blanca.
Richard Nixon, centro, en la Casa Blanca.


Hoy, este no es el caso. Lo que más distingue a esta elección es—sí, adivinaste: Donald Trump.

“Si fuera cualquier otro tipo de republicano todo sería diferente. Cuando la oposición es tan aterradora eso crea unidad”, comentó Zelizer. Y cuando “llega el otoño la discusión ya no es sobre qué clase de demócrata se quiere, sino si se quiere un demócrata o un republicano” en la Casa Blanca. Se trata de sanar la división.


¿Cómo se pueden sanar esas heridas?

Sanders ha enfocado su discurso en lo injusto del sistema electoral demócrata, y los más jóvenes lo han escuchado. Lo más probable es que el senador se centre en la estructura de la convención, en reformar las reglas del partido, dijo Zelizer.

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Y para lograr esa unidad, Clinton, aunque sea simbólicamente, tendrá que aceptar que se requiere una reforma.

Cuando llegue el momento de apoyar a Clinton como la nominada, algo que es muy probable que pase ya que a Sanders le faltan 953 delegados para ganar la nominación, Sanders tendrá que decir que apoya a Clinton por el bien del partido, y para que este llamado sea efectivo “él tendría que encontrar la manera de que suene auténtico”, dijo Zelizer.

El capital político del senador depende precisamente de lo "auténtico" que es él, y esto lo ha mostrado diferenciándose de Clinton, a quien ha presentado como calculadora y dependiente de intereses especiales.

“Él representa la llamada de advertencia para el partido Demócrata”, le dijo a Univision Noticias Fabián Núñez, analista demócrata. “Dejó claro que el tema de la desigualdad de ingreso tiene que ser central para el partido”.


¿División o redirección?

Para el bando de Sanders, el candidato no ha dividido al partido, sino que "lo ha llevado en la dirección correcta".

"Mantener a los votantes de Sanders comprometidos con el partido demócrata es una labor de Clinton, no de Sanders”, le dijo a Univision su portavoz Erika Andiola. “Él no puede simplemente decirles que voten por una persona contraria. No están solo por él, sino por un movimiento basado en esos principios e ideas”.

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El candidato no se ha quejado de que su rival le esté presionando para abandonar la carrera. Pero la campaña sí reconoce que han sentido "presión indirecta de parte de los directivos del partido Demócrata a través de la prensa”.

Sin embargo, algunos directivos del partido, incluso los pro-Clinton, no ven una división.

“No nos preocupa para nada”, le dijo a Univision María Cardona, estratega demócrata y superdelegada de Washington D.C. pro-Clinton.

Una vez que las elecciones generales empiecen “vamos a tener muchos en nuestro equipo ayudando para unir al partido” y atacar a Trump, dijo Cardona, incluyendo a Barack y Michelle Obama, el vicepresidente Joe Biden, y la popular senadora de Massachusetts Elizabeth Warren.

El vicepresidente Joe Biden, izq, observa mientras Barack Obama presenta...
El vicepresidente Joe Biden, izq, observa mientras Barack Obama presenta a miembros de su Equipo de Seguridad Nacional, incluyendo a la entonces senadora Hillary Clinton como Secretaria de Estado, en diciembre 1, 2008, Chicago, Illinois.


El riesgo de que algunos seguidores de Sanders voten por Trump en vez de Clinton—los famosos #NeverClinton— es muy bajo, dijo Cardona, quien trabajó para la exsecretaria en su campaña presidencial de 2008.

“Siempre hay un par pero son súper minoría. Aunque [tanto Sanders como Trump] son populistas hay que tener en cuenta la base de la ideología. Si se compara la ideología de Trump y Bernie es noche y día”

Tanto Núñez como Cardona están de acuerdo en que no será difícil que Sanders apoye a Clinton, ni le será difícil a Clinton llegarle a los seguidores de Sanders.Ambos comparten como prioridad los temas de desigualdad, cuidado de la salud, deuda estudiantil, reforma de justicia criminal y educacional.

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Sus diferencias radican en cómo se llega a una solución y cómo se implementa ésta, dice Cardona.

“La discusión dentro del partido demócrata ha sido muy saludable para el partido”, afirmó Cardona. “ La competencia de Bernie ha ayudado a Clinton a afilarse para prepararla para pelear contra Trump, para practicar como explicar sus posiciones al público sin involucrarse en un debate personal”.

Está de acuerdo, es más, con que el senador siga en la campaña hasta el final.

“La candidatura de [Sanders] nos produce energía, emoción”, afirma Cardona. Para los insiders del partido, más que una amenaza, Sanders mantiene a la base del partido interesado, activado, pendiente para cuando llegue la hora de enfrentarse a Trump.

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