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La Catedral de San Patricio, en Nueva York, principal templo de la Iglesia católica de esa ciudad.

¿Pueden las iglesias vacías convertirse en refugios para indocumentados?

¿Pueden las iglesias vacías convertirse en refugios para indocumentados?

La Arquidiócesis de Nueva York tiene decenas de iglesias y edificios cerrados o en proceso de cierre. Un activista está pidiendo que se transformen en centros de acogida para los inmigrantes.

La Catedral de San Patricio, en Nueva York, principal templo de la Igles...
La Catedral de San Patricio, en Nueva York, principal templo de la Iglesia católica de esa ciudad.

En febrero, el periódico Daily News publicó un artículo denunciando que los rumores de redadas en el condado de Staten Island habían hecho disminuir la presencia de fieles en las parroquias. Esto no es raro: en Nueva York la Iglesia católica sigue ocupando un papel central en la vida diaria de los latinos. Pero desde la victoria de Donald Trump y la aprobación de las órdenes ejecutivas en materia de inmigración muchas cosas han cambiado.

Por eso, numerosos colectivos han exigido a la institución una implicación inequívoca en defensa de los indocumentados. Según datos del Centro de Investigación Pew relativos a 2014, al menos un 35% de los católicos que residen en los cinco condados son personas de origen hispano, muchos de los cuales están en el país de manera irregular (Nueva York es la ciudad estadounidense con más habitantes indocumentados). ¿Cómo podría la Iglesia acudir en auxilio de una comunidad que parece cada vez más necesitada de ayuda? El activista Félix Cepeda lo tiene claro: recurriendo a su patrimonio inmobiliario.

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Con una feligresía en retirada y un número cada vez menor de sacerdotes, la Arquidiócesis de Nueva York decidió poner en marcha un agresivo plan para asegurar la supervivencia de sus parroquias más relevantes. La medida se saldó con el cierre de más de una quincena de templos. Hablamos de iglesias ubicadas en Manhattan, El Bronx y Staten Island, algunas de las cuales ocupan terrenos privilegiados y de alto valor económico.

“No solo se trata de ayudar a las personas indocumentadas. En esta ciudad hay cada vez más personas sin hogar y el acceso a la cultura no deja de encarecerse”, dice Félix Cepeda. “Mantener esos espacios cerrados no tiene ningún sentido”. Su propuesta, por lo tanto, es triple: dedicar esos espacios a resolver las crisis migratoria, inmobiliaria y cultural. Y su modelo, colaborativo: “Hay muchos colectivos en esta ciudad que podrían gestionar esos espacios. No se trata de que la Archidiócesis tenga que correr con los gastos que supone la ejecución de determinados programas, pero si cediese su uso mucha gente podría salir beneficiada. Abrir centros culturales, construir vivienda asequible, ofrecer refugio a las personas sin hogar y acoger a los indocumentados que corran el riesgo de ser deportados”.

Cepeda reconoce, en todo caso, que su propuesta es polémica. Aunque en Nueva York existen varios templos que se definen como ‘santuarios’, ninguno de ellos forma parte de la Iglesia católica. Para eso haría falta una autorización expresa por parte de la Arquidiócesis, cosa que no se ha producido. “La Iglesia católica sigue teniendo un comportamiento muy vertical. Aunque haya párrocos que quieran acoger a personas indocumentadas en sus templos, nadie puede dar ese paso si el cardenal Dolan no lo aprueba”, recuerda Cepeda.

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Precisamente el papel del arzobispo Timothy Dolan está siendo objeto de muchas críticas. Aunque durante la pasada campaña presidencial criticó las propuestas de Trump sobre inmigración publicando un artículo en el Daily News, meses después participó en la ceremonia de toma de posesión en la capital del país. Su postura está en una línea similar a la que planteó el cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington DC. “Cuando usamos la palabra ‘santuario’, tenemos que tener mucho cuidado de no generar una falsa esperanza”, aseguró Wuerl al Washington Post. “Con la separación entre iglesia y estado, la Iglesia no tiene derecho a decir ‘si entras a este edificio, la ley no se te aplicará’, pero sí queremos decir que seremos una voz para los que no tienen voz”.

En cuanto a la propuesta de Cepeda, parece que los activistas tendrán que esperar. Fuentes de la arquidiócesis se mostraron dispuestas a corroborar los datos aparecidos en este artículo, pero dejaron claro que en estos momentos no desean conceder una entrevista formal sobre este tema.

Algunos clérigos en la Iglesia sí han tomado posiciones más similares a la de Cepeda, como el obispo de Brownsville, localidad ubicada en la frontera con México. En una entrevista con el medio especializado Crux, el obispo Daniel Flores dijo que “en algunas instancias” estos casos representaban la “proximidad real del peligro de muerte” y no apoyar a los indocumentados cuando existe esta amenaza es “una cooperación formal con un mal intrínseco”.

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Por otra parte, la Iglesia católica ya ha hecho un llamado a no respetar las leyes en ciertas ocasiones, como cuando criticó la Ley de Salud Asequible (Obamacare) porque, según su visión, exigía a instituciones y profesionales que "violasen sus conciencias" obligándoles a proporcionar métodos anticonceptivos a sus pacientes al margen de sus creencias religiosas.

"Una ley injusta no puede ser obedecida", se aseguraba textualmente en un documento de la Conferencia Episcopal Estadounidense. "Frente a una ley injusta se debe buscar un cambio, especialmente cuando se recurre en ella a palabras equívocas y prácticas engañosas". En ese momento, los obispos llamaron a "tener el corage para no obedecer estas normas" y a "evitarlas como un deber de ciudadanía y una obligación de fe". En esta ocasión, sin embargo, no está claro que una recomendación similar se vaya a producir.

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