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El año pasado 1,702 personas murieron asesinadas en la Baixada Fluminense. A eso hay que sumarle los 1,300 desaparecidos registrados y los casos que nunca se denunciaron.

180 muertes al mes en la Baixada Fluminense: así es la jungla del asesinato de Río de Janeiro

180 muertes al mes en la Baixada Fluminense: así es la jungla del asesinato de Río de Janeiro

Esta región del área metropolitana de la ciudad es una de las zonas más pobres y peligrosas de Brasil, donde conviven grupos de exterminio, facciones criminales y milicias. Cada día, seis personas son asesinadas. ¿Cómo resolver un crimen en un lugar olvidado?

El año pasado 1,702 personas murieron asesinadas en la Baixada Fluminens...
El año pasado 1,702 personas murieron asesinadas en la Baixada Fluminense. A eso hay que sumarle los 1,300 desaparecidos registrados y los casos que nunca se denunciaron.

Son dos cadáveres en posición fetal: un hombre y una mujer, sólo huesos quemados. Parecen dos bebés carbonizados de cabeza gigante. Están en el maletero de lo que queda de un coche en la Baixada Fluminense, una región en el área metropolitana de Río de Janeiro que un policía había definido unos días antes como “una gran favela con baches y muertos”.

Una decena de agentes de la Unidad de Homicidios de la Policía Civil está en la escena del crimen. Sus placas no cuelgan sobre una camiseta casual, todos visten chaleco antibalas y portan un fusil.

La muerte de estas dos personas no es el principio de la investigación de un inspector obsesionado que se desvelará pensando en el cómo, el por qué y el quién: desde que comenzó el año, aquí mueren asesinadas en promedio seis personas cada día, la mayor tasa del estado de Río de Janeiro.

Cuando son las seis de la tarde y está anocheciendo, los dos cuerpos son la séptima y la octava víctima de este miércoles. Por la mañana hubo un homicidio, un doble homicidio y un triple homicidio.

La escena tampoco es ese caudal infinito de información que nos ha enseñado la ficción. Los cuerpos quemados están en un área rural, en una calle secundaria de un camino de tierra. Para llegar aquí, los agentes se han bajado de sus patrullas porque sus coches no conseguían subir una colina embarrada. Cerca del coche no se ven viviendas, ni comercios. Tampoco hay extraños, curiosos, que se agolpen alrededor de los cuerpos. Apenas pasa un motorista que servirá de guía a la policía para volver al asfalto.

La tasa de resolución de crímenes en la Baixada Fluminense en 2016 fue d...
La tasa de resolución de crímenes en la Baixada Fluminense en 2016 fue del 27%.

El coche es robado. Las primeras especulaciones de los agentes son que los cuerpos pertenecen a “un tal Luis”, un policía militar que había desaparecido en una favela esa misma mañana, y a una mujer que lo acompañaba. No hay testigos y ellos son la principal fuente de información para resolver homicidios, pero cuando los hay es muy difícil que se atrevan a hablar por miedo a represalias de las organizaciones criminales que controlan el territorio de este lugar lejos de las célebres playas de Río: facciones del tráfico de drogas y organizaciones paramilitares como las milicias y grupos de exterminio.

Una jungla con todas las especies criminales

En 2016, 1,702 personas murieron asesinadas en la Baixada Fluminense. Según la Delegación de Homicidios, la tasa de resolución fue del 27%, pero a eso hay que agregarle los 1,300 desaparecidos registrados y el número indeterminado de casos que nunca llegan a denunciarse.

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“Esto es como una jungla donde viven todas las especies de criminales”, dice Marco Antonio Pinto, el comisario de la delegación de Homicidios de la Baixada Fluminense. “La cultura de muerte está muy enraizada. En Brasil cambió todo, pero en la Baixada la violencia sólo cambió el ritmo. Continúan los grupos de justicieros de hace 30 años. Hace 10 años llegó la milicia. Ahora también tenemos latrocinios y carros y cuerpos carbonizados”.

Pinto entró en la policía hace 30 años, cuando Brasil todavía era una dictadura militar. Lleva 25 años casado, aunque su mujer siempre lo amenazó con dejarlo si no renunciaba a la policía y tiene dos hijos que, para su alivio, no quieren seguir su profesión. Es un hombre en sus cincuentas, “un policía reciclado”, se define, que camina pausado y habla de su profesión con pasión.

Para el catedrático José Claudio Alves, “la Baixada Fluminense se caract...
Para el catedrático José Claudio Alves, “la Baixada Fluminense se caracteriza por la pobreza, el desempleo y una estructura de violencia muy antigua".

Pasó por la División Antidrogas y la División Antisecuestro; ha capturado a algunos traficantes poderosos, como un lugarteniente de Fernandinho Beiramar, quizás el delincuente más famoso del país; vio el fortalecimiento de las facciones criminales en Río (El Comando Vermelho, Terceiro Comando Puro y Amigos dos Amigos); estuvo en primera línea de la ola de secuestros a empresarios a principios de los 90 y participó en la investigación del asesinato de Patricia Acioli, una jueza que murió a manos de policías después de denunciar la corrupción del cuerpo. Cuando se creó la Delegación de Homicidios de la capital, en 2010, también estuvo allí. “Y la Baixada es peor”, dice en la sala de interrogatorios de la delegación, un viejo edificio blanco rodeado de comercios callejeros y bares populares, al que llega cada mañana con una lista de 10 tareas de las que sólo puede cumplir dos. No hay un solo día que el teléfono no suene con un nuevo asesinato.

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“Nosotros tenemos miles de casos abiertos. Si un policía se concentra en uno, le viene una avalancha encima. Esto es una fábrica de bizcochos. Tenemos que producir bizcochos, informar de la autoría para que el Ministerio Público lleve al autor a la justicia. Son bizcochos simples. No nos podemos preocupar del relleno”.

El surfista y el ex actor de televisión

Durante 24 horas, Fabio do Nascimento y Geraldo Cerdeira sólo ven muertos en los 13 municipios de la Baixada Fluminense, donde se concentran el 46% de los homicidios en el estado. Están en sus treintas y viven en Ipanema y Leblon, dos de las zonas más exclusivas de Río de Janeiro, la postal que todos tenemos en mente sobre esta ciudad con turistas en traje de baño, caipirinhas y gente jugando al voleibol. Cerdeira, barbón y dicharachero, es surfista además de policía y Fabio, un negro corpulento y atractivo, era actor de televisión antes de convertirse en Policía Civil.

Un sábado, por encima de los 30 grados, los policías patrullan por un área con calles sin asfaltar, problemas de electricidad y drenaje, donde es común ver hombres pasear a caballo y cerdos cruzar la calle. A mediados del siglo pasado, la Baixada Fluminense tuvo una oleada migrante, principalmente de nordestinos, que venían en busca de una mejor vida cerca de Río de Janeiro, entonces capital de Brasil. Mientras otras zonas del estado como la ciudad y Niteroi tuvieron mayor desarrollo, la Baixada siempre tuvo los índices de desarrollo más bajos del estado.

En la Baixada Fluminense se concentran el 46% de los homicidios de Río d...
En la Baixada Fluminense se concentran el 46% de los homicidios de Río de Janeiro.

“La Baixada Fluminense se caracteriza por la pobreza, el desempleo y una estructura de violencia muy antigua, que se consolidó en los años 60 y 70”, dice José Claudio Alves, uno de los pocos académicos que ha estudiado en profundidad la realidad de la zona.

Do Nascimento y Cerdeira llegan a una casa amarilla, donde una docena de mirones comenta lo que acaba de pasar. En el interior se ve un charco de sangre al lado de una bicicleta rosa y una chancla del mismo color. Unas horas antes, Sergio Vicente Goulard estaba en su casa cuando alguien llamó a la puerta gritando: “¡Policía!”. Cuando se acercó a abrir, un par de hombres ya había saltado la barda de su casa y le dispararon en la cabeza, según relata Ingrid, una chica de 22 años, que prefiere no dar su apellido.

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“Todo apunta a que fue la milicia”, dice Cerdeira. Las milicias son grupos paramilitares formados por expolicías, agentes penitenciarios, exmilitares o hasta funcionarios en activo que supuestamente combaten al narcotráfico en las comunidades más pobres de Río de Janeiro. Se han convertido en una mafia en sí misma. Viven de la extorsión y otros negocios ilegales.

La lógica de violencia

Los muertos de la Baixada Fluminense revelan una lógica de violencia, una forma de resolver problemas. Los asesinos pueden ser traficantes, milicias, policías, grupos de exterminio, ladrones o algún conocido. Los viernes y sábados son los días con más asesinatos. El domingo, muchas veces, las muertes se producen por disputas personales. En la ciudad de Río de Janeiro la tasa de asesinato en 2015 era de 18.5 por cada 100,000 habitantes, en la Baixada fue de 40.2, según el Instituto de Seguridad Pública del estado.

A lo largo del día, Cerdeira y Do Nascimento se encuentran con cinco cadáveres más. Luiz Carlos Barbosa yace en medio de dos favelas. Una bajo el control del Comando Vermelho y otra del Terceiro Comando Puro. Un grupo de vecinos toma cerveza y escucha música en una tienda a unos metros de su cuerpo. Un hombre pasa a caballo y hace un chiste mientras los policías preguntan a alguien si sabía algo. Lo único que saben es que lo mataron por cambiar de bando.

A la familia de Jorge Luiz Bento, la policía le dijo que con tanto muert...
A la familia de Jorge Luiz Bento, la policía le dijo que con tanto muerto es difícil buscar a un desaparecido. Sus primos fueron los que hallaron su cadáver.

Al tercer muerto del día lo encontró su familia. Se llamaba Jorge Luiz Bento. La última vez que lo vieron, caminaba por la calle y lo obligaron a subir a un coche negro. Había desaparecido hacía una semana. La policía le había dicho a la familia que con tanto muerto era difícil buscar a un desaparecido.

Sus tres primos decidieron buscarlo por su cuenta. Lo encontraron sin cabeza, atado de manos y piernas, pudriéndose cerca de un riachuelo. Lo reconocieron por un tatuaje en la pierna. “Por los signos de tortura parece que fue el tráfico”, explica Do Nascimento, quien después de haber sido actor e ingeniero aeronáutico se fascinó por investigar homicidios.

Cerdeira y Do Nascimento no han comido nada desde que comenzaron a trabajar porque cada vez que quieren hacerlo hay un muerto más. Cerca de las 20:00 horas se encuentran con el grito profundo de la madre de Claudelir Francisco, quien andaba en bicicleta cuando lo mataron cerca de su casa. Unos ocho familiares están al lado de su cuerpo. Todavía tiene en las manos los audífonos de su celular. Le dispararon nueve veces. En la Baixada Fluminense, un 74 % de las muertes son con arma de fuego.

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El quinto muerto era Leandro Alves. Cuando intentaron robarle el coche, sacó la pistola y disparó contra los asaltantes que iban en una moto. Mató a uno de ellos. El otro huyó. Su mujer y su hijo de siete años viajaban con él. Se habían mudado hacía dos semanas porque la zona donde residían, en Nova Iguaçú, se había vuelto demasiado peligrosa. Las armas han desaparecido de la escena del crimen antes de que los policías lleguen, algo común en la zona.

Cerdeira intenta alejar a la gente que pasa por la escena del crimen sin inmutarse por el cadáver cuando recibe el aviso de que un chico ha ingresado al hospital con una herida de bala. Es el asaltante. «Perdimos a un tipo bueno que mataba hijos de puta», dice Do Nascimento en el hospital. La noche de los agentes acaba en un McDonald’s a las 4:00 am del día siguiente.

"Crees que eso no te va a pasar"

Cuando Lucine Silva veía las noticias sobre muertos en la Baixada Fluminense, sentía pena por ellos, pero después de unas horas se olvidaba a pesar de vivir ahí. La realidad de la televisión no se reflejaba en su día a día. “Tú estás bien, tu familia está segura y crees que eso no te va a pasar. Te enteras que mataron a otro y a otro y a otro, pero sigue siendo aislado. Yo vivía en una zona de confort”, dice Silva junto a una jarra grande del café que hizo por la mañana. Esto cambió el día que se enteró por el periódico que su hijo menor había sido asesinado.

Los asesinos en la Baixada pueden ser traficantes, milicias, policías, g...
Los asesinos en la Baixada pueden ser traficantes, milicias, policías, grupos de exterminio, ladrones o algún conocido.

La tarde del 31 de marzo de 2005, Rafael, de 17 años, conversaba con sus amigos en el portón de casa. Uno de ellos le pidió que lo acompañara a comprar una pieza de bicicleta. Cuando caminaban por la calle, un grupo de policías les disparó indiscriminadamente. Rafael y su amigo fueron los primeros muertos de la llamada “Masacre de la Baixada Fluminense”, en la que 29 personas fueron asesinadas por la Policía Militar.

Días antes, ocho agentes del 15º Batallón de Duque de Caxias habían sido captados por una cámara abandonando un par de cuerpos degollados. Esa misma semana, más de 60 policías fueron sancionados por mala conducta. Los cinco agentes involucrados en la masacre se reunieron unas horas antes en un bar de Nova Iguacú donde expresaron su inconformidad por la severidad de las sanciones.

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De ahí salieron a matar gente. “Un policía le dijo a su hermano días después: ‘Si te sirve de consuelo, no sufrió nada. Murió al momento’. Rafael no tuvo oportunidad alguna de huir. Recibió un tiro en la columna y cayó de inmediato”, dice la madre, que lleva una camiseta con la foto de su hijo.

Adriano Díaz, fundador de Com Causa, una ONG que defiende los derechos humanos en la Baixada Fluminense, comenzó desde los 80 a denunciar la violencia relacionada con los grupos de exterminio, que controlan el territorio a través de la muerte. Durante 25 años había visto todo tipo de horror en la zona donde nació, pero la masacre era imposible de describir. Así que empezó a ayudar a las familias de las víctimas.

“En 2007, sufrí una amenaza muy grande, estaban planeando matarme o desaparecerme por trabajar en los juicios de la masacre”, cuenta Díaz. Entre 2006 y 2009, cinco policías fueron condenados por la matanza y según el Ministerio Público formaban parte de un grupo de exterminio que operaba en la región.

Después de la masacre, los homicidios disminuyeron ligeramente en la zona debido a la presión de la opinión pública, pero las matanzas continuaron. El 24 de octubre de 2010, un grupo de personas estaba en una fiesta frente a un bar cuando dos grupos de exterminio mataron a tiros a seis personas e hirieron a otras nueve.

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"Guerra velada"

En 2012, nueve personas fueron asesinadas en una cascada cerca de la favela de Chatuba por traficantes de una comunidad rival. En octubre de 2014, un grupo de hombres encapuchados fusiló a cinco adolescentes frente a un muro. Los chicos regresaban de un partido de fútbol. Los casos son recogidos por Un Brasil dentro de Brasil pide socorro, un informe que denuncia “la desatención de la vida humana en la Baixada Fluminense”.

El año pasado 11 precandidatos y concejales de la Baixada fueron ejecutados en una nueva ola de violencia política que mostraba las relaciones entre el narcotráfico, las milicias, los grupos de exterminio y la política.

"Si en la ciudad de Río de Janeiro hay una guerra no declarada, la...
"Si en la ciudad de Río de Janeiro hay una guerra no declarada, la de la Baixada Fluminense existe una guerra velada", dice Adriano Díaz, el fundador de la ONG Com Causa.

Cada vez que Adriano Díaz se encuentra con una nueva víctima, siente que su trabajo no vale la pena. Lo invaden el miedo y la impotencia.

“Tengo miedo de la reconfiguración del crimen en Río, la falta de control de la tropa, del Estado, y de estrategias para impedir el avance de los grupos criminales. Tengo más miedo como ciudadano que como militante”, dice este hombre corpulento, con más de tres décadas defendiendo víctimas en una región que él considera invisible. Si en la ciudad de Río de Janeiro hay una guerra no declarada, dice, la de la Baixada Fluminense existe una guerra velada.

Son las cinco de la mañana y Giniton Lages, el jefe de la Delegación de Homicidios, ha reunido a decenas de sus hombres en la sala principal para afinar los detalles de un operativo en contra de un grupo de milicianos. A su lado está Pinto, que motiva a la tropa: “Esto es para lo que somos policías, esto es el trabajo”.

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Las operaciones suelen ser al alba para atrapar a los delincuentes dormidos y evitar enfrentamientos, aunque la milicia, a diferencia de los traficantes, no suele disparar contra los agentes. Lo que complica este tipo de detenciones es la filtración de información: muchas de las milicias tienen integrantes que son policías en activo. “A veces los detienes y ponen cara de sorpresa, de no saber por qué”, dice Lages. En la lógica de la Baixada, piensan que forman parte del bando de la justicia.

Unas semanas antes, la policía seguía la pista de un grupo de milicianos que se hacían llamar “Cazadores de Queimados (un municipio de la Baixada)”. Cuando sintieron la presión policial sobre ellos, postearon en Facebook: “Teniendo en cuenta las represalias que estamos sufriendo, estamos preservando nuestra libertad, los trabajos están disminuyendo, incluso tendremos que parar […] ¡Qué Dios tenga misericordia de nosotros!!!”.

En noviembre de 2015 dos hombres encapuchados mataron a tiros a un padre y un hijo en el portón de su casa. Eran las cinco de la tarde. En el vídeo, captado por la cámara de seguridad de la casa, se ve a varios transeúntes que escapan a ver a los dos asesinos, que portan fusiles y armas cortas.

Tienen la cautela de taparse el rostro, pero uno de ellos calza unos tenis Adidas naranja fluorescente, lleva un reloj de lujo y un adhesivo de una calavera, un distintivo típico de los policías militares. Un año después los agentes de homicidio detuvieron a Leonardo do Nascimiento, un policía militar, y a su hermano Paulo, como autores del homicidio.

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La impunidad, el principal fenómeno que una División de Homicidios debe combatir, en la Baixada quizás también es la única ventaja para los investigadores: en un ambiente de violencia continua, normalizada, los delincuentes se sienten libres de actuar y a veces cometen despistes como identificarse delante de una cámara.

En el operativo de la mañana, sólo pudieron capturar a uno de los tres acusados contra los que tenían orden de aprehensión. En la casa, no había fusiles y pistolas, pero sí chalecos antibalas y dos cuchillos estilo Rambo.

Giniton Lages comanda la Delegación desde su apertura en 2014. Como en otras facetas, la creación de un área de homicidios llegó a la Baixada en último lugar, después de la capital y Niteroi, en el área metropolitana.

Bajo su mando están 180 hombres para cubrir las 13 ciudades de la región, algunas a más de dos horas de distancia de su despacho. Lages es de Sao Paulo. Los paulistas tienen fama de ordenados y trabajadores, al contrario que los cariocas, que cargan el estereotipo de que les gusta poco trabajar.

Él bromea con sus agentes: “Tuve que venir aquí a trabajar para arreglar lo que no hacen los cariocas”. En su escritorio tiene un taco con hojas cortadas en cuadraditos donde anota sus pendientes. El primer día que nos vimos nos enseñó las estadísticas de muertos de estos tres años. “Yo no tengo un día sin muertos, ni con un muerto. Siempre tengo varios”, decía. “ En el poder no existe vacío. Si el estado no ocupa el espacio, alguien lo va a ocupar. Sea las facciones o la milicia”.

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El año pasado, hubo un mes en el que pensaban que la cifra de asesinatos iba a bajar por primera vez de tres cifras, pero el último día hubo varios muertos y se quedó en 100. Los peores meses, rondan los 200.

Mira también:

En video: El arresto de Luiz Carlos da Rocha uno de los narcotraficantes más buscado de América Latina Univision
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