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Acorralados por Trump: la fe de una indocumentada para salvar el taller familiar sola y con un grillete en el tobillo

Acorralados por Trump: la fe de una indocumentada para salvar el taller familiar sola y con un grillete en el tobillo

Maty Muy, una inmigrante guatemalteca, fue en marzo pasado a renovar un permiso de trabajo a una oficina de ICE y acabó viviendo una pesadilla: a ella le pusieron un grillete y a su esposo lo detuvieron. Ahora, cambia llantas en el taller familiar y lucha para que ambos puedan permanecer en EEUU, donde nació su hijo. Su caso es una muestra del drama que viven algunas familias con el cambio de prioridades de deportación.

Con su marido detenido, esta indocumentada se ocupa del taller familiar con un grillete en el tobillo Univision

JUPITER, Florida.- La historia de Víctor Chávez y Matías 'Maty' Muy, un matrimonio de inmigrantes de Florida, podría representar a la perfección el sueño americano. Un hombre que, siendo solo un adolescente, huye de la violencia de la guerra de Guatemala; una mujer que, años más tarde, cruza México y llega a EEUU en busca de mejores oportunidades; ambos se conocen, se enamoran, construyen una familia, montan un negocio —un taller de llantas—, y viven en una casa de dos habitaciones con su perro, sus árboles frutales en el jardín y su mayor tesoro: Jimmy, su único hijo de 13 años que destaca en sus clases de ciencias en la escuela y toca el violín.

Todo sería perfecto si no fuera porque los Chávez-Muy nunca pudieron legalizar su situación migratoria y el pasado 8 de marzo lo que debía ser una cita rutinaria con Inmigración para renovar un permiso de trabajo se convirtió en una pesadilla que puso a temblar todo lo que han construido en las últimas décadas.

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"Cuando fuimos a renovar mi permiso me dijeron que tenía que llevar a mi esposo y mi hijo", cuenta Maty entre lágrimas recordando el día en el que hace más de cuatro meses fueron a la oficina del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). "Ese día fue cuando a él lo detuvieron porque dijeron que querían ver una identificación y dio su permiso de trabajo. El oficial lo vio y se empezó a reír y le dijo: 'Esto no vale nada' y lo tiró y dijo que nosotros teníamos que irnos a nuestro país".

La mujer lamenta que los oficiales no tuvieran en cuenta sus permisos de trabajo que les otorgaron bajo el gobierno de Barack Obama, ni que su esposo lleve 24 años en el país y ella 15, ni que tengan un hijo estadounidense de 13 años. Pero principalmente le molesta el trato que asegura le dieron en la oficina: " A mí me dijeron que parecíamos pescados, que nosotros solos nos íbamos a entregar, mordíamos el anzuelo como los pescados. Que ellos no tenían necesidad de ir a buscarnos porque nosotros teníamos que ir a ese lugar por fuerza y ley para conseguir la firma que necesitábamos y allí era donde ellos nos agarraban", asegura.

Desde ese día, su esposo Victor está encerrado en el centro de detención de Broward, al norte de Miami, mientras que a ella le pusieron un grillete electrónico que monitorea todos sus movimientos. Los dos tienen órdenes de deportación antiguas que no fueron ejecutadas y ahora luchan para que no los devuelvan a su país.

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Nuevas prioridades de deportación

El drama de esta familia se ha repetido en los últimos meses con la ampliación de las prioridades de deportación impuesto por la administración de Donald Trump, que incluye a quienes tenían órdenes de deportación emitidas hace años. Eso hace que familias establecidas en EEUU que van voluntariamente a reportarse con las autoridades acaben siendo detenidas y sujetas a su expulsión.

Desde el 8 de marzo, Víctor Chávez está en el centro de detención de Bro...
Desde el 8 de marzo, Víctor Chávez está en el centro de detención de Broward. Su esposa, Maty, y su hijo, Jimmy, lo van a visitar cada domingo a las 8 de la mañana.

Maty asegura que ella y su esposo se preocuparon cuando les informaron que frenarían los paros de deportación. "Habían dicho también que las deportaciones las iban a hacer a delincuentes, a gente mala, gente con un récord criminal", afirma, pero "mi esposo está ahí y él no es un delincuente: él no tiene un récord criminal. El delito de él ha sido trabajar, venir a este país de pequeño y, muchas veces por la ignorancia, nosotros sufrimos porque no estamos informados, no sabemos", lamenta.

En el caso de Maty, tiene una orden de deportación que fue emitida en ausencia en 2006. Por su parte, Víctor Chávez suma dos: una orden de deportación final que fue emitida en ausencia por un juez de Ohio en 1996 y otra, de 2006, en la que, según ICE, usó "identificación falsa" bajo el nombre de Israel González.

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"Como aseguró el secretario (de seguridad nacional John) Kelly, ICE ya no va a hacer excepciones con las clases o categorías de extranjeros deportables en función a una potencial ejecución de la ley. Todos los que violen las normas de migración están sujetos a detención y, si se les encuentra una orden de deportación final, sacados de EEUU", dijo la agencia en un comunicado a Univision Noticias.

En el momento que la administración Trump quitó esas excepciones que había puesto Obama, las autoridades migratorias comienzan a aplicar órdenes de deportación que ya existían, explica el abogado Ezequiel Hernández. Por eso, los permisos de trabajo que otorgaron a familias como los Chávez-Muy no están siendo renovados.

Bajo la administración de Barack Obama, Víctor y Maty pudieron solicitaron el 'stay of removal', un amparo para detener las órdenes de deportación, con el que pudieron conseguir permisos de trabajo y establecer su negocio.

La abogada de inmigración Jill Hansen, que forma parte de la dirección del centro comunitario El Sol de Júpiter, explica que en esos casos había unas guías muy específicas para solicitar la excepción. "Si habías estado más de cinco años en EEUU, si tenías hijos o familiares nacidos en EEUU y si no tenías registro criminal te podían interrumpir la orden de deportación", explica. En esos casos, "tenías que ir cada año y en el pasado funcionaba de forma bastante automática: miraban si no tenías ningún delito y firmaban y te decían: 'Vuelve el año que viene'", le explica Hansen a Univision Noticias.

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Al frente del negocio

Pero esta vez, la cita con ICE fue bien diferente y Maty salió de la oficina con un grillete electrónico y llorando desesperadamente. Su hijo, Jimmy, esperaba fuera del edificio: " Todo el camino cuando íbamos a registrarla por su grillete, mi mamá lloraba y lloraba", recuerda el niño. "Después fuimos a la casa y mis tíos se quedaron un rato tratando de calmarla, pero dentro de todo eso yo me recordaba que mi papá me decía: 'Portate bien. Cualquier cosa, hácele caso a tu mamá'".

En fotos: Con su marido detenido por ICE, esta inmigrante se ha puesto al frente del taller de llantas familiar

Aquella noche Maty asegura que durmió a duras penas una ó dos horas. Pero a la mañana siguiente se despertó decidida a tomar las riendas del negocio familiar y empezar a luchar para permanecer en el país.

"Yo me dije: 'Mi esposo no va a estar pero yo tengo que estar porque tengo que ir a abrir el taller, tengo que hacerme cuenta que él va a regresar. Yo tengo esa responsabilidad de sacar adelante a mi hijo primero y todo lo que se refiere al área económica. Y tengo que luchar", recuerda. Y, apelando a su firme fe cristiana, le pidió a Dios que no faltaran clientes en el negocio.

Desde ese día, esta mujer de 42 años que no supera los 5 pies de altura (1.5 metros) decidió remangarse la camisa y pasó de atender el teléfono y la oficina, gestionar los pedidos y limpiar el negocio a hacer todo lo necesario: subir carros con el gato, desmontar las llantas y reemplazarlas, negociar con los clientes...

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La ausencia de su marido también ha afectado en el aspecto económico a la familia. Como mecánico, Víctor hacía algunos trabajos adicionales en el taller que, independientemente de cómo fuera la venta de llantas, aseguraba beneficios al negocio. Eso ha hecho que, de los dos trabajadores contratados que tenían, Maty haya tenido que prescindir de uno. Pero en el taller nunca faltan las visitas de familiares y amigos que, conocedores de la situación, están dispuestos a echar una mano.

La lucha legal

Maty también cuenta siempre con el apoyo de Jimmy, que confiesa que desde el día que detuvieron a su padre entendió la responsabilidad que eso significaba para él: " Sentía mucho pesar de que mi papá no estuviera aquí y empecé a darme cuenta de que si él no está aquí tengo que yo hacer lo que él tiene que hacer. Tengo que ser yo el hombre de la casa, pero ha sido duro", confiesa el niño. "Usted me puede mirar aquí pero estoy destrozado adentro".

Jimmy es un buen estudiante que destaca principalmente en las materias d...
Jimmy es un buen estudiante que destaca principalmente en las materias de ciencias. El próximo curso debe empezar octavo grado y sueña con ser ingeniero biomédico. En la imagen, ensaya con su violín en la oficina del taller de sus papás.

Ahora que está de vacaciones del colegio, va cada día al taller a ayudar con las llamadas y la atención de los clientes. También acompaña a su mamá a la iglesia varias veces a la semana. Y ambos visitan cada domingo a su padre en el centro de detención de Broward, el mejor momento de la semana para el niño, aunque levantarse a las 6 de la mañana sea una especie de suplicio para alguien a quien le gusta dormir como él.

Jimmy también se ha puesto al frente de varias iniciativas para luchar contra la deportación de sus padres como una petición online que crearon para evitar la separación de su familia que no dudó en enviar personalmente a los senadores de Florida Bill Nelson y Marco Rubio y a otros representantes locales.

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La petición ya supera las 1,200 firmas para solicitar a las autoridades que no deporten a los papás de Jimmy. "Vi que hasta los niños más malos de la escuela que siempre andan haciendo problemas pusieron que yo estudié con ellos y que es es algo que deberían hacer porque quieren que yo esté aquí", afirma.

Mientras tanto, el abogado de Víctor, Héctor Díaz, está tratando de reabrir el caso de migración más antiguo, la orden de deportación en ausencia que le puso un juez de Ohio en 1996, alegando que entonces era solo un adolescente de 16 años que no hablaba inglés ni español, solo maya quiché, y que nunca se enteró de su proceso de migración porque no recibió la notificación del gobierno de su cita en la corte.

De conseguirlo, tratará de transferir también la segunda orden de deportación al Centro Transicional de Broward, donde se encuentra detenido. Pero reconoce que es un caso difícil ya que Chávez nunca apeló las decisiones de esos jueces. Y, con una orden de deportación desde hace más de dos décadas, los 24 años que ha estado en el país no suman en su expediente. "Ni el trabajo, ni el negocio, ni su aporte en la comunidad cuentan en términos legales", explica el abogado.

Futuro incierto

Como muchos inmigrantes, cuando llegaron al país huyendo de la guerra y la falta de oportunidades económicas, Chávez y Muy no tuvieron asesoría legal y aseguran que, por falta de información y recursos, nunca entendieron sus casos con Inmigración hasta que hace unos años, con su vida establecida en Júpiter, fueron a consultar con abogados preocupados por el futuro de Jimmy.

Maty va a la iglesia tres ó cuatro veces a la semana.
Maty va a la iglesia tres ó cuatro veces a la semana.

Así es como consiguieron sus permisos de trabajo. Con el negocio en marcha, los Chávez-Muy se convirtieron en una familia querida por la comunidad. "Víctor es un hombre de familia, involucrado en su comunidad", afirma Constance Holmes, con quien, hasta que fue detenido, Chávez dirigía un equipo de fútbol que ofrecía alternativas a los niños de bajos recursos de la comunidad. "No creo que él entre en el perfil de personas que nuestro presidente busca deportar", apunta.

Como ella, muchos de los clientes que llegan al taller de la familia se sorprenden al no ver a Víctor y saber que la pareja está en peligro de deportación. Y aunque la fe hace creer a la familia que todo va a salir bien, la posibilidad de regresar a Guatemala es algo que hablan abiertamente.

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"Yo pienso que yo todavía no estoy preparada si a mí me dicen que a él lo van a deportar porque con el alma quisiera que los tres estuviéramos juntos e ir adelante con el pequeño negocio que tenemos", apunta Maty. Pero en su mente no cabe la idea de la separación, por lo que, afirma, si expulsan a uno del país, se irán todos. "Tendríamos que irnos todos para estar juntos y con mucho dolor para Jimmy que siempre dice que no quiere irse porque él quiere estudiar en la universidad de aquí", añade.

El pequeño, que está a punto de entrar en octavo grado, sueña con ser ingeniero biomédico y cree que tendrá mayores oportunidades si se queda en EEUU. "Nos gustaría que él se prepare para que no sufra lo que nosotros sufrimos, que el futuro de él sea mejor para ver un día a un hombre realizado".

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