Cristina Vargas salió a comer con su hija como cualquier otro día. Lo que ocurrió minutos después cambió para siempre la vida de ambas.
“Sí se puede”: así se recupera la mujer de 82 años que perdió ambas piernas tras ser atropellada en Los Ángeles
Cristina Vargas enfrenta un nuevo capítulo de su vida meses después del accidente que le cambió la movilidad; su hija Gabriela se ha convertido en su principal apoyo durante la recuperación
El pasado 7 de julio, Cristina, de 82 años, estaba sentada junto a su hija Gabriela en las mesas exteriores de Los Cinco Puntos, un restaurante de comida mexicana en Boyle Heights, Los Ángeles, cuando un automóvil se subió a la acera y terminó estrellándose contra el área donde se encontraban los clientes.
El impacto dejó a Cristina atrapada debajo del vehículo y provocó lesiones que llevaron a la amputación de ambas piernas.
Meses después, su hija sigue acompañándola todos los días mientras Cristina intenta adaptarse a una vida que nunca imaginó tener que reconstruir.
“Eres mi mejor amiga. Te voy a conseguir un carrito eléctrico genial; vas a ir a toda velocidad y sentirás el viento en el cabello”, le dice Gabriela para animarla.
El caso fue reportado por CBS, que habló con la familia sobre el largo proceso de recuperación.
Gabriela recuerda que todo ocurrió en cuestión de segundos.
Las dos estaban disfrutando de un almuerzo cuando vio los faros de un vehículo acercándose directamente hacia ellas.
“De repente, recuerdo ver los faros y un auto viniendo hacia nosotras; terminó atrapando a mi mamá debajo del vehículo”, relató.
Los investigadores sospechan que el conductor estaba bajo los efectos de alguna sustancia, aunque la investigación continúa.
Gabriela también resultó herida. Necesitó grapas en la cabeza para cerrar una herida y todavía enfrenta problemas de movilidad debido a una lesión en una de sus piernas.
“Tenemos días buenos y días malos. No tengo movilidad completa; por ejemplo, no puedo arrodillarme sobre esa pierna”, explicó.
Pero las lesiones de su madre cambiaron por completo la dinámica familiar.
Cristina, quien antes disfrutaba ir a la iglesia, bailar, jugar bingo y reunirse con sus seres queridos, ahora tiene que aprender nuevamente a realizar actividades cotidianas.
Y hay algo que, para Gabriela, resulta especialmente difícil: verla lidiar con el dolor y con la incertidumbre sobre cómo será el resto de su vida.
“Lo más traumático y triste para mí es que, aunque entiendo que el accidente ocurrió, ella perdió las piernas; a veces me parte el corazón pensar en cómo cambiará su vida de ahora en adelante”, contó.
El dolor que permanece incluso después de la amputaciónMeses después del accidente, Cristina todavía enfrenta dolor y las consecuencias emocionales de lo ocurrido.
Para Gabriela, sin embargo, hay una diferencia fundamental: su madre sobrevivió.
“Mientras no pierda el ánimo, yo estoy tranquila y puedo seguir adelante, porque ella está viva”, dijo.
La familia también ha encontrado apoyo en los mensajes de personas que conocen su historia y les han enviado oraciones y buenos deseos.
Esos gestos, dice Gabriela, le permiten encontrar fuerzas para seguir acompañando a su madre.
Cristina, por su parte, continúa aferrándose a su fe.
Su vida cambió de manera abrupta aquella tarde de julio, pero su mensaje para otras personas que atraviesan situaciones que parecen imposibles es breve.
“Sí se puede”.
Para Gabriela, cada día de recuperación significa aprender algo nuevo junto a su madre.
Y aunque el accidente le quitó a Cristina una parte de la vida que conocía, su hija insiste en recordarle que todavía queda mucho por vivir.

