Un puertorriqueño regresaba a casa con sus compras cuando terminó tendido en la calle tras ser atropellado en una intersección de West Allis, Wisconsin. Durante varios minutos, mientras llegaban los paramédicos, una mujer permaneció a su lado sin apartarse. Dos semanas después, el viernes 27 de marzo, ambos se reencontraron. Hasta entonces, él solo la recordaba como “la señora de ojos azules”.
“No podía dejarte”: puertorriqueño atropellado se reencuentra con la mujer que se quedó a salvarlo
Nelson Rivera fue atropellado y recuerda que, entre la confusión, solo veía unos ojos azules que no lo abandonaban. Era Sarah Foley. “No podía dejarte”, explica ella sobre por qué se quedó junto a él hasta que llegaron los paramédicos. Días después, se reencontraron. “Eso significó muchísimo para mí”, dijo Rivera.
Nelson Rivera, de 61 años, caminaba por la avenida W. National poco después de las 8:30 de la noche. Intentaba cruzar la calle S. 70th cuando, según la policía de West Allis, un conductor que giraba hacia el norte lo atropelló. “Cuando iba a poner mi pie derecho en la acera, algo me agarró de allí”, relató Rivera días después a WDJT vía CNN Newsource.
El impacto lo dejó con heridas que requirieron suturas en la rodilla izquierda. Desde entonces se desplaza en una silla de ruedas manual. Pero lo que recuerda con mayor claridad no es el momento del choque, sino lo que ocurrió después.
“Lo único que veía eran ojos. Que me miraban fijamente”, dijo Rivera. Durante días, esa fue la única imagen que conservó de quien lo asistió mientras permanecía en el suelo. La llamó “la dama de ojos azules”.
La mujer era Sarah Foley. Ella también buscó a la víctima tras el accidente. “Ayudé a un desconocido que fue atropellado por un coche”, explicó.
Cuando él logró contactarla, hubo una confusión que ambos terminaron recordando con humor. “Cuando me envió un mensaje diciendo que lo había llamado ‘ojos azules’, pensé: ‘No tengo ojos azules’”, contó Foley. “Y entonces me acordé de los ojos de gato. Mis gafas son azules”.
El recuerdo de Rivera coincide con ese detalle. “Sí, sí, sí. Dije esos ojos azules, ¿de dónde vienen?”, dijo en el encuentro. Luego, al verla sin las gafas, agregó: “Sus ojos azules… ya no son azules”.
Así fue el reencuentro
El día del accidente, Foley no se limitó a llamar a emergencias. Se quedó. “No podía dejarte”, le dijo a Rivera durante el reencuentro.
Según su relato, él mismo se lo pidió. “Nelson extendió la mano, me agarró la mía y me dijo: ‘No me dejes, no me dejes’. Y yo le dije: ‘De acuerdo’”.
Rivera recuerda ese momento desde otra sensación. “Recuerdo que alguien estaba allí para ayudarme”, dijo. “Solo recuerdo que me sentí seguro”.
La policía confirmó que el conductor, un hombre de 22 años, permaneció en el lugar. No presentaba signos de estar bajo los efectos del alcohol o drogas y recibió una multa por no ceder el paso a un peatón. No se reportaron cargos adicionales.
Mientras Rivera iniciaba su recuperación, Foley siguió pensando en lo que había visto esa noche. Las bolsas de mercado estaban esparcidas en la calle. Por eso decidió actuar de nuevo. Durante dos semanas recaudó dinero para ayudarlo.
El viernes 27 de marzo, cuando finalmente se encontraron frente a la vivienda de Rivera, ella llegó con una tarjeta de regalo de 300 dólares para una tienda de comestibles. “Intenté encontrar el supermercado más cercano a ti, y pensé: ‘Apuesto a que es ese’”, le dijo. Rivera respondió de inmediato: “Ese es al que voy”.
También notó otro detalle: el carrito que Rivera usaba para transportar sus compras había quedado dañado en el accidente. “Iba a decirte que te conseguí uno nuevo, plegable, de color rojo”, le anunció. “Oh, vaya”, respondió él.
Rivera contó que no cuenta con una red de apoyo amplia. Nació en Puerto Rico y se trasladó a Milwaukee en 1974, cuando era niño. Dijo que estuvo sin hogar hasta el otoño pasado y que depende de un cuidador personal.
“Eso significó muchísimo para mí"
Eso explica la reacción que tuvo durante el reencuentro. “Eso significó muchísimo para mí. No tengo gente así en mi vida”, afirmó. Recordó a su madre, fallecida hace una década, para describir lo que sintió aquella noche. “Aparte de su presencia, ya sabes cómo son las madres; nunca te abandonan. Eso es lo que ella me recordaba”.
Foley, por su parte, también se reconoció en ese rol. Dijo que suele ser vista como una figura maternal entre sus amistades. Creció en Ladysmith, en la región norte de Wisconsin, y años después se trasladó a Milwaukee.
“Rivera caminaba por National Street, intentando cruzar la calle Setenta, cuando el conductor lo atropelló. Dice que recuerda muy poco de lo que sucedió justo después del accidente, pero los recuerdos que conserva son muy vívidos”.
Esos recuerdos están concentrados en un gesto: una mano que no se soltó mientras esperaba ayuda. “Lo tenía bien sujeto”, dijo Foley. Rivera asintió: “Lo recuerdo”.
Antes de despedirse tras el reencuentro, intercambiaron números de teléfono. Foley le dijo que se comunicaría para entregarle el carrito prometido.
“La gente se une de maneras muy extrañas”, dijo ella. "Esa es la mejor manera en que puedo describirlo. Simplemente acércate a tu comunidad y forma parte de ella", concluye.









