El "efecto Sharpie": Trump detiene la agenda de seguridad nacional para dar una lección sobre su plumón favorito

En el Ala Oeste, el peso de la geopolítica suele medirse en informes de inteligencia y movimientos de tropas. Sin embargo, la semana pasada ocurrió algo un poco inusual. La métrica del éxito presidencial se redujo a algo mucho más cotidiano.

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El presidente Donald Trump interrumpió una de las sesiones más críticas de su gabinete —donde se abordaban temas que iban desde la inminencia de un conflicto con Irán hasta la volatilidad de Wall Street— para ofrecer una disertación de cinco minutos sobre su herramienta de escritura predilecta: el plumón negro marca Sharpie.

La reunión comenzó con una atmósfera extremadamente tensa. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, junto al vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, habían pintado un panorama sombrío. Sobre la mesa estaban los recientes ataques con misiles, el enriquecimiento de uranio por parte de Teherán y la vulnerabilidad de las tropas estadounidenses desplegadas en puntos calientes del globo. Pero justo cuando la discusión alcanzaba su punto álgido, el mandatario levantó un Sharpie negro con detalles en oro.

¿Ven esta pluma?, preguntó Trump, dando inicio a lo que los presentes describieron como una intervención surrealista. Esta pluma es un ejemplo interesante.
Donald trump, presidente de los Estados Unidos


Lo que siguió fue una "historia de negocios" de cinco minutos que dejó en pausa las soluciones para las largas filas en los aeropuertos y el alza en los precios del petróleo. Para Trump, el marcador no es solo un útil de oficina; es el símbolo de su lucha contra el gasto federal que él llama “absurdo".

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De plumas de 1.000 dólares a marcadores de 5

El relato de Trump se centró en la ineficiencia que, según él, heredó en la Casa Blanca. Aseguró que anteriormente se utilizaban bolígrafos "hermosos" que costaban 1.000 dólares la unidad. El problema, explicó el mandatario con un tono de indignación empresarial, surgía en las ceremonias de firma de leyes. En estos actos, es tradición regalar la pluma utilizada a los legisladores y simpatizantes presentes. “A veces tienes 30, 40 personas. Incluso hay niños que ni siquiera conocen el valor del obsequio”, se lamentó Trump. A pesar de su historial de gusto por lo opulento —como la construcción de su salón de fiestas de 400 millones de dólares en la Casa Blanca—, Trump insistió en que ver ese gasto le producía un conflicto interno. “Me siento culpable por naturaleza. Económicamente, amo al gobierno como me amo a mí mismo. “Quiero ahorrar dinero”, declaró ante un gabinete que le escuchaba atento y con sorpresa.

La negociación con Sharpie

Trump relató cómo contactó personalmente con el fabricante de estos marcadores. Aunque inicialmente intentó evitar dar publicidad a la marca, no tardó en revelar que se trataba de Sharpie, la firma que ha usado durante décadas para subrayar periódicos y firmar autógrafos. El presidente relató cómo realizó la negociación. Explicó que primero llamó a la empresa (Newell Brands). El director, supuestamente incrédulo de que el presidente de los Estados Unidos estuviera al teléfono, atendió la petición. La empresa ofreció fabricar los plumones con el logo de la Casa Blanca gratis. Sin embargo, Trump, en un gesto de lo que llamó "justicia comercial", insistió en pagar 5 dólares por marcador.

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"Sharpiegate" y la reacción corporativa

No es la primera vez que este marcador genera controversia. En su primer mandato, el episodio conocido como "Sharpiegate" —donde se utilizó un marcador para alterar un mapa meteorológico del huracán Dorian— ya había puesto a la marca en el centro de la tormenta política. En esta ocasión, Newell Brands, con sede en Atlanta, se distanció sutilmente del relato presidencial. En un comunicado, la empresa indicó que no tenía registros de la conversación específica descrita por Trump, aunque subrayó que sus productos son los preferidos por una vasta gama de celebridades, atletas y figuras políticas de todos los sectores.

"Es difícil hablar después de usted"

Al terminar su anécdota, Trump se mostró visiblemente satisfecho con su narrativa, calificándola como una lección de cómo ordenar prioridades. Acto seguido, cedió la palabra al secretario del Tesoro, Scott Bessent, con un irónico “Buena suerte, Scott”.

Bessent, provocando las risas del resto del gabinete, respondió: “Bueno, señor, como siempre, es difícil hablar después de usted”.


Con información de AP