ORLANDO, Florida.- Cada mañana, antes de salir de su habitación, Gilberto Pérez se detiene frente a un espejo lleno de notas escritas a mano. Ahí no hay frases motivacionales ni recordatorios personales. Todo gira alrededor de una sola persona: su hijo Elías.
“Su sonrisa me echa hacia adelante”: Padre soltero renuncia a todo por cuidar a su hijo con discapacidad
Gilberto Pérez emigró a Florida buscando mejores cuidados médicos para su hijo Elías y desde hace 17 años dedica cada día de su vida a atenderlo
Las citas médicas están anotadas cuidadosamente con fecha y hora. Más abajo, un calendario registra cuántas veces el joven ha ido al baño. En otra esquina aparecen los medicamentos que necesita para mantenerse estable.
“Las citas médicas de mi hijo… todo eso se anota aquí para que no se me olvide”, explica Gilberto mientras señala las notas pegadas en el espejo de su casa en Florida Central.
Desde hace 17 años, su vida cambió por completo.
Elías nació prematuro y pasó siete meses hospitalizado. Una lesión cerebral le impidió mover las extremidades y hablar. Necesita ventilador, oxígeno y alimentación asistida para sobrevivir. Pero, según su padre, nunca ha dejado de sonreír.
Y esa sonrisa es precisamente lo que mantiene de pie a Gilberto.
“La risa de él cada día que se levanta… eso me echa hacia adelante”, dice.
Hace nueve años, el padre puertorriqueño tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar su tierra y mudarse a Florida buscando mejores tratamientos médicos para su hijo.
Renunció a sus metas profesionales y comenzó a trabajar desde casa para poder cuidarlo las 24 horas del día como padre soltero.
Inicialmente vivieron en una casa móvil por razones económicas. Con el tiempo lograron establecerse en una vivienda más adecuada, aunque los desafíos diarios continúan siendo enormes.
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Cada salida de casa implica una operación compleja
Primero debe instalar cuidadosamente en el vehículo todos los equipos médicos que mantienen con vida a Elías. Después lo carga en brazos y verifica que el ventilador permanezca conectado en todo momento.
“Siempre vigilando que no se desconecte de la máquina”, comenta mientras acomoda el equipo de oxígeno.
Al llegar a su destino, el proceso vuelve a comenzar. Bajar del automóvil, mover la silla de ruedas y reinstalar los aparatos requiere fuerza física, paciencia y mucha dedicación.
Aun así, Gilberto insiste en sacar a pasear a su hijo siempre que puede.
“Salimos de la rutina de casa”, cuenta con una sonrisa mientras recorre lentamente un parque junto a Elías.
Quienes los conocen aseguran que el vínculo entre ambos es imposible de ignorar.
“Él le habla, le canta, lo cuida… y el hijo sonríe cuando está con él”, relata uno de sus amigos cercanos, quien también lo acompaña en algunas citas médicas y actividades.
Sin embargo, uno de los mayores obstáculos sigue siendo el transporte.
Actualmente, Gilberto necesita cargar manualmente la silla de ruedas y los equipos médicos porque no cuenta con un vehículo adaptado. Su esperanza es conseguir una camioneta con rampa especial para personas con discapacidad. El costo estimado supera los $26,000 dólares.
Mientras espera ayuda económica, financiamiento o la solidaridad de algún buen samaritano, Gilberto continúa aferrado a la fe.
“Es un regalo del Señor”, dice sobre su hijo. “Niños especiales para padres especiales. Él sabe a quién darle cada cosa”.
Y aunque el cansancio se acumula después de cada jornada, Gilberto asegura que seguirá adelante mientras vea a Elías sonreír.








