Durante décadas, los casos de madres que matan a sus hijos han obligado a Estados Unidos a confrontar una pregunta difícil: ¿qué ocurre cuando un crimen sucede en medio de una enfermedad mental grave?
De Andrea Yates a Lindsay Clancy: la historia de dos madres enfermeras que mataron a sus hijos y enfrentaron la justicia
Dos casos separados por más de dos décadas reabren el debate sobre las enfermedades psiquiátricas graves después del parto y sus implicaciones ante la justicia en Estados Unidos.
El caso de Lindsay Clancy volvió a colocar esa discusión en el centro de la atención nacional. La exenfermera de Massachusetts fue acusada de matar a sus tres hijos en enero de 2023 y durante su juicio su defensa sostuvo que padecía una grave psicosis posparto que afectó su capacidad para comprender y controlar sus actos.
El proceso terminó el 4 de septiembre de 2026 sin un veredicto. Después de siete días de deliberaciones, el jurado no consiguió alcanzar la unanimidad y el juez William Sullivan declaró un mistrial, por lo que Clancy no fue absuelta y los cargos continúan vigentes.
El desenlace recordó otro de los casos más conocidos de la justicia estadounidense: el de Andrea Yates, una enfermera de Texas que en 2001 mató a sus cinco hijos y cuyo proceso terminó, después de dos juicios, con un veredicto de no culpabilidad por razón de insanity.
Aunque ocurrieron con más de dos décadas de diferencia y existen importantes diferencias entre ambos expedientes, las historias de Clancy y Yates tienen un punto de encuentro: en los dos casos, la salud mental de las madres se convirtió en un elemento central para entender lo ocurrido y para determinar si podían ser consideradas penalmente responsables.
Lindsay Clancy: una madre que buscó ayuda antes de matar a sus tres hijos
Lindsay Clancy tenía 32 años cuando ocurrieron los asesinatos. Era madre de tres hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de apenas 8 meses.
Antes de los hechos, Clancy había trabajado durante años como enfermera de parto y alumbramiento. Tras el nacimiento de su tercer hijo, familiares y médicos describieron un deterioro importante de su estado mental: tenía problemas para dormir, ansiedad, depresión y pensamientos relacionados con hacerse daño y con lastimar a sus hijos.
Su entonces esposo, Patrick Clancy, declaró durante el juicio que aproximadamente un mes antes de las muertes ella comenzó a hablar de pensamientos intrusivos relacionados con hacerles daño a los niños y con suicidarse. Según su testimonio, esos pensamientos coexistían con momentos en los que Lindsay parecía desenvolverse con normalidad y cuidaba de sus hijos.
La familia buscó ayuda médica. Clancy recibió tratamiento psiquiátrico, tomó distintos medicamentos y llegó a ser internada en un hospital especializado en salud mental. Fue dada de alta apenas 19 días antes de la tragedia.
El 24 de enero de 2023, mientras su esposo salió de la casa para recoger comida y acudir a una farmacia, Clancy estranguló a los tres niños con bandas de ejercicio en el sótano de la vivienda familiar en Duxbury, Massachusetts.
Después saltó desde una ventana del segundo piso en un intento de suicidio. La caída le provocó lesiones que la dejaron paralizada de la cintura para abajo.
La defensa nunca negó que Clancy hubiera causado la muerte de sus hijos. El punto central del juicio fue otro: si en ese momento sufría una enfermedad mental que le impedía comprender la naturaleza o la gravedad de sus actos o actuar conforme a la ley.
Sus abogados sostuvieron que padecía psicosis posparto y un trastorno bipolar, y que su deterioro psiquiátrico había sido agravado por el tratamiento que recibió. La fiscalía, en cambio, argumentó que los actos de Clancy demostraban que había tomado decisiones conscientes y que debía ser considerada penalmente responsable.
El jurado finalmente quedó dividido. Once de sus 12 integrantes se inclinaban por una resolución favorable a Clancy, pero uno de ellos no aceptó declarar que no era penalmente responsable. Al no existir unanimidad, el juicio terminó en un mistrial. La fiscalía todavía debe decidir si buscará un nuevo juicio.
Andrea Yates: el caso que convirtió la psicosis posparto en un tema nacional
Veinticinco años antes de la tragedia de Clancy, Andrea Yates protagonizó uno de los casos criminales más conocidos de Estados Unidos relacionados con la salud mental materna.
Yates había estudiado enfermería y trabajó como enfermera registrada en el M.D. Anderson Cancer Center de Houston entre 1986 y 1994. Para cuando ocurrieron los asesinatos, sin embargo, se había convertido en madre de cinco hijos y ya no trabajaba como enfermera.
El 20 de junio de 2001, Yates ahogó a sus cinco hijos en la bañera de su casa en el área de Houston. Noah tenía 7 años; John, 5; Paul, 3; Luke, 2; y Mary, 6 meses.
Su historial psiquiátrico era conocido antes de los asesinatos. Después del nacimiento de algunos de sus hijos había presentado episodios graves de enfermedad mental, incluyendo síntomas psicóticos y varios intentos de suicidio. Un análisis publicado en el American Journal of Psychiatry señaló que había sido hospitalizada en varias ocasiones y que su estado había empeorado después de sus embarazos.
La defensa sostuvo que Yates padecía una psicosis posparto severa y que se encontraba en un estado delirante cuando mató a sus hijos. De acuerdo con la evidencia presentada en el proceso, Yates creía que Satanás podía dañar a sus hijos y que al matarlos los estaba salvando de una condena eterna.
Su primer juicio terminó en 2002 con una condena por asesinato y una sentencia de cadena perpetua. Sin embargo, la condena fue posteriormente anulada después de que se determinara que el principal experto psiquiátrico de la fiscalía había ofrecido un testimonio desacreditado relacionado con un episodio de una serie de televisión.
En el segundo juicio, celebrado en 2006, el jurado declaró a Yates no culpable por razón de insanity. El resultado no significó que negara haber matado a sus hijos: la cuestión era si su enfermedad mental le permitía comprender la naturaleza o la ilicitud de sus actos en el momento de los asesinatos.
El caso se convirtió en un referente del debate sobre la atención de los trastornos psiquiátricos relacionados con el embarazo y el posparto. También expuso las dificultades que enfrentan los sistemas médico y judicial para distinguir entre una conducta criminal deliberada y los actos cometidos durante una crisis psicótica.
Qué es la psicosis posparto y por qué ambos casos volvieron a ponerla bajo la lupa
La psicosis posparto no es simplemente una forma grave de tristeza después del nacimiento de un bebé. El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) la describe como una condición muy rara y grave, caracterizada por la aparición repentina de síntomas psicóticos después del parto.
Puede incluir alucinaciones, delirios, paranoia, confusión, desorganización del pensamiento e insomnio severo. También puede presentarse junto con trastornos del estado de ánimo, incluido el trastorno bipolar. A diferencia de otros padecimientos posparto, la psicosis requiere atención psiquiátrica inmediata y con frecuencia hospitalización.
ACOG estima que ocurre aproximadamente en 1 a 3 de cada mil nacimientos. Entre los factores de riesgo se encuentran el trastorno bipolar, antecedentes de psicosis, antecedentes de psicosis posparto y la privación severa del sueño.
La organización también advierte que una persona con psicosis posparto puede tener poco conocimiento de que está enferma y que los síntomas pueden incluir delirios relacionados con el bebé, así como pensamientos de suicidio o de hacerle daño. Por ello, se considera una emergencia psiquiátrica.








