Trump revierte restricciones de consumo de leche entera en escuelas

La leche entera vuelve a los comedores escolares. El presidente Donald Trump firmó el miércoles un proyecto de ley que revoca las restricciones impuestas durante la era Obama sobre las opciones de leche con mayor contenido graso en las escuelas. La medida fue aprobada por el Congreso en otoño.

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El presidente Donald Trump firmó este miércoles una ley que revierte las restricciones para ofrecer leche entera en los comedores de las escuelas de todo el país.

"Con esta ley las escuelas finalmente podrán ampliar las opciones para ofrecer leche entera", dijo el mandatario.

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Aseguró que la nueva legislación "encaja perfectamente" en la consigna de 'comida de verdad', anunciada por el gobierno la semana pasada. "Millones de niños en edad escolar podrán acceder a leche de alta calidad", indicó el mandatario.

Trump recordó que desde la administración Obama las escuelas solo ofrecían leche total o parcialmente sin grasa o descremada.

Las bebidas no lácteas, como la leche de soya fortificada, también podrían incluirse en el menú en los próximos meses tras la aprobación de la Ley de Leche Entera para Niños Saludables, que fue aprobada por el Congreso en otoño.

La medida permite a las escuelas que participan en el Programa Nacional de Almuerzos Escolares servir leche entera y con un 2% de grasa, además de los productos descremados y bajos en grasa exigidos desde 2012.

La ley también permite a los padres solicitar un sustituto de la leche para niños con intolerancia a la lactosa. Los padres ya no deben suministrar una justificación médica para esto, lo que Trump consideró como un requisito "rídiculo".

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"Tanto si eres demócrata como republicano, la leche entera es algo fantástico", afirmó Trump en una ceremonia de firma celebrada en la Casa Blanca a la que asistieron legisladores, productores lecheros y sus hijos.

También dijo que la nueva disposición es "una victoria para los granjeros estadounidenses".

El cambio podría entrar en vigor este otoño, aunque los responsables de nutrición escolar y de la industria láctea han señalado que algunas escuelas podrían tardar más tiempo en evaluar la demanda de lácteos enteros y ajustar las cadenas de suministro.

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El regreso de la leche entera y al 2% de grasa a las comidas escolares, tan esperado por la industria láctea, revoca las disposiciones de la Ley de Niños Sanos y Sin Hambre impulsada por la exprimera dama Michelle Obama. Promulgada hace más de una docena de años, la ley tenía como objetivo frenar la obesidad y mejorar la salud reduciendo el consumo de grasas saturadas y calorías de la leche con alto contenido en grasa por parte de los niños.

Los expertos en nutrición, los legisladores y la industria láctea han argumentado que la leche entera es un alimento delicioso y nutritivo que ha sido injustamente vilipendiado, y que algunos estudios sugieren que los niños que la beben son menos propensos a desarrollar obesidad que los que beben opciones con menos grasa.

Los críticos también han dicho que a muchos niños no les gusta el sabor de la leche con menos grasa y no la beben, lo que provoca una pérdida de nutrientes y un desperdicio de alimentos.

La pirámide invertida de alimentos

La semana pasada la administración Trump anunció una nueva guía nutricional, que establece que los estadounidenses deben ingerir más alimentos integrales y proteínas, menos alimentos altamente procesados y menos azúcar añadida.

El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr, dijo al respecto que "mi mensaje es claro: come comida de verdad".

Las directrices hacen hincapié en el consumo de verduras frescas, cereales integrales y productos lácteos, recomendados desde hace tiempo como parte de una dieta saludable. Las autoridades han publicado un nuevo gráfico que muestra una versión invertida de la pirámide alimenticia, abandonada hace tiempo, con las proteínas, los lácteos, las grasas saludables y las frutas y verduras en la parte superior y los cereales integrales en la parte inferior.

La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, junto a una imagen de la pirámide alimenticia durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, el miércoles 7 de enero de 2026, en Washington.
La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, junto a una imagen de la pirámide alimenticia durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, el miércoles 7 de enero de 2026, en Washington.
Imagen Jacquelyn Martin/AP

Pero también adoptan una nueva postura con respecto a los alimentos "altamente procesados" y los carbohidratos refinados, instando a los consumidores a evitar "los alimentos envasados, preparados, listos para consumir u otros alimentos salados o dulces, como las papas fritas, las galletas y los dulces".

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Se trata de un término diferente para referirse a los alimentos ultraprocesados, productos sabrosos y ricos en energía que constituyen más de la mitad de las calorías de la dieta estadounidense y que se han relacionado con enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad.

La nueva guía se aleja de la recomendación tradicional de limitar las grasas saturadas, a pesar de las señales de Kennedy y del comisionado de Alimentos y Medicamentos, Marty Makary, de que la administración impulsaría un mayor consumo de grasas animales para poner fin a la "guerra" contra las grasas saturadas.

En cambio, el documento sugiere que los estadounidenses deberían elegir fuentes de grasas saturadas procedentes de alimentos integrales, como la carne, los lácteos enteros o los aguacates, sin dejar de limitar el consumo de grasas saturadas a no más del 10% de las calorías diarias. La guía afirma que "otras opciones pueden incluir la mantequilla o el sebo de res", a pesar de las recomendaciones anteriores de evitar esas grasas.